La ópera prima del aclamado cineasta portugués Pedro Costa, La Sangre, es una exploración lírica en blanco y negro sobre la pérdida, la orfandad y la búsqueda de independencia. Filmada en 1989, la película sigue a dos hermanos, Vicente y Nino, que deben lidiar con la enfermedad y posterior muerte de su padre.
Costa emplea una fotografía expresionista en blanco y negro, con luces y sombras muy contrastadas, evocando el cine de Dreyer o La noche del cazador de Laughton. Las composiciones son geométricas y dinámicas, con líneas convergentes en puntos de fuga dentro y fuera del cuadro. Los encuadres siempre están al límite, como si la imagen forcejeara por desbordarse.
Los protagonistas miran constantemente al vacío, sus ojos nunca se encuentran directamente, en consonancia con la soledad que los rodea. Son personajes a la deriva, que intentan recomponer los pedazos de su frágil unidad familiar. Costa captura ese desamparo a través de espacios agrestes y personajes taciturnos y ensimismados.
La historia se centra en el vínculo entre los dos hermanos después de la muerte del padre, y en su lucha por mantenerse unidos y preservar su independencia ante las presiones del tío y los acreedores. Hay violencia y suspenso, pero Costa no busca el sensacionalismo, sino una parábola poética sobre la maduración acelerada y la pérdida de la inocencia.

Clara, la joven de la que Vicente está enamorado, aporta una cuota de lirismo y esperanza a la atmósfera opresiva. Su relación es el ancla emotivo de la película, el lazo que posibilita la redención en medio de la adversidad. Inês de Medeiros irradia una presencia etérea y angelical que equilibra la gravedad del relato.
La Sangre bebe de grandes maestros como Mizoguchi, Dreyer o Nicholas Ray, pero lo hace de forma creativa, fusionando esas influencias en una voz distintiva. Costa demuestra un dominio expresivo del lenguaje fílmico desde su ópera prima, con una puesta en escena refinada y un ritmo interior profundamente coherente.
La cinta posee momentos de gran fulgor plástico, como la pelea entre Vicente y su tío, resuelta como una coreografía de luces y sombras. También hay pequeños instantes de epifanía, como cuando suena la canción 'This is the Day' de The The en una feria.
La Sangre es una notable ópera prima que anuncia el talento de Pedro Costa. Una exploración poética sobre los lazos familiares, la pérdida de la inocencia y la búsqueda de independencia personal. Una película que se queda grabada en la retina del espectador gracias a la belleza de su fotografía en blanco y negro y la hondura de sus personajes solitarios y vulnerables.


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