Cine y series

Aquella canción

Marla Ancheta

2025



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Muchas historias avanzan como una marea irregular, empujando recuerdos, ilusiones y desencuentros hacia una misma orilla. ‘Aquella canción’, de Marla Ancheta, se despliega con ese pulso, con la cadencia de un tema que se repite en la cabeza mucho después de escucharlo por primera vez. La película sitúa su relato en los noventa, aunque sus ecos vienen de más atrás: la infancia, las primeras pérdidas, ese momento en que alguien comprende que todo sueño conlleva una distancia frente al resto del mundo.

Lo que se narra en la pantalla podría confundirse con una crónica sobre dos jóvenes atrapados entre el deseo de cantar y el peso de sus propias decisiones. Sin embargo, Ancheta filtra esa trama a través de un cristal lleno de fisuras: la nostalgia familiar, los amores que se diluyen con la misma rapidez con que llegan, la música convertida en promesa y en condena al mismo tiempo. Entoy y Lorina no solo persiguen escenarios; cargan con una herencia emocional que parece moldear cada paso que dan.

El guion avanza a través de saltos temporales que a veces iluminan y otras oscurecen el relato. Se percibe una intención de vincular la trayectoria artística de los protagonistas con la transformación cultural de un país que asiste, casi como espectador, al auge y declive de ciertas formas musicales. En medio de ese contexto, la película se mueve entre concursos televisivos, locales de ensayo y radios que anuncian canciones convertidas en himnos para algunos y en simples ruidos de fondo para otros.

Lorina, interpretada con un registro contenido, encarna a una mujer que parece debatirse entre la huida y el regreso. La vemos atravesar escenarios, relaciones y trabajos con una mezcla de determinación y desconcierto. Sus miedos, vinculados a pérdidas familiares y a la exposición pública, condicionan cada aparición suya frente al micrófono. Entoy, por el contrario, representa una ambición más directa: la búsqueda de reconocimiento a través de una banda que él mismo lidera con entusiasmo, a veces ingenuo, otras veces obstinado hasta rozar la ceguera emocional.

El vínculo entre ambos personajes se construye con diálogos que raras veces fluyen con naturalidad. La relación romántica se despliega con una teatralidad que interrumpe la supuesta química entre ellos. Las escenas que pretenden acercarlos terminan revelando la distancia que existe en la escritura del guion, donde las conversaciones sirven más para explicar que para sugerir. Incluso en los momentos de mayor tensión sentimental, la puesta en escena evita el desbordamiento, pero tampoco logra la intimidad necesaria para que el espectador se implique con sus destinos.

Hay, sin embargo, una persistencia del elemento musical que salva algunos pasajes de la película. Los números en vivo, las secuencias en que la cámara recorre los instrumentos y las voces, transmiten un entusiasmo que contrasta con la rigidez del resto del relato. Ancheta utiliza proyecciones visuales, cambios de luz y hasta recursos gráficos sobreimpresos para remarcar emociones que el guion no siempre consigue articular por sí solo.

El tercer acto introduce reencuentros, pérdidas familiares y oportunidades tardías que pretenden cerrar el círculo de los protagonistas. El regreso de Lorina a un escenario, años después de sus primeras derrotas, busca dotar de sentido a todo lo anterior: la distancia con su madre, la muerte del padre de Entoy, la fama alcanzada por la banda sin ella. La película parece querer decir que el tiempo, al final, acomoda las piezas y ofrece una segunda ocasión para todo. Sin embargo, el desenlace se precipita, dejando algunos hilos dramáticos apenas esbozados.

‘Aquella canción’ funciona mejor cuando retrata la obsesión de Entoy por la música que cuando intenta levantar una historia de amor convincente. La ambición artística, las tensiones familiares y el contraste entre aspiraciones juveniles y realidades adultas aportan matices que la trama romántica nunca alcanza. En varios momentos se percibe una película distinta, más interesada en el retrato generacional y en la relación entre padres e hijos que en los clichés sentimentales que terminan dominando la narración.

La dirección de Marla Ancheta consigue dotar a ciertas escenas de un ritmo visual atractivo, con una fotografía que evoca videoclips noventeros y un diseño sonoro que mantiene viva la presencia de la música como personaje en sí mismo. Sin embargo, esa energía estética convive con un guion que acumula giros previsibles y diálogos funcionales. Lo que podría haber sido una reflexión sobre los costes del éxito artístico se queda a medio camino, atrapado entre el melodrama y la crónica musical.

El resultado es una película irregular, con momentos de brillo visual y musical que contrastan con la rigidez de su historia principal. ‘Aquella canción’ deja la impresión de haber querido capturar demasiado: la nostalgia de una época, la complejidad de los afectos, la voracidad de la industria cultural. En su intento por abarcarlo todo, sacrifica la coherencia emocional de sus protagonistas y entrega un relato cuyo eco se disipa antes de encontrar su nota final.

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