Cine y series

Aunque nuestro amor se desvanezca esta noche

Kim Hye-young

2025



Por -

Una escena en la que Han Seo-yun, estudiante de secundaria, repasa sus apuntes para tratar de reconstruir lo que vivió el día anterior refleja con precisión el núcleo de ‘Aunque nuestro amor se desvanezca esta noche’. La protagonista sufre una amnesia anterógrada que borra los recuerdos nuevos cada vez que duerme, y esa rutina de recordar lo perdido marca el tono de toda la película. La directora Kim Hye-young convierte esta circunstancia médica en el centro de un drama romántico que examina cómo la memoria sostiene los vínculos personales y cómo el afecto se enfrenta a su desaparición diaria. Basada en la novela japonesa de Misaki Ichijo, la adaptación coreana propone un relato donde el tiempo cotidiano y la repetición se transforman en el terreno donde se mide la resistencia sentimental.

La historia se desarrolla entre dos adolescentes: Han Seo-yun, interpretada por Shin Si-ah, y Kim Jae-won, interpretado por Choo Young-woo. Ella vive limitada por una enfermedad que le impide retener los recuerdos recientes, mientras que él, un chico reservado y solitario, encuentra en esa relación una oportunidad para darle sentido a su vida. La película evita excesos melodramáticos y mantiene una narración ordenada que muestra cómo ambos se adaptan a una realidad marcada por el olvido. Las escenas más significativas se construyen alrededor de las dificultades cotidianas de la protagonista: estudiar, mantener conversaciones coherentes, recordar los rostros de sus seres cercanos y, sobre todo, sostener una relación afectiva que debe reiniciarse cada día.

La dirección de Kim Hye-young se caracteriza por un ritmo pausado que evita el sentimentalismo fácil. La cámara observa la rutina de los personajes con atención, dejando que la historia avance sin artificios. La directora estructura la narración de manera lineal, priorizando la observación sobre el impacto visual. Esa elección da coherencia a un relato que combina la ternura del primer amor con el peso de una enfermedad real. Cada secuencia refuerza la idea de esfuerzo y constancia: los protagonistas avanzan por la repetición de actos simples que adquieren valor con el tiempo. En lugar de buscar grandes giros, la película se centra en cómo la enfermedad condiciona cada decisión y en cómo el compromiso se convierte en la base de la relación.

El retrato de Han Seo-yun se sostiene en su disciplina y su serenidad. La joven asume su situación con determinación y enfrenta la pérdida constante de recuerdos con una mezcla de método y esperanza. Kim Jae-won, en cambio, simboliza la paciencia necesaria para acompañar a alguien que vive atrapada en ese ciclo diario. El vínculo entre ambos muestra que la memoria y el afecto pueden funcionar de manera independiente, y que el cariño requiere trabajo y voluntad más que permanencia. La película plantea con claridad que el amor, entendido como acto repetido y no como estado fijo, depende del esfuerzo compartido y de la aceptación de los límites que impone la enfermedad.

Los personajes secundarios —la amiga de Han y sus padres— completan el retrato de una convivencia marcada por la rutina médica y la necesidad de apoyo. A través de ellos, la película muestra el peso emocional que la amnesia genera en quienes rodean a la protagonista y cómo el entorno familiar se adapta a esa realidad. Kim Hye-young da a estas figuras un papel funcional: sostener el equilibrio de la historia y contextualizar el comportamiento de Han. Ninguno de ellos actúa como simple acompañante, sino como parte de una red que intenta mantener la estabilidad frente a la pérdida de continuidad.

La fotografía y el montaje refuerzan la idea de repetición. Los tonos claros, los espacios domésticos y la luz natural dominan las escenas, transmitiendo la sensación de un tiempo que avanza de forma circular. Las imágenes se detienen en los hábitos diarios y en los pequeños detalles del entorno escolar. Esta elección visual acentúa el carácter observador del relato sin recurrir a artificios técnicos. La directora apuesta por un estilo sobrio, apoyado en la continuidad del plano y en la ausencia de sobresaltos narrativos.

El componente social está presente en segundo plano, pero resulta esencial para comprender el sentido general de la película. El contexto educativo surcoreano aparece como escenario de presión, disciplina y exigencia, donde la diferencia se percibe como debilidad. La amnesia de Han Seo-yun se convierte en un reflejo de esa lucha por encajar en un entorno que premia la productividad. Jae-won, por su parte, encarna el deseo de proteger y sostener, aun cuando la realidad imponga límites. Kim Hye-young construye así un retrato de la juventud que convive con la competencia, el aislamiento y la dificultad para mantener relaciones sinceras dentro de un sistema que premia la eficiencia.

El cierre de la película mantiene la coherencia del tono general. Sin recurrir a giros drásticos, la directora concluye la historia con una secuencia que refuerza la idea de continuidad. El afecto entre los protagonistas permanece como un acto de voluntad, un esfuerzo que se repite cada día sin perder sentido. ‘Aunque nuestro amor se desvanezca esta noche’ se define por su mirada sobria y su interés por explorar cómo el tiempo y la memoria condicionan el modo en que las personas se relacionan. La película evita la exageración sentimental y observa con claridad el trabajo que implica sostener un vínculo cuando el recuerdo se disuelve con el amanecer. Disponible en Netflix, consolida la presencia del cine coreano contemporáneo en el catálogo internacional.

Crítica elaborada por Andrés Gómez

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