La primera película de la directora argentina María Zanetti, Alemania, es una conmovedora exploración del complicado proceso de maduración de una adolescente, Lola, en el contexto de los desafíos de la salud mental que enfrenta su hermana mayor. Ambientada en Buenos Aires durante los años 90, la película evoca una época anterior a la revolución digital, cuando los casetes y la televisión eran partes integrales de la vida familiar.
A través de los ojos de Lola, interpretada magistralmente por Maite Aguilar, somos testigos de sus sueños, preocupaciones y contradicciones mientras transita de la niñez a la adultez. El deseo de participar en un intercambio estudiantil en Alemania se convierte en una metáfora de su anhelo de explorar horizontes más amplios, alejándose de una realidad familiar que se vuelve cada vez más opresiva.
Sin embargo, su amor por sus padres y especialmente por su hermana Julieta, interpretada por Miranda de la Serna, la hace debatirse entre sus propias aspiraciones y el sentimiento de responsabilidad hacia sus seres queridos. Este dilema existencial está retratado de manera elocuente por Zanetti, quien captura matices y sutilezas emocionales que otorgan autenticidad a la película.
A través de una narrativa sensible y cercana, la directora ilumina la compleja red de relaciones, rivalidades, secretos y silencios que subyacen en toda familia. Al mismo tiempo, la película rinde homenaje a la capacidad humana de superar colectivamente las adversidades, personificadas en este caso por la enfermedad mental que afecta a los personajes.
En esencia, Alemania puede clasificarse como una historia de iniciación, tan común en la historia del cine. Nos lleva a ese momento de transición en el que la adolescencia comienza a desvanecerse para dar paso a las primeras revelaciones, a veces incómodas, del mundo adulto.
Este peculiar estado de metamorfosis, en el que ya no se es niña pero aún no se ha alcanzado la plena madurez, se refleja visualmente en el rostro de Lola, siempre en primer plano y claramente enfocado. Aguilar logra transmitir frescura e inocencia al mismo tiempo que insinúa, a través de sus rasgos y su mirada, un nuevo tipo de conciencia marcada por un halo de seriedad.
A medida que Lola experimenta las situaciones propias de su edad, como las primeras salidas nocturnas, los coqueteos amorosos y la exploración de su identidad, debe lidiar simultáneamente con la turbulenta psique de Julieta. En más de una ocasión, ella actúa como un apoyo emocional para sus padres, abrumados por la condición de su hermana.
Esta dualidad entre las típicas preocupaciones juveniles y las sombrías circunstancias del entorno familiar se refleja en la banda sonora, que combina canciones pegadizas de artistas como Virus o Charly García con piezas de tono más reflexivo o nostálgico.
La influencia de los deseos ajenos sobre los propios, un rasgo característico de la adolescencia, se refleja en las interacciones entre Lola y su madre, interpretada por María Ucedo. En más de una discusión, la joven termina cediendo ante las demandas maternas, posponiendo sus propios deseos en aras del equilibrio familiar.
Sin embargo, el anhelado viaje a Alemania se presenta como una luz que ilumina otros horizontes posibles para Lola, lejos de las tribulaciones domésticas. Ese "otro lugar" utópico representa un rito de paso hacia la tan deseada autonomía.

Más allá de reflejar las experiencias personales de su directora durante la adolescencia, Alemania se destaca como uno de los retratos cinematográficos más lúcidos y compasivos sobre la salud mental.
Alejándose de cualquier mirada sensacionalista o prejuiciosa, Zanetti elige detenerse en los matices: en la delgada línea que separa la autenticidad de la personalidad de la enfermedad, entre los momentos de lucidez y los episodios de crisis.
Esta perspectiva humanista se manifiesta en la relación siempre cambiante entre las hermanas: dentro de un mismo día, pueden pasar de la camaradería afectuosa a la incomprensión más visceral. Este vínculo, lleno de matices, sirve como eje emocional de la trama y le otorga verosimilitud al relato.
Asimismo, la directora se suma a una corriente de películas recientes que contribuyen a desmontar estereotipos sobre la salud mental, transitando el delicado equilibrio entre el realismo en la representación y la preservación de la dignidad de los personajes.
Escenas como el internamiento involuntario de Julieta o sus arrebatos erráticos son abordadas con sensibilidad, sin énfasis efectista. El enfoque se centra en el sufrimiento de quienes la rodean, especialmente sus padres, retratados de forma empática por Ucedo y Walter Jakob.
Otro acierto notable de Alemania es su meticulosa recreación de la estética y la atmósfera de los años 90, década en la que se desarrolla la historia. La cuidada dirección de arte consigue establecer un pacto de verosimilitud con el espectador a través de diversos objetos que funcionan como "máquinas del tiempo".
Los walkman, las cintas de cassette y VHS, los coches de época, la moda y los peinados noventeros: cada elemento escenográfico parece evocar recuerdos nostálgicos de esa época anterior a la llegada de internet y las redes sociales.
Este contexto histórico, marcado por la efervescencia cultural y la sensación de estar en un momento de cambio, resulta más que adecuado para la historia de aprendizaje que propone Zanetti.
Asimismo, la televisión desempeña un papel fundamental en la dinámica familiar: ya sea como dispositivo que une a sus miembros en torno a ciertos rituales o como refugio ante situaciones de conflicto latente.
En una época marcada por profundas transformaciones tecnológicas que han erosionado formas de socialización arraigadas en lo presencial y lo analógico, la película casi se convierte en una elegía de esos modos de conexión que hoy nos parecen distantes.
En consonancia con algunas de las mejores películas de su país, como La Ciénaga y La niña santa de Lucrecia Martel, Zanetti apuesta por una estética íntima, donde la cámara, casi como un miembro más de la familia, se introduce en los espacios domésticos capturando diálogos, miradas y gestos al pasar.


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