La nueva película del director italiano Matteo Garrone, Yo, Capitán, narra la emotiva y cruda historia del viaje de dos jóvenes senegaleses, Seydou y su primo Moussa, que deciden dejar atrás su vida en Dakar para intentar alcanzar el sueño de llegar a Europa.
La cinta se inicia con escenas que muestran la alegría de la vida familiar de Seydou, quien vive con su madre viuda y sus numerosas hermanas pequeñas. Vemos a Seydou disfrutando tocando tambores en una vibrante celebración local, ajeno a los planes secretos que está forjando junto a su primo Moussa. Ambos llevan meses trabajando para juntar dinero con el propósito de pagar el viaje a Europa, donde aspiran a convertirse en estrellas de la música pop. Cuando Seydou revela sus intenciones a su madre, ella se niega categóricamente, advirtiéndole de los peligros mortales que el viaje conlleva. Sin embargo, la determinación y el ímpetu juvenil de los primos son más fuertes, y deciden escaparse una noche para comenzar la travesía, recibiendo antes la bendición de un chamán local.
Inicialmente, el relato sigue un tono esperanzador, como una "road movie", mientras vemos a Seydou y Moussa llenos de ilusión y camaradería recorriendo en bus el oeste de África. Pero muy pronto la cruda realidad se impone, y los jóvenes se dan cuenta de que el viaje será mucho más duro y peligroso de lo imaginado. Su ingenuidad inicial se desvanece cuando se encuentran con el engaño y la codicia de traficantes sin escrúpulos, autoridades corruptas, condiciones naturales extremas en el desierto y la despiadada mafia libia, que no duda en utilizar la violencia y la extorsión. Garrone retrata de manera impactante la deshumanización que sufren los emigrantes en manos de criminales que solo los ven como mercancía.
La cámara de Garrone se detiene en primeros planos del rostro de Seydou, donde vemos reflejados el desconcierto, el miedo y la rabia que le produce tanto abuso. Pero también revela la empatía y humanidad de Seydou, quien se niega a abandonar a los débiles y se aferra tercamente a completar el viaje y volver a reunirse con su primo Moussa, de quien se separa tras ser capturados en Libia.

A través de Seydou, Garrone logra humanizar la crisis migratoria que viven cientos de miles de personas cada año, poniéndonos en la piel y la mirada de quienes se juegan la vida cruzando desiertos y mares en busca de un futuro mejor. Más allá de las duras vicisitudes del viaje, la película transmite también la fuerza de los lazos familiares y de la amistad, especialmente en la relación entre Seydou y Moussa.
En su empeño por reflejar con crudeza realista las vicisitudes del dramático viaje, Garrone se apoya en elementos oníricos y de realismo mágico, como las secuencias en las que Seydou parece comunicarse con su madre ya fallecida a través de espíritus ancestrales. Estos toques poéticos añaden profundidad emocional y espiritual a la desoladora realidad que muestra el filme.
El director italiano logra evitar caer tanto en el sensacionalismo como en un tono excesivamente lastimero, equilibrando con acierto el sufrimiento y los horrores vividos por los protagonistas con destellos de fortaleza interior, cuidado mutuo y esperanza. Gran parte de este equilibrio se lo proporciona la estupenda interpretación del actor novato Seydou Sarr en el papel principal. Su mirada y sus gestos transmiten una humanidad conmovedora sin necesidad de grandes discursos.
Yo, Capitán es una poderosa película que nos acerca de forma impactante y profundamente humana a una realidad tan presente en nuestros días como es la crisis migratoria en África y el Mediterráneo. Sin editorializar en exceso, Garrone consigue despertar la empatía del espectador hacia el drama que viven cientos de miles de personas cada año en su búsqueda de un futuro mejor. Una crónica desgarradora sobre los sueños rotos y las vidas segadas, pero también sobre la indestructible esperanza.


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