Cine y series

A Prueba

S. Sashikanth

2025



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Bajo la superficie ordenada de una ciudad que finge funcionar, se gestan pequeñas implosiones domésticas. Familias que apenas se sostienen, ambiciones estancadas, promesas que se posponen hasta el olvido. ‘A Prueba’, el debut como director de S. Sashikanth, sitúa su relato en ese borde quebradizo donde el fracaso no tiene épica y el heroísmo no se reconoce. La película respira en los márgenes de un acontecimiento colectivo ,un partido entre India y Pakistán, sin jamás entregarse del todo al espectáculo, prefiriendo la fricción silenciosa entre lo privado y lo público.

Cada uno de sus personajes camina sobre una cuerda floja. No hay elevaciones súbitas, sino descensos progresivos. Un científico frustrado, una mujer que no consigue atravesar el umbral de la maternidad, un deportista apagado antes de tiempo. Los tres no comparten solo un escenario narrativo, sino un mismo síntoma: la derrota ya no se siente como evento, sino como estado.

El relato transcurre con una calma inquietante. Arjun, el cricketer interpretado por Siddharth, enfrenta una posible despedida profesional sin demasiada energía dramática. Sus gestos son contenidos, sus diálogos mínimos, su presencia física apenas sostenida. El problema no radica en su silencio, sino en la ausencia de un fondo emocional que permita intuir qué se mueve bajo su superficie. La contención actoral no logra compensar la falta de matices en la escritura de su arco.

Mucho más eficaz es la construcción de Saravanan, interpretado por R. Madhavan. No por la complejidad de su desarrollo, sino por la tensión latente entre su orgullo herido y la necesidad de validación. Lo que en principio parece un personaje pasivo, va revelando una inclinación inquietante hacia la manipulación y el control, disfrazada de sacrificio. La deriva moral de Saravanan es lo más incisivo que ofrece la película.

Kumudha, por su parte, representa una figura que transita entre la dependencia emocional y una forma de resistencia silenciosa. Nayanthara consigue sostener ese equilibrio, incluso cuando el guion la empuja a situaciones donde el melodrama amenaza con desbordar. Su actuación gana espesor en las escenas finales, cuando lo contenido empieza a desbordarse, no desde el llanto ni el grito, sino desde una mirada resignada.

La estructura del filme se sostiene sobre el cruce de estas tres trayectorias, que se vinculan de forma progresiva a través de hilos narrativos no siempre verosímiles. El guion se esfuerza por trenzar los conflictos personales con un trasfondo criminal relacionado con el amaño de partidos, pero lo hace sin la suficiente precisión ni ritmo. La tensión se diluye, las conexiones se sienten forzadas y el último tercio de la película acusa una falta de dirección.

En el plano técnico, la propuesta presenta luces y sombras. La fotografía acierta en capturar los espacios interiores, especialmente aquellos donde los personajes parecen atrapados. Sin embargo, en las escenas del partido, la cámara se limita a ilustrar lo que ocurre sin dotarlo de urgencia ni dramatismo. La música, discreta y funcional, no aporta giros de lectura ni genera contrapuntos.

Pese a algunas decisiones formales interesantes, la superposición de sonidos, la transición entre escenas mediante recursos sonoros o visuales, el montaje termina por entorpecer la fluidez del relato. La duración de 145 minutos pesa más de lo necesario, en parte porque muchas escenas se repiten en función sin avanzar emocional ni narrativamente.

‘A Prueba’ deja la impresión de haber intuido un conflicto potente, sin haber conseguido llevarlo a su forma más afinada. Apuesta por un tipo de cine que privilegia los personajes sobre la acción, pero su desarrollo dramático se percibe inconsistente. Las tensiones éticas que propone quedan esbozadas, sin el filo suficiente para incomodar ni la densidad para invitar a interpretaciones más complejas.

El resultado es una obra ambiciosa en sus planteamientos iniciales, pero que se acomoda pronto en resoluciones previsibles. Más que una película fallida, es una propuesta que no termina de elegir con claridad hacia dónde quiere dirigirse. Lo que debería ser un estudio de contradicciones humanas se convierte en una narrativa funcional, con destellos de lucidez que no logran sostener el todo.

'A Prueba' ya está disponible en Netflix

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