Los silencios compartidos dicen más que los himnos. Hay momentos en que la historia se recoge en un gesto doméstico, en una mirada contenida bajo la lluvia, en un vaso de agua sobre una mesa de madera desgastada. En ese lugar sin estridencias se asienta ‘Antes de Nós’, película de Ángeles Huerta que recurre a la fragilidad de lo íntimo para hablar de una construcción invisible: la de un país y la de un vínculo roto. En un tiempo donde lo colectivo parece reconstruirse a golpes de símbolo, la directora elige caminar entre las grietas de los símbolos mismos, fijando la vista no en la estatua sino en la sombra que proyecta.
Galicia, retratada desde la niebla más que desde la consigna, no se invoca aquí como emblema sino como temperatura. La figura de Castelao se descompone en la de Daniel, un médico en Rianxo durante la pandemia de 1918, y luego, un hombre de luto en Bretaña, en 1929. Su matrimonio con Virxinia, encarnado con contención y ritmo irregular por Cris Iglesias, forma la verdadera estructura de la obra, más que cualquier línea ideológica. Lo que recorre la película no es tanto un relato de nación como una fractura entre cuerpos, entre momentos, entre formas de habitar el dolor.
En su guion, Pepe Coira propone una doble línea temporal que prescinde de la evolución cronológica. La narración se resuelve en fragmentos, donde la muerte del hijo aparece como punto de inflexión no solo emocional, sino también visual. Las imágenes de Lucía C. Pan modifican su gramática en función del momento: mientras el presente de 1929 se expresa a través del contraplano y la distancia, los recuerdos del pasado están compuestos por encuadres donde las figuras se buscan dentro del mismo espacio. Esta lógica visual permite que la progresiva incomunicación entre los personajes no se verbalice, sino que se inscriba en la puesta en escena.
Xóan Fórneas se mueve entre la fragilidad y el retraimiento, componiendo un Castelao anterior a su leyenda, un Daniel atrapado entre el mandato social y el deterioro interior. La película renuncia a exaltaciones, evitando subrayados musicales o gestos enfáticos. Las emociones surgen desde la contención, en planos cerrados donde la respiración se escucha más que las palabras. La dirección de Huerta opta por una textura densa, como si cada secuencia necesitara posarse en el espectador más que avanzar. No hay voluntad de apelar al sentimentalismo; el dolor aquí no grita, se acumula.
Los dos tiempos narrativos, la Rianxo asolada por la gripe y la Bretaña del duelo, funcionan como espejos quebrados. En el primero, el personaje es reclamado como figura pública por su comunidad, y como presencia afectiva por su esposa. En el segundo, el cuerpo ya no resiste ninguna demanda, ni política ni amorosa. En ambos momentos, el relato de ‘Antes de Nós’ se articula desde el fuera de campo: aquello que no se dice, que no se muestra, que no se resuelve. Esa elipsis constante refuerza la percepción de un relato en estado de suspensión, que permanece en un umbral entre evocación y disolución.
La película no recurre a grandes afirmaciones sobre la identidad. En su lugar, los símbolos se asoman con prudencia. Los cruceiros observados en Bretaña, que Castelao documentaría en su libro posterior, sirven como articulación visual y emocional. La piedra, el musgo, el paso detenido del tiempo aparecen en contraste con los espacios interiores donde la pareja repite gestos fallidos de conexión. La ambientación de la Galicia de comienzos de siglo no busca reconstituir una postal, sino desplegar una atmósfera de pérdida inminente.
En términos de construcción dramática, el film transita una línea difícil: la que separa lo sutil de lo inerte. En ciertos tramos, el tempo de la puesta en escena se aproxima al estatismo. La elección de condensar el conflicto en miradas y en movimientos mínimos exige del espectador una atención persistente que no siempre se recompensa. El riesgo es evidente, pero también lo es la coherencia del enfoque. Lo que se está narrando aquí no es el ascenso de una figura pública, sino la descomposición de una complicidad conyugal. En ese sentido, la contención no es solo una decisión estética, sino también un reflejo estructural del fondo temático.
La apuesta de Ángeles Huerta consiste en desmarcarse de la tradición del biopic como exposición enciclopédica. ‘Antes de Nós’ no presenta un inventario de logros ni un resumen de obras. Su interés recae en la intersección entre la desorientación afectiva y el principio de una articulación política. En esta película, Castelao no aparece como el autor ni como el orador, sino como el hombre que aún no se define, que aún observa, que aún vacila. Ese tránsito desde lo privado hacia lo público queda suspendido, atrapado en un bucle de duelo y distancia.
Los diálogos son escasos, y cuando aparecen, están teñidos de una funcionalidad contenida. Lo que importa no es lo que se dice, sino el tono, la pausa, la ausencia de réplica. En una escena en la que ambos personajes contemplan un paisaje sin hablar, la cámara se limita a acompañar sin intervenir. Ese tipo de decisiones revela un respeto por el tiempo interno de los personajes, por su dificultad para habitar el presente. La dirección no impone significados; más bien, los deja sedimentar.
En ‘Antes de Nós’, la historia parece estar hecha de ceniza, y el relato, de huellas que se desvanecen. La memoria se construye no a través del archivo, sino del susurro. La Galicia que atraviesa la película no se presenta como un todo cohesionado, sino como una geografía emocional donde cada lugar remite a una pérdida. Lo mismo ocurre con el nosotros del título, que permanece como un ideal más que como un hecho.
