Cine y series

Arco

Ugo Bienvenu Ugo Bienvenu

2025



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Al igual que imaginamos en nuestros mejores sueños, un niño flota suspendido entre las nubes, observando un horizonte que mezcla la calma con el peligro. Esa imagen de ‘Arco’, con su capa luminosa cruzando el cielo, concentra la esencia de la película de Ugo Bienvenu: la tensión entre el deseo de avanzar y la incapacidad de asumir las consecuencias de los propios actos. ‘Arco’ parte de una premisa de ciencia ficción, pero se construye sobre un análisis muy directo de cómo las sociedades contemporáneas siguen repitiendo los mismos errores bajo formas distintas. Bienvenu, que llega al largometraje desde la ilustración y la novela gráfica, combina precisión narrativa y un sentido de observación minucioso. En lugar de construir un espectáculo tecnológico, se centra en el detalle y en la forma en que cada elemento del entorno refleja una idea: las casas suspendidas en el aire simbolizan una huida del pasado, mientras que las cúpulas del año 2075 revelan un modo de vida basado en la comodidad y la distancia frente al entorno que las sostiene.

El argumento parte del viaje accidental de un niño de un futuro lejano, descendiente de una sociedad que vive en las alturas tras siglos de crisis ambiental. En su intento por imitar a los adultos, Arco activa un sistema de desplazamiento temporal que lo deja atrapado en el año 2075, un periodo en el que la Tierra continúa bajo un clima extremo y donde la dependencia tecnológica se ha convertido en el modo de vida habitual. En ese espacio encuentra a Iris, una niña que sobrevive entre hologramas, tormentas eléctricas y un robot doméstico que actúa como tutor. El encuentro entre ambos genera una relación marcada por la curiosidad y la necesidad de compartir algo real en medio de entornos artificiales. A través de esa convivencia, Bienvenu muestra con claridad cómo la infancia se convierte en un terreno de resistencia frente al aislamiento generalizado, sin recurrir a discursos ni dramatismos.

El director utiliza la animación tradicional con un nivel de detalle que recuerda a los trabajos más sobrios de la escuela francesa, alejándose del exceso digital para concentrarse en la expresividad de la línea y el color. Cada movimiento tiene una función narrativa precisa: las tormentas representan la inestabilidad del planeta, las luces que surcan el cielo evocan la ambición desmedida y los espacios cerrados expresan el miedo a enfrentarse al exterior. La combinación de tonos fríos y cálidos transmite un equilibrio entre amenaza y ternura, una dualidad que define el tono general del filme. Bienvenu consigue que el espectador perciba esa tensión sin recurrir a subrayados, usando la composición de las escenas para hablar de control, pérdida y dependencia tecnológica. Su dirección demuestra una claridad de ideas poco habitual en el cine de animación actual, en el que la forma suele imponerse sobre el contenido.

La estructura de ‘Arco’ se apoya en el contraste entre dos sociedades que reflejan distintos grados de desconexión. En el futuro lejano, los seres humanos han conseguido vivir en armonía con un entorno reconstruido artificialmente, pero esa estabilidad implica una separación total del planeta original. En el 2075, las familias se relacionan a través de pantallas y hologramas mientras delegan la educación de sus hijos en máquinas diseñadas para cuidar, enseñar y acompañar. Iris representa la soledad generada por ese sistema: su conversación diaria con los padres proyectados digitalmente muestra un modelo de afecto programado que intenta suplir la ausencia real. Arco, al provenir de una época donde la supervivencia se ha logrado al precio de perder el contacto con la tierra, se enfrenta a una realidad distinta pero igual de distante. El vínculo entre ambos personajes funciona como espejo y advertencia, ya que sus mundos comparten la misma causa: la renuncia a la responsabilidad sobre el entorno natural.

El personaje del robot Mikki introduce una lectura política de gran precisión. Concebido como archivo viviente que almacena obras artísticas amenazadas por la desaparición, este androide plantea un dilema sobre la conservación cultural. Bienvenu sugiere que preservar la memoria sin comprender su valor conduce a una forma de vacío. Mikki actúa con eficacia, pero carece de emoción, y esa diferencia entre preservar y entender se convierte en el núcleo ético del relato. La película, a través de pequeños detalles, muestra cómo la tecnología puede proteger y al mismo tiempo borrar el sentido de aquello que protege. Esa contradicción recorre toda la trama y transforma la aventura de Arco en una reflexión sobre la fragilidad de los vínculos cuando se sustituyen por simulaciones.

El tratamiento de los personajes se aleja de los arquetipos infantiles y se centra en la evolución interior. Arco pasa de la curiosidad impulsiva a una comprensión más madura de su entorno, mientras Iris aprende a convivir con una presencia que altera su rutina y amplía su percepción del mundo. Bienvenu evita cualquier tono moralizante y opta por mostrar cómo la convivencia transforma a ambos. La relación entre ellos se desarrolla a través de miradas, silencios y acciones sencillas que definen una complicidad basada en la empatía y la observación mutua. La ausencia de figuras adultas refuerza la idea de que los niños cargan con el peso de un legado que desconocen, y que su aprendizaje consiste en reconstruir lo que los mayores han abandonado. En ese sentido, la película convierte la amistad en un espacio de pensamiento, en el que se pone a prueba la capacidad de imaginar un futuro distinto.

El ritmo narrativo mantiene una coherencia constante. Bienvenu equilibra momentos de calma con secuencias de movimiento, sin caer en la saturación ni en la pausa excesiva. La música, compuesta por Arnaud Toulon, funciona como hilo conductor y acentúa las emociones de cada escena sin imponerse. Los intérpretes de voz, entre ellos Natalie Portman, Mark Ruffalo y Will Ferrell, aportan matices que refuerzan la identidad de cada personaje. La versión en inglés conserva el tono original del relato y amplía su alcance internacional, pero el espíritu de la obra se mantiene fiel a su raíz francesa, donde la animación se entiende como medio de pensamiento antes que como espectáculo.

‘Arco’ puede leerse también como una advertencia sobre la facilidad con la que las sociedades modernas confunden bienestar con desconexión. Bienvenu construye un mundo donde las personas viven protegidas de las catástrofes, pero también aisladas de la realidad que las causa. La película invita a observar ese paralelismo con el presente sin recurrir a moralejas. Su análisis del futuro funciona como un retrato del presente disfrazado de aventura infantil. A través de Iris y Arco, el director expone con claridad la paradoja de un progreso que promete seguridad mientras erosiona los vínculos esenciales.

El valor más significativo de la obra reside en su capacidad para unir reflexión y narración. Bienvenu desarrolla cada idea con una lógica transparente y evita cualquier artificio retórico. Cada elemento visual está al servicio del argumento, y cada acción de los personajes contribuye a una lectura coherente sobre la relación entre tecnología, memoria y cuidado del entorno. La película transmite un mensaje sólido: el conocimiento del pasado y el deseo de preservar lo esencial resultan inútiles si se transforman en simples mecanismos de supervivencia. Lo que sostiene la vida es la capacidad de reconocer el valor de aquello que se comparte. En ese sentido, ‘Arco’ se sitúa como una de las obras animadas más analíticas de los últimos años, un relato que no busca el asombro inmediato, sino la claridad al examinar la forma en que las generaciones futuras podrían enfrentar los errores heredados.

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