'Blackbird, Blackberry', la nueva película de la directora georgiana Elene Naveriani, explora con delicadeza y humor la vida de Etero, una mujer de 48 años que vive en un pequeño pueblo de Georgia. La cinta se adentra en los matices de la independencia femenina y el despertar sexual tardío en una sociedad tradicional.
Etero, interpretada magistralmente por Eka Chavleishvili, es dueña de una pequeña tienda de productos de belleza y vive sola, algo inusual en su entorno. Su rutina diaria incluye recoger moras silvestres y disfrutar de pasteles en soledad, resistiendo las miradas de lástima y los chismes de sus vecinas, que no comprenden su elección de vida.
La película comienza con un incidente que marca un punto de inflexión: Etero casi cae por un barranco mientras recoge moras, distraída por un mirlo. Este encuentro cercano con la muerte desencadena una serie de eventos que la llevan a cuestionar su existencia solitaria. Poco después, inicia una relación secreta con Murman (Temiko Chichinadze), el repartidor que abastece su tienda.
Naveriani aborda el tema del despertar sexual tardío con una mezcla de ternura y realismo. Las escenas íntimas entre Etero y Murman se filman con naturalidad, celebrando la sensualidad de los cuerpos maduros sin caer en la idealización. La directora logra transmitir la emoción y el descubrimiento que experimenta la protagonista al explorar su sexualidad por primera vez.
El guion, coescrito por Naveriani y Nikoloz Mdivani, basado en una novela de Tamta Melashvili, profundiza en la psicología de Etero. A medida que avanza su relación con Murman, se enfrenta a la disyuntiva entre mantener su preciada independencia o abrirse a una conexión emocional más profunda. Este conflicto interno se desarrolla de manera sutil y creíble, evitando caer en clichés románticos.
La película también ofrece una crítica aguda de la sociedad georgiana rural y sus expectativas sobre las mujeres. Las escenas de Etero con sus vecinas revelan la presión social para conformarse a roles tradicionales de esposa y madre. La protagonista se rebela contra estas normas con una mezcla de humor mordaz y determinación silenciosa.
Chavleishvili brinda una actuación notable como Etero. Su rostro expresivo, enmarcado por cejas definidas que le dan un aire de severidad, es capaz de transmitir una gama de emociones con sutileza. La transformación de Etero, desde una mujer aparentemente estoica hasta alguien que redescubre la alegría y el deseo, es convincente y conmovedora.
La cinematografía de Agnesh Pakozdi contribuye significativamente a la atmósfera de la película. Los paisajes rurales de Georgia se capturan con una belleza austera, reflejando la personalidad de Etero. El uso de colores saturados y una paleta que recuerda al estilo de Aki Kaurismäki añade un toque de calidez y humor visual a la narrativa.
Naveriani incorpora elementos surrealistas y oníricos que enriquecen la exploración psicológica de Etero. Las visiones de su propia muerte y los recuerdos de su pasado familiar se entretejen con la realidad, creando un retrato multidimensional de la protagonista.
La película también aborda temas de salud y mortalidad. Etero comienza a experimentar síntomas que teme sean indicios del mismo cáncer que mató a su madre. Esta preocupación añade una capa de urgencia a su despertar emocional y sexual, planteando preguntas sobre el tiempo y las oportunidades perdidas.
El ritmo de 'Blackbird, Blackberry' es deliberadamente lento, lo que puede resultar desafiante para algunos espectadores. Sin embargo, este enfoque permite una inmersión profunda en el mundo interior de Etero y en la dinámica social del pueblo. Los diálogos son escasos pero significativos, con momentos de silencio que hablan por sí mismos.
La relación entre Etero y Murman se desarrolla con una autenticidad refrescante. Naveriani evita romanticizar el romance, presentándolo más bien como un catalizador para el autodescubrimiento de Etero. La química entre Chavleishvili y Chichinadze es palpable, añadiendo credibilidad a su vínculo.
Un aspecto destacable de la película es su representación de la sexualidad femenina en la madurez, un tema poco explorado en el cine. Naveriani aborda este aspecto con sensibilidad y franqueza, desafiando estereotipos sobre el deseo y la intimidad en mujeres mayores.
La banda sonora, que incluye canciones de Charles Aznavour, complementa eficazmente el tono agridulce de la narrativa. La música se utiliza con moderación, permitiendo que los sonidos naturales del entorno rural dominen la experiencia auditiva.
El diseño de producción de Teo Baramidze refuerza los temas de la película. Los espacios de Etero se caracterizan por colores sólidos y una estética minimalista, contrastando con los tonos pastel y los adornos femeninos tradicionales de las casas de sus vecinas. Este contraste visual subraya la individualidad de Etero en su comunidad.
A medida que la película avanza hacia su conclusión, Naveriani evita resoluciones fáciles. El final queda abierto a interpretaciones, reflejando la complejidad de las decisiones que enfrenta Etero. Esta ambigüedad invita a la reflexión sobre los compromisos entre la libertad personal y las conexiones emocionales.
'Blackbird, Blackberry' se destaca por su enfoque matizado de temas universales como la soledad, el deseo y la autodeterminación. Naveriani demuestra una sensibilidad aguda para capturar las sutilezas de las interacciones humanas y las luchas internas de sus personajes.
'Blackbird, Blackberry' es una exploración conmovedora y pensativa sobre el despertar tardío y la búsqueda de la identidad en un contexto social restrictivo. La película ofrece una visión única de la experiencia femenina en la Georgia rural contemporánea, abordando temas complejos con humor y compasión. Aunque su ritmo pausado puede no ser del gusto de todos, aquellos que sintonicen con su sensibilidad encontrarán una narrativa rica y emocionalmente resonante.

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