Cine y series

Amor intenso

Aanand Rai

2026



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Como todo en esta vida, los reencuentros entre quienes se quisieron demasiado suelen llegar cargados de cuentas pendientes y heridas mal cerradas. En ‘Amor intenso’, ese reencuentro se produce entre un piloto de combate con problemas de conducta y una psicóloga que un día creyó poder analizar el amor como si fuera una ecuación científica. Esa escena en la que ambos comparten una conversación tensa, rodeados de un silencio que pesa más que las palabras, marca el tono de toda la película. Aanand L. Rai construye a partir de ese momento una historia que examina con detalle la forma en que los sentimientos se deforman cuando la pasión se mezcla con la ambición, la jerarquía y la culpa. No se trata de una historia romántica tradicional, sino de una disección de cómo dos personas se utilizan mutuamente para llenar vacíos personales. Él, Shankar, interpretado por Dhanush, busca en ella una forma de redención tras haber convertido su vida militar en una trinchera emocional. Ella, Mukti, encarnada por Kriti Sanon, ve en él un caso de estudio con el que aspira a demostrar que el amor puede domesticar la violencia. El conflicto entre ambos avanza entre recuerdos y reproches, con la sensación constante de que cada encuentro sirve para revelar lo que ninguno ha querido aceptar sobre sí mismo.

La película utiliza ese enfrentamiento para mostrar una lucha más amplia entre la razón y la necesidad de afecto. Rai no se conforma con narrar una historia de pareja, sino que convierte su relación en un espejo del entorno social en el que viven. La figura de Mukti representa una clase acomodada que se cree capaz de entender y corregir los impulsos ajenos desde una posición de superioridad moral. Shankar encarna, por contraste, la frustración de quienes cargan con un pasado de carencias y desconfían de cualquier intento de análisis. De esa oposición surge una tensión constante que mantiene la historia viva. El guion se apoya en la contradicción entre lo racional y lo instintivo para describir cómo la educación, el prestigio y la disciplina militar pueden convertirse en instrumentos de control sentimental. Cada conversación entre ambos se convierte en una batalla donde el lenguaje técnico de ella se enfrenta al lenguaje visceral de él, y el resultado es un retrato incómodo sobre cómo las jerarquías afectan a los vínculos más íntimos. La película se esfuerza en dejar claro que esa diferencia de origen no es un simple detalle narrativo, sino el eje sobre el que gira toda su estructura.

El desarrollo de los personajes se sostiene sobre una evolución paralela. Shankar se mueve entre la rebeldía y la dependencia emocional, un hombre que ha aprendido a sustituir la ternura por el desafío. Su entorno militar refuerza esa idea de dominio, y cada vez que intenta acercarse a Mukti lo hace desde la imposición más que desde la entrega. Ella, por su parte, utiliza el conocimiento psicológico como refugio frente a la incertidumbre que le provoca la atracción hacia alguien que representa lo contrario de todo lo que defiende. Esa mezcla de curiosidad y miedo termina por desdibujar su criterio profesional y su estabilidad personal. Rai filma sus encuentros con una distancia calculada, como si los observara a través del cristal de un laboratorio. Esa mirada fría permite apreciar con claridad cómo la manipulación puede esconderse bajo la apariencia de un vínculo romántico. La psicología, en manos de Mukti, se convierte en un arma, y el amor, en una forma de resistencia ante la humillación. El equilibrio entre ambos personajes se rompe cada vez que el deseo se mezcla con el poder, y esa fractura se vuelve visible en cada escena compartida.

La ambientación alterna entre dos etapas: la juventud universitaria, donde la atracción surge en un contexto de jerarquías sociales, y la madurez, marcada por la disciplina del ejército y el desencanto. Esa doble estructura sirve para evidenciar cómo el tiempo transforma los impulsos en estrategias de supervivencia. El relato no depende de giros sorprendentes, sino de un pulso constante entre el deber y el deseo. La música de A. R. Rahman acentúa esa tensión, pasando de melodías íntimas a composiciones que acompañan los momentos de mayor intensidad emocional. La fotografía de Tushar Kanti Ray utiliza contrastes de luz que reflejan el conflicto entre lo público y lo privado, mostrando a los personajes en espacios amplios cuando intentan justificarse y en planos cerrados cuando se enfrentan a su vulnerabilidad. Rai se sirve de esos recursos para subrayar la contradicción entre apariencia y verdad, entre lo que se muestra y lo que se intenta ocultar. Su dirección mantiene un tono sobrio, sin dramatismos innecesarios, pero con una atención constante al detalle que define el carácter de cada escena.

Dhanush interpreta a Shankar con una energía contenida que revela la fragilidad del personaje sin recurrir a excesos. Su mirada transmite la tensión de quien vive entre la culpa y el deseo, mientras que su lenguaje corporal refleja el esfuerzo de mantener una imagen de fortaleza. Kriti Sanon construye a Mukti desde la contención, evitando cualquier intento de convertirla en heroína o víctima. Su personaje avanza a través de la duda y la contradicción, y en esa vacilación reside la fuerza de su interpretación. Ambos logran que su relación resulte verosímil dentro de un contexto que se mueve entre la pasión y el reproche. Rai consigue que la película mantenga un equilibrio entre la observación psicológica y el retrato social, sin necesidad de buscar simpatía por ninguno de los dos. Lo que interesa es la forma en que cada uno utiliza el amor como justificación de sus propias carencias y cómo esa manipulación mutua termina por vaciar el sentido de lo que comparten. El resultado es un relato que se mantiene firme en su análisis y que logra convertir el romance en una discusión sobre poder y dependencia.

‘Amor intenso’ se inscribe dentro del catálogo de Netflix como una obra que examina los vínculos sentimentales desde un punto de vista más incómodo. Rai aprovecha el marco del melodrama para hablar de las consecuencias de mezclar deseo, ciencia y jerarquía. Su película no busca emocionar con facilidad, sino describir los mecanismos que hacen que las relaciones se vuelvan una forma de control. En esa mirada se percibe una intención crítica que va más allá del argumento amoroso. El director plantea que el amor, cuando se somete a análisis, se transforma en algo distinto: una demostración de poder, una forma de medir quién domina al otro. La historia deja la sensación de que la comprensión intelectual rara vez logra convivir con la entrega emocional y que, cuando se intenta fusionarlas, el resultado termina siendo una confrontación sin salida. A través de esa reflexión, ‘Amor intenso’ consigue mantenerse como un relato coherente, sólido y cargado de ideas que invitan a pensar en cómo el amor puede convertirse en el terreno más peligroso cuando se confunde con el control o la redención personal.

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