Cerramos el repaso internacional de 2018 con la recta final de la lista, del 20 al 1. Aquí se concentran algunos de los trabajos más comentados del año, aquellos que han resistido el paso de los meses, más allá del simple efecto novedad, y han marcado de verdad a la comunidad de Mindies.
Del jazz colosal de Kamasi Washington al bedroom pop generacional de Boy Pablo, pasando por la reinvención de MGMT o el nuevo giro de Beach House, esta selección resume la diversidad estilística y la curiosidad permanente que intentamos reflejar en la web.
20
Cloud Nothings
Last Building Burning · Wichita
Dylan Baldi y compañía firman aquí uno de sus discos más viscerales y oscuros, potenciando al máximo la agresividad que siempre asomaba en su propuesta. Last Building Burning suena casi como si hubiesen querido capturar en estudio la crudeza de sus directos, sin renunciar a los estribillos melódicos heredados del post hardcore. Más que cambiar de rumbo, fijan de forma definitiva sus señas de identidad, entregando un álbum que funciona como válvula de escape para cualquier acumulación de enfado.
19
U.S. Girls
In a Poem Unlimited · 4AD
Megan Remy alcanza aquí el que probablemente sea el punto álgido de su carrera. A través de un pop que seduce desde el primer segundo, se sumerge en el corazón de la Norteamérica contemporánea, apoyándose en el funk, el soul y guitarras maleables que engrandecen cada tema. Canciones como “Rage of Plastics” muestran cómo recupera la esencia soul no como mero adorno estético, sino como herramienta para amplificar un mensaje político y emocionalmente cargado.
18
Villagers
The Art of Pretending to Swim · Domino
Conor O'Brien mira hacia su debut, pero desde una madurez emocional mucho más asentada. En The Art of Pretending to Swim reaparecen las letras íntimas y confesionales de siempre, esta vez atravesadas por dudas sobre la fe, la salvación o la espiritualidad. Baterías y sintetizadores electrónicos abren nuevos caminos sonoros sin romper la familiaridad de fondo, logrando un equilibrio muy reconfortante entre lo analógico y lo digital que convierte a este disco en el trabajo más ambicioso del irlandés.
17
Kamasi Washington
Heaven and Earth · Young Turks
Todo en Kamasi Washington es desmesurado, y este disco no es la excepción: más de dos horas y media de jazz expansivo, espiritual y sin complejos. Heaven and Earth se planta frente a la cultura de la inmediatez con un torrente de ideas que van del latin jazz al funk pesado, pasando por pasajes casi cinematográficos. El saxofonista vuelve a demostrar que su ambición creativa no conoce límites y que su música está pensada para escucharse como una experiencia total.
16
Rhye
Blood · Loma Vista
Blood retoma la delicadeza de Woman, pero girando hacia un sonido más orgánico y menos electrónico. La voz de Milosh, siempre ambigua y sedosa, vuelve a ser el centro de un R&B elegante donde cada arreglo está colocado con mimo. El disco refleja cambios personales y sentimentales sin caer en el dramatismo fácil, manteniendo una atmósfera íntima que convierte cada tema en una pequeña confesión nocturna.
15
Father John Misty
God's Favorite Customer · Bella Union
Josh Tillman aparca aquí buena parte del histrionismo de Pure Comedy para firmar su disco más vulnerable. Grabado en apenas un par de meses, God's Favorite Customer condensa un periodo emocionalmente convulso en canciones que suenan a confesión cruda, con el soft-rock de siempre como vehículo. Temas como “The Songwriter” muestran a un Father John Misty menos centrado en alimentar su propio mito y más dispuesto a enfrentar sus demonios de frente.
14
Christine and the Queens
Chris · Because Music
Hélöise Letissier regresa con un personaje fortalecido, más masculino y desafiante, que da nombre al disco. Chris es un álbum eléctrico que mezcla pop y funk ochentero con letras sensuales, personales y llenas de ambición. Si en Chaleur Humaine predominaba la frustración frente a la norma social, aquí se impone la figura de una mujer poderosa que ha decidido dejar de disculparse, reivindicando su deseo y su identidad a golpe de hit bailable.
13
Julia Holter
Aviary · Domino
Con Aviary, Holter vuelve a su vertiente más densa y barroca, reuniendo una catarata de ideas que se sostienen sobre su habitual solemnidad. Tras una etapa de directos en formato casi desnudo, aquí se lanza al extremo opuesto: arreglos exuberantes, estructuras laberínticas y letras que hablan del proceso de deshumanización contemporáneo. El resultado es una obra exigente pero llena de recompensas, que reafirma su posición como una de las figuras clave del pop experimental de la última década.
12
Ty Segall
Freedom's Goblin · Drag City
El hiperactivo Ty Segall arranca 2018 con uno de sus trabajos más inspirados y variados. Freedom's Goblin abre con vientos soul, se atreve con guiños funky, ahonda en su garage habitual y se permite incluso momentos de emoción despojada donde el ruido desaparece. El disco demuestra que su versatilidad no tiene techo y que, cuando enfoca bien el tiro, es capaz de transformar cualquier influencia en algo plenamente reconocible como propio.
11
IDLES
Joy as an Act of Resistance · Partisan Records
El segundo álbum de los británicos es casi un manual para entender el clima político y social actual: rabia, tensión y decepción canalizadas en doce cortes de punk combativo. Compartiendo espíritu con bandas como Fucked Up o Sleaford Mods, IDLES mezclan guitarrazos y consignas con un poso teórico nada banal. Canciones como “Danny Nedelko” o “Never Fight a Man with a Perm” invitan tanto al pogo como a la reflexión, convirtiendo el disco en un himno contra el cinismo y la apatía.
10
John Coltrane
Both Directions at Once · Verve Label Group
Esta grabación perdida de 1963 rescata al cuarteto clásico de Coltrane en plena forma, poco antes de acometer A Love Supreme. Lejos de sus obras más emblemáticas, Both Directions at Once funciona como una pieza menor en su catálogo, pero aun así se sitúa entre los grandes discos de jazz publicados en 2018. Entre estándares reconocibles y exploraciones más arriesgadas, el álbum recuerda por qué Coltrane sigue siendo, décadas después, una figura central del siglo XX musical.
9
Mitski
Be the Cowboy · Dead Oceans
El disco que termina de consolidar a Mitski como una figura de primera línea. Be the Cowboy reúne muchas de las constantes de su obra —guitarras afiladas, letras directas, humor agridulce— en canciones más concisas y afiladas que nunca. La artista exhibe fragilidad, deseo y ambición sin filtros, dejando claro que quiere ser recordada y que sus temas están hechos para permanecer mucho más allá del hype del momento.
8
Car Seat Headrest
Twin Fantasy (Face to Face) · Matador Records
Will Toledo decide regrabar uno de sus discos clave de la etapa Bandcamp, convencido de que aquella obra juvenil aún no estaba terminada. El nuevo Twin Fantasy suena más grande, más claro y más definido, sin perder nada de la intensidad emocional del original. Amores obsesivos, dudas, deseos y escenas cotidianas se encadenan con su habitual sentido del humor, convirtiendo el álbum en un retrato brutalmente honesto de la vida a los 19 años pasado por el filtro de un compositor mucho más experimentado.
7
Spiritualized
And Nothing Hurt · Bella Union
Jason Pierce vuelve a tirar de música espiritual y arreglos suntuosos para entregarnos otro trabajo emocionalmente devastador. And Nothing Hurt combina coros ascendentes, guitarras que reaparecen cuando menos lo esperas y letras marcadas por el paso del tiempo. Cada canción parece reconocer las heridas sin recrearse en ellas, reforzando la sensación de que Spiritualized sigue siendo un proyecto único a la hora de convertir lo agridulce en pura belleza.
6
Low
Double Negative · Sub Pop
Lejos del slowcore más reconocible de sus inicios, Low se atreven aquí con su trabajo más desconcertante y radical. Double Negative desintegra melodías, distorsiona voces y juega con el silencio como un elemento más, creando texturas ásperas que, sin embargo, conservan el halo casi angelical de siempre. La ausencia de estructuras claras obliga a escuchar el disco con máxima atención, premiando al oyente con una experiencia tan críptica como hipnótica.
5
Superorganism
Superorganism · Domino
El hype en torno a Superorganism cristaliza en un debut que abraza el pop hiper melódico de la era internet. Samples, efectos de sonido cotidianos y un sentido del humor cercano a Gorillaz se combinan con la voz de Orono, que cuenta historias cotidianas con distancia irónica. Concebido a distancia entre varios países y consolidado en Londres, el proyecto encarna de lleno una forma muy siglo XXI de entender la banda pop como colectivo global.
4
Jungle
For Ever · XL Recordings
El segundo larga duración de Jungle refuerza todo lo bueno de su debut, añadiendo más dinamismo y matices a su mezcla de soul y funk contemporáneo. Cada una de las trece canciones podría funcionar como single, gracias a un trabajo rítmico impecable y a la atención obsesiva por los detalles de producción. For Ever es un disco válido tanto para escuchas íntimas como para grandes celebraciones, capaz de emocionar desde los arreglos y desde la pista de baile.
3
Boy Pablo
Soy Pablo · U OK? / 777 Records
El noruego confirma todo el revuelo generado en internet con un mini-LP de siete canciones donde pule su estética y sonido. Soy Pablo mantiene el corazón bedroom pop y la influencia de Mac DeMarco, pero con una producción más limpia y madura que en Roy Pablo. Sus historias de amor y desamor, lejos de sonar manidas, invitan al baile y se pegan de inmediato, convirtiéndole en uno de los grandes iconos juveniles de esta generación.
2
Beach House
7 · Bella Union
Tercer álbum en cuatro años y cero síntomas de desgaste. Con 7, el dúo de Baltimore vuelve a reinventarse dentro de los límites del dream pop, acercándose a guitarras más ruidosas y ambientes que oscilan entre la turbulencia y la calma. Las referencias a Cocteau Twins siguen ahí, pero ahora aparecen filtradas por una sensibilidad más cercana al shoegaze. El uso de las texturas y las capas demuestra que Beach House todavía encuentra nuevas formas de sonar reconocibles y, a la vez, renovados.
1
MGMT
Little Dark Age · Columbia Records
Siempre esquivos y reacios a repetir fórmula, MGMT firman en Little Dark Age un giro oscuro y ochentero donde los sintetizadores y las melodías deformadas mandan. Lejos de buscar hits evidentes, el disco parece concebido a partir de “antisingles” que, sin embargo, terminan resultando profundamente adictivos. Entre destellos de glam enrarecido y pop casi depresivo, el dúo se recrea en una especie de anestesia brillante, cuestionando de paso el brillo y el glamour de toda una década desde dentro.
