Cine y series

#Amor

Balaji Mohan

2026



Por -

La primera temporada de ‘#Amor’, dirigida por Balaji Mohan y con Soundarya Rajinikanth como showrunner, plantea un duelo ideológico entre dos aplicaciones de citas que compiten por el mismo mercado. Tara, creadora de una plataforma que reduce el enamoramiento a un porcentaje de afinidad, se topa con Matthew, inversor de una firma rival que defiende el chispazo instantáneo como única verdad relacional. El relato avanza mediante un desafío de sesenta días en el que cada uno debe emplear la herramienta del contrario para validar su postura. Mohan filma ese pulso con una elegancia que roza la vitrina: helicópteros privados, azoteas de hotel y oficinas luminosas componen un decorado donde hasta las crisis parecen coreografiadas. Esa pulcritud, lejos de seducir, distancia. La puesta en escena de Mohan, heredera de un academicismo publicitario que recuerda a cierto cine de Zoya Akhtar por su gusto por los interiores asépticos, convierte la lucha entre algoritmo y deseo en un ejercicio de estilo que amortigua cualquier arista incómoda.

Aishwarya Lekshmi sostiene a Tara con una mezcla de rigidez calculada y grietas contenidas. Su personaje arrastra el divorcio de sus padres y una traición amorosa, pero la escritura de Nirmal Williams, Sharada Subramanian y Shweta Chakravarty menciona esas heridas sin habitarlas. Cuando Tara se sincera con su progenitor, la conversación se interrumpe justo cuando prometía complejidad. Esa tendencia a enunciar los traumas y después resolverlos con lugares comunes lastra el conjunto. Arjun Das aporta oficio y una voz grave que da empaque a Matthew, un heredero acomodado que finge desapego mientras busca aprobación. Su vínculo con Mia, su hermanastra, aporta calidez, y su relación con la esposa de su padre insinúa un conflicto generacional que el libreto desaprovecha. Das y Lekshmi comparten una complicidad evidente, pero la química entre intérpretes funciona como compensación de una química entre personajes que la narración da por supuesta en lugar de construir.

Los mejores momentos llegan por los márgenes. La trama de Sylvia, esposa que descubre su invisibilidad dentro de un matrimonio avalado por la propia aplicación, destila una honestidad que el eje central reclama. El arco de Arun, amigo gay que posterga su salida del armario, resulta más conmovedor que cualquier disputa empresarial. Estos hilos demuestran que las relaciones contemporáneas desbordan la dicotomía entre compatibilidad y chispa, y que el anhelo de ser escuchado pesa más que cualquier métrica. Sin embargo, la serie regresa una y otra vez al debate fundacional con diálogos extensos que repiten argumentos ya expuestos. La confrontación entre ambas empresas deriva hacia un antagonismo caricaturesco, con un rival directivo que actúa como villano de manual y una reacción de Matthew al rechazo de Tara que incomoda por su sesgo posesivo. El mundo tecnológico queda como telón: se habla de inversores y usuarios sin entrar en datos, beneficios o dilemas éticos.

Con seis episodios de duración moderada, ‘#Amor’ podría haber culminado su arco, pero prefiere dejar cabos sueltos para una continuación. Esa decisión diluye el impacto de un relato que ya de por sí se sostiene sobre certezas previsibles. La serie oscila entre la comedia ligera y el análisis del cortejo digital, y en ese vaivén pierde mordiente. La factura técnica impecable, con una fotografía que embellece Chennai y una banda sonora eficaz, subraya la paradoja: un producto sobre la conexión humana que rara vez deja que sus criaturas se ensucien con dudas reales. Lekshmi y Das salvan los muebles con profesionalidad, pero la función se queda en un entretenimiento pulido que confunde la superficie reluciente con hondura.