Argylle es la más reciente película del director Matthew Vaughn, reconocido por obras como Kick-Ass, X-Men: First Class y la serie Kingsman. En esta ocasión, Vaughn se aventura en el género de espionaje con un enfoque satírico, presentando una trama intrincada repleta de giros argumentales que buscan sorprender al espectador.
La protagonista es Elly Conway (Bryce Dallas Howard), una exitosa novelista conocida por su serie de libros sobre las aventuras del agente secreto Argylle. Cuando Elly experimenta un bloqueo creativo al intentar finalizar su última obra, empieza a ser perseguida por una misteriosa organización que parece estar llevando a cabo los eventos descritos en sus novelas.
En el trayecto en tren hacia la visita a su madre, Elly se encuentra con Aidan (Sam Rockwell), un auténtico espía que sostiene que la ficción de Elly se ha vuelto sorprendentemente precisa, anticipando sucesos del mundo real relacionados con los servicios de inteligencia. Pronto, Aidan se ve obligado a proteger a Elly de los sicarios enviados por la oscura División, una agencia rival liderada por Bryan Cranston.
A partir de este planteamiento, que podría haber dado lugar a un eficaz thriller de espionaje, Argylle se desvía hacia una maraña de giros absurdos, chistes flojos y escenas de acción poco inspiradas. La trama se vuelve rápidamente confusa, dificultando su seguimiento para el espectador. Al revelarse finalmente todos los secretos y misterios, predomina una sensación de decepción.

A pesar de que la química entre Bryce Dallas Howard y Sam Rockwell logra rescatar parcialmente la película, el guion de Jason Fuchs carece de ingenio y sentido del humor. Los numerosos intentos de ser irreverente y desafiar las convenciones del género solo logran que "Argylle" parezca una imitación de segunda clase de la serie Kingsman.
Incluso con expectativas reducidas, sorprende la escasa calidad de las escenas de acción, con una realización poco inspirada y una edición irregular. La música en estas secuencias busca ser humorística pero resulta forzada. En su intento de ridiculizar los clichés de las películas de James Bond, Argylle cae repetidamente en el terreno de la parodia involuntaria.
Con una duración excesiva de más de dos horas, la cinta se vuelve interminable y agotadora. El ritmo es lento, y la inclusión de varias escenas post-créditos totalmente innecesarias no contribuye en absoluto. La dirección de Matthew Vaughn carece por completo de la inventiva visual y el ingenio presentes en la mayoría de sus trabajos anteriores.
En conclusión, Argylle no alcanza las expectativas que podrían esperarse de su impresionante elenco, que incluye desde Catherine O'Hara y Samuel L. Jackson hasta Henry Cavill en un papel secundario. A pesar de una premisa inicial prometedora, todo se desmorona rápidamente en una maraña de giros absurdos, humor forzado y una realización irregular. Ni siquiera los esfuerzos de Bryce Dallas Howard y Sam Rockwell logran salvar esta fallida apuesta que intenta iniciar una nueva franquicia de espionaje satírico.
Argylle podría haber sido una película de acción entretenida con toques de comedia, pero sus excesos argumentales, la falta de ingenio y su prolongado metraje la condenan a pasar sin pena ni gloria. Matthew Vaughn vuelve a decepcionar después del fracaso de The King's Man, y esta vez ni siquiera la presencia de Howard y Rockwell logra mantener el interés del espectador durante más de dos soporíferas horas.


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