Primavera Sound 2026 se presenta como un terreno fértil para descubrir artistas que no buscan la atención inmediata, sino el tipo de conexión que deja huella. Entre los grandes nombres y los escenarios multitudinarios, siguen existiendo esos espacios donde la sorpresa cobra forma, donde lo inesperado se convierte en el verdadero centro de gravedad del festival. Las propuestas que aquí destacamos comparten una idea: la autenticidad como resultado de la coherencia y el riesgo. No se trata de llenar titulares ni de perseguir el aplauso, sino de mostrar proyectos que entienden la creación como una extensión de la vida y que proponen mirar la música con una atención distinta, más libre y más exigente.
Annahstasia se presenta como una voz que desafía los moldes del R&B, uniendo soul, folk y jazz con una sensibilidad que apuesta por la fricción antes que por la complacencia. April, desde Irlanda, representa el valor de la independencia real: un pop directo, sin adornos, construido desde la observación precisa de los vínculos personales y sus rupturas. Bassvictim llegan con una electrónica abrasiva que convierte el error en forma y la saturación en lenguaje, una declaración sobre el caos como reflejo de nuestra época. Candelabro traen desde Chile una lectura política y corporal de la fe, explorando el poder de la religión como espejo de las tensiones sociales. Florence Road ofrecen un rock que retrata la confusión de crecer con franqueza y energía, transformando la amistad y la contradicción en motor creativo. Gal Go propone un jazz disidente, irregular y vital, que encuentra sentido en la dispersión y en la mezcla como forma de pertenencia.
The New Eves reinventan el folk británico con una fuerza ritual que convierte la tradición en una herramienta de resistencia. NEW YORK exploran la electrónica desde el anonimato y la frialdad tecnológica para hablar de cercanía y aislamiento en la era digital. The Sophs apuestan por un rock sin filtros, lleno de ironía, exceso y claridad moral. Spill Tab representa el equilibrio perfecto entre pop y riesgo, usando la mezcla de lenguas, géneros y emociones como un mapa personal. Diez nombres distintos, unidos por una misma ambición: construir desde la honestidad y el impulso creativo. En un festival que celebra la variedad y el descubrimiento, estos artistas no compiten por visibilidad, sino que amplían las formas posibles de conectar. En pleno 2026, el Primavera Sound vuelve a ser un lugar donde las revelaciones surgen sin previo aviso, y donde lo más valioso sigue ocurriendo cuando nadie lo espera.
Annahstasia
Annahstasia ha construido su trayectoria desde la firmeza de quien entiende la creación como un espacio de resistencia frente a lo impuesto. En lugar de seguir la corriente que pretendía dirigirla hacia un R&B complaciente, decidió conservar la aspereza natural de su voz y el tono irregular de su interpretación como una seña de identidad. Esa decisión sostiene toda su obra: la artista escribe con una atención minuciosa al peso real de cada palabra, situando la voz en el centro de un diálogo entre el soul, el folk y el jazz. En ‘Tether’, su primer largo, esa combinación alcanza una forma clara: cada tema se apoya en arreglos que buscan mantener la sensación de presencia, evitando el artificio y apostando por la crudeza de lo inmediato. Las canciones ‘Be Kind’, ‘Villain’, ‘Take Care of Me’ y ‘Unrest’ analizan las tensiones entre la entrega y la autonomía dentro de una relación. La artista retrata la convivencia entre afecto y libertad como un terreno inestable que requiere decisión constante. ‘Silk and Velvet’ y ‘Satisfy Me’ amplían esa idea, al explorar cómo la coherencia personal puede mantenerse frente a la presión social o al deseo de agradar. En ‘All Is. Will Be. As It Was.’, acompañada por aja monet, la unión de voz y palabra genera un diálogo sobre la dependencia afectiva y el modo en que las personas se sostienen mutuamente, mientras ‘Slow’, junto a Obongjayar, convierte ese intercambio en una reflexión sobre la calma como forma de resistencia. El cierre con ‘Believer’ une los temas que recorren el disco: el aprendizaje que sigue al conflicto, la serenidad que llega tras el desorden y la comprensión de que el cariño necesita tiempo para tomar forma. ‘Tether’ muestra a una artista que entiende la creación como una forma de escucha, una manera de observar lo que permanece en medio del ruido cotidiano, sin idealizarlo, pero con la certeza de que en esa observación se encuentra su fuerza.
April
April se ha convertido en una figura que representa la independencia real dentro del pop actual, una artista que entiende la creación como un proceso de trabajo constante más que como una fórmula de éxito. Su trayectoria comenzó con un ordenador portátil y una idea clara: aprender sola a construir canciones que hablaran de su entorno sin recurrir a adornos innecesarios. Esa forma de entender la composición se mantiene en ‘An Axe To Grind’, un EP que resume con claridad su evolución y su carácter. Cada pieza se apoya en una mirada directa, sin dramatismo, donde la intimidad deja paso a una observación precisa de los vínculos personales y de la dificultad de mantenerlos cuando el tiempo, la distancia y la rutina modifican la percepción del afecto. ‘Going Nowhere’, ‘Stretch’ y ‘Puppy’ exponen esa distancia afectiva con una frialdad que no renuncia a la ternura, mientras ‘I Love You’ y ‘Burden’ insisten en el valor de los pequeños actos que sostienen una convivencia cuando la comunicación se agota. En ‘TV Show’, la artista contrapone deseo y ficción, retratando una vida cotidiana marcada por la sobreexposición, en la que la identidad parece depender del reflejo ajeno. El cierre con ‘Axe To Grind’ actúa como una síntesis de todo el conjunto, planteando la calma como una forma de recuperación tras el aislamiento y la duda. La voz de April se adapta a cada cambio de tono sin perder claridad, guiada por guitarras limpias y arreglos que dejan espacio a la respiración de cada palabra. El disco ofrece una visión lúcida de la independencia como proceso de reconstrucción, mostrando a una artista que entiende el pop como una herramienta para analizar las contradicciones del presente y transformar la soledad en una afirmación de voluntad.
Bassvictim
Bassvictim se han construido desde la convicción de que el error puede ser un punto de partida válido. Maria Manow e Ike Clateman entienden la electrónica como un lenguaje imperfecto que refleja mejor el ritmo del mundo actual que cualquier intento de pureza o corrección técnica. Su disco ‘Forever’ traduce esa idea en una serie de piezas que suenan como el resultado de un enfrentamiento constante entre control y desorden. El proyecto renuncia a cualquier búsqueda de perfección para mostrar lo que ocurre cuando la espontaneidad se convierte en criterio. Lo que podría parecer un fallo acaba funcionando como impulso, y esa forma de trabajar les permite crear un sonido que transmite urgencia sin perder coherencia. ‘It’s Me Maria’ abre el disco con una voz multiplicada que juega con la confusión y la presencia simultáneamente, marcando una dirección en la que cada capa sonora adquiere sentido por acumulación y choque. ‘27a Pitfield St.’ ofrece un momento de tregua antes de que ‘Dog Tag Freestyle’ irrumpa con un tono abiertamente político, donde la agresividad verbal se transforma en crítica social directa. En ‘Grow Up!!!’, el dúo retrata la madurez como una etapa donde la contradicción forma parte del aprendizaje, sin necesidad de disimularla. ‘Wolves Howling’ y ‘Lil Maria’ enfrentan pasado y presente con la misma intensidad: una revisa el miedo, la otra rescata la inocencia con serenidad. ‘Grass is Greener’ expone el deseo de comparación y la frustración que genera, mientras ‘Mr. President’ convierte la ironía en un arma frente a la manipulación política. El cierre con ‘Final Song’ devuelve toda la energía inicial, confirmando que la saturación puede ser un lenguaje válido para describir una época que vive entre el exceso y la exposición continua. ‘Forever’ demuestra que Bassvictim encuentran sentido en el caos, usándolo como espejo de una realidad que prefiere lo inmediato a lo pulido.
Candelabro
Candelabro se han consolidado dentro de la escena chilena por su manera de tratar los temas religiosos sin convertirlos en símbolos vacíos. Su propuesta se basa en una idea de la fe entendida como conflicto, donde la historia, la culpa y el deseo se mezclan sin jerarquías. En ‘Deseo, Carne y Voluntad’, el grupo utiliza esa tensión para construir un discurso que no busca consuelo, sino comprensión de lo que implica creer en un entorno marcado por la desigualdad y la herencia cultural. Cada composición utiliza el lenguaje religioso como una herramienta para hablar del presente, situando la espiritualidad en contacto con la realidad social. El disco no pretende idealizar la fe, sino examinarla como una fuerza que puede sostener o destruir según quién la ejerza y con qué propósito. Las canciones ‘Las copas’ y ‘Domingo de Ramos’ plantean ese enfoque desde el principio, revisando los rituales heredados con una mezcla de ironía y respeto. ‘Prisión de carne’ y ‘Tumba’ se centran en la tensión entre deseo y penitencia, dejando claro que la pureza se convierte en un límite artificial cuando se usa como herramienta de control. En ‘Ángel’ y ‘Liebre’, la voz se multiplica para representar la convivencia entre pasado y presente, entre lo que se recuerda y lo que todavía se teme. ‘Pecado’ y ‘Tierra’ vinculan fe y política sin disimulo, transformando la plegaria en una afirmación colectiva contra la injusticia. El tramo final con ‘Fracaso’, ‘Tres flores blancas’ y ‘Cáliz’ busca una calma que no implica olvido, sino aceptación de las cicatrices como parte del aprendizaje. ‘Deseo, Carne y Voluntad’ convierte la tensión entre lo espiritual y lo terrenal en un análisis lúcido del poder y la resistencia, situando a Candelabro como un grupo que utiliza la religión para hablar de la responsabilidad, la redención y la permanencia de la culpa en la sociedad actual.
Florence Road
Florence Road se han posicionado como una de las bandas más sólidas del nuevo rock irlandés por su forma de transformar la energía juvenil en canciones que se apoyan en la franqueza y el ritmo antes que en la nostalgia. El grupo, integrado por Lily Aron, Emma Brandon, Ailbhe Barry y Hannah Kelly, surgió de una amistad nacida en la adolescencia y de la necesidad de convertir esa complicidad en un espacio donde la música funcionara como una extensión natural de sus conversaciones. Su mixtape ‘Fall Back’ marca el paso de la improvisación inicial hacia una visión más definida, sin perder el impulso que caracteriza a las bandas que trabajan con honestidad y con una conciencia clara de su entorno. Lo que distingue a Florence Road es la manera en que combinan guitarras con textura grunge y una sensibilidad heredada del pop, utilizando los cambios de ritmo para dar forma a emociones directas, sin dramatismo ni artificios. Las canciones ‘Heavy’, ‘Caterpillar’ y ‘Figure It Out’ giran en torno a la confusión y al deseo de encontrar estabilidad sin abandonar la intensidad del momento. En ‘Goodnight’, el grupo transforma la frustración en una descarga compartida, mientras ‘Break the Girl’ y ‘Storm Warnings’ revelan un lado más sombrío, en el que la fuerza se impone a la duda. ‘Fall Back’ funciona como una representación precisa de lo que significa crecer dentro de un entorno donde la presión social y la búsqueda de identidad chocan constantemente. La banda utiliza la contradicción como motor creativo, y ese equilibrio entre caos y lucidez les permite transmitir con claridad una visión sobre la amistad, la frustración y el deseo de pertenecer. Florence Road logran que cada canción suene como una conversación real entre quienes aprenden a madurar sin renunciar a la intensidad que los define, consolidando así un lenguaje propio dentro del rock juvenil actual.
Gal Go
Gal Go, proyecto del músico argentino Ignacio Salvadores, representa una de las aproximaciones más personales al cruce entre el jazz y la canción experimental de los últimos años. Su trabajo se apoya en una idea clara: la creación como una forma de registro vital, sin filtros ni artificios que intenten dar unidad a algo que por naturaleza está lleno de cambios. En ‘solo quiero ser tu perro’, reúne diecinueve piezas grabadas a lo largo de casi una década en distintas ciudades, lo que convierte al disco en una especie de archivo vivo donde cada canción conserva la marca del tiempo y del lugar donde fue concebida. Más que una obra cerrada, el conjunto funciona como un retrato fiel del proceso de un músico que ha aprendido a convertir la dispersión en una forma de pensamiento. Los temas ‘brújula’ y ‘13 de febrero’ sitúan al saxofón como guía, una extensión de la voz que sostiene el hilo entre lo confesional y lo narrativo. En ‘barefeet’, junto a Archy Marshall, el sonido se vuelve más áspero, y esa aspereza marca el tono del resto del disco: un recorrido que asume la imperfección como verdad estética. ‘des hecho’ y ‘des pasito’ introducen guitarras que amenazan con desbordarse, equilibradas por la calma de ‘Titita’, una pieza que conserva un aire casi infantil y que actúa como pausa dentro del conjunto. ‘otro pájaro lejano’ cierra el recorrido con un solo de saxofón que funciona como monólogo y despedida a la vez, una muestra de cómo el aire puede transformarse en sustancia emocional sin necesidad de artificio. En ‘solo quiero ser tu perro’, Gal Go da sentido al desarraigo a través del sonido, demostrando que el desplazamiento también puede ser una forma de pertenencia y que la identidad, en su caso, se define por la mezcla, la improvisación y la persistencia.
The New Eves
The New Eves se han convertido en una banda clave dentro del nuevo folk británico por su capacidad para unir fuerza, teatralidad y una mirada crítica sobre los mitos heredados. Formadas en Brighton por Nina Winder-Lind, Ella Russell, Josie Rea y Grace Vardy, las integrantes parten de la tradición inglesa para darle una nueva vida a través de arreglos directos y una interpretación que combina agresividad y control. Su primer disco, ‘The New Eve Is Rising’, parte de una idea clara: recuperar el mito de la mujer salvaje como una figura libre de culpa y obediencia, capaz de tomar el deseo como una forma legítima de poder. Esa intención se mantiene firme en todas las canciones, que mezclan percusión seca, violines tensos y voces que se alternan entre la dulzura y la rabia, con un resultado que se siente físico y convincente. El disco se inicia con ‘The New Eve’, donde la frase “eats what she wants to, every fruit from every tree” resume la base conceptual del grupo: una libertad que no se justifica y que se asume como derecho. En ‘Highway Man’, reescriben el poema clásico de Alfred Noyes desde la mirada de la amante, dándole un sentido de justicia y coraje que antes estaba ausente. ‘Cow Song’ combina momentos de serenidad con explosiones descontroladas, mientras ‘Astrolabe’ explora la relación entre sensualidad y violencia con un tono casi ceremonial. ‘Volcano’ cierra esa tensión con una intensidad que parece surgir del suelo, condensando la energía que atraviesa todo el disco. ‘The New Eve Is Rising’ representa una manera de entender el folk como herramienta política y vital, donde lo ancestral deja de ser símbolo de docilidad para transformarse en un espacio de rebelión compartida. The New Eves plantean una obra que reivindica la autonomía femenina desde la acción y no desde la teoría, utilizando el sonido como una forma directa de reivindicar poder y pertenencia.
New York
NEW YORK se han consolidado como un dúo que entiende la electrónica desde una idea poco habitual: el anonimato como elección y la ausencia de imagen como una forma de discurso. Gretchen Lawrence y Coumba Samba han construido un proyecto que da prioridad al sonido frente a cualquier elemento accesorio, algo que en una época obsesionada con la exposición pública se convierte en una decisión con peso político. Su EP ‘Push’ muestra hasta qué punto esa visión puede transformarse en contenido. A lo largo de seis canciones, el grupo analiza cómo la vida digital afecta las relaciones personales, modificando la manera en que las personas sienten cercanía o aislamiento. No existe un tono de denuncia, sino una observación precisa de lo que implica convivir con pantallas que median casi todos los vínculos. El inicio con ‘alone’ presenta la idea central del disco a través de una voz repetitiva que dice “Erase you from my head / Where I can’t stand”, creando una sensación de obsesión y rutina que retrata bien la ansiedad de un mundo hiperconectado. ‘together’ y ‘2 am’ desarrollan ese clima desde otro punto de vista: el deseo de comunicación que se pierde en conversaciones cortadas, en impulsos que nunca alcanzan contacto real. El grupo logra que la aparente frialdad de la electrónica se convierta en un reflejo de la vida actual, donde el control y la distancia conviven con la necesidad constante de afecto. ‘city’ cierra el EP y funciona como síntesis: la repetición de una frase que pide contacto en medio del ruido urbano define la paradoja que atraviesa todo el trabajo. ‘Push’ convierte la confusión digital en una forma de retrato generacional, describiendo con precisión cómo la intimidad se redefine en un entorno que confunde comunicación con presencia y ruido con compañía.
The Sophs
The Sophs se han ganado un lugar propio dentro del panorama del rock alternativo por su manera de mezclar humor, crítica y desahogo con una naturalidad que evita cualquier pose. El grupo, integrado por Ethan Ramon, Sam Yuh, Austin Parker Jones, Seth Smades, Devin Russ y Cole Bobbitt, parte de una idea clara: la ironía puede servir como una herramienta para hablar de la culpa, la necesidad de validación y la frustración que genera el deseo de encajar en un sistema que premia la apariencia. Su debut, ‘GOLDSTAR’, editado por Rough Trade, es un trabajo que convierte el exceso en su principal argumento. El disco está lleno de contrastes: teatralidad y crudeza, humor y rabia, exhibición y vergüenza. Esa combinación los sitúa en una posición incómoda pero también muy real, donde la honestidad no se expresa desde la solemnidad, sino desde la exageración. El álbum abre con ‘THE DOG DIES IN THE END’, una especie de cabaret retorcido que expone pensamientos crueles sobre una base de acordeón. ‘GOLDSTAR’ refuerza ese carácter paródico con un rasgueo flamenco que acompaña una reflexión sobre la moral y la necesidad de reconocimiento. ‘DEATH IN THE FAMILY’ juega con melodías luminosas mientras mantiene un tono sarcástico, y ‘SWEAT’ lleva la tensión a su punto más alto alternando calma y estallido. ‘SWEETIEPIE’ presenta la ternura como una trampa, y ‘BLITZED AGAIN’ transforma la rabia en celebración mediante un coro casi espiritual. ‘A SYMPATHETIC PERSON’ muestra a un narrador que utiliza la compasión como defensa, una figura que resume la ambigüedad que atraviesa todo el disco. El cierre con ‘I’M YOUR FIEND’ concentra el sentido del conjunto: la sinceridad y la farsa pueden convivir sin anularse. ‘GOLDSTAR’ convierte la imperfección en un principio de trabajo y demuestra que The Sophs logran que la contradicción se escuche como una forma honesta de mirar la realidad sin dramatismo.
Spill Tab
Spill Tab, nombre artístico de Claire Chicha, se ha consolidado como una figura clave dentro del pop alternativo por su manera de unir géneros y lenguas sin necesidad de imponer fronteras. Nacida en París y establecida en Los Ángeles, la artista franco-coreana ha construido su carrera desde la independencia y el aprendizaje constante, combinando el inglés y el francés con naturalidad y convirtiendo esa mezcla en una marca de identidad. Su primer largo, ‘Angie’, publicado en 2025, muestra una intención clara: crear un espacio donde el pop conviva con la experimentación sin perder su sentido de cercanía. El disco se mueve entre momentos de calma y explosión, entre deseo y pérdida, con un sonido que combina elementos de bossa-funk, electroclash, R&B y folk ambiental, generando una sensación de continuidad dentro de la diversidad. ‘Pink Lemonade’ abre el recorrido con percusiones secas y metales que crean un ambiente cálido y artificial, una entrada directa que da paso a ‘Adore Me’ y ‘Assis’, dos piezas que muestran una escritura más íntima y un uso del sintetizador que amplía la sensación de introspección sin caer en solemnidad. ‘Athlete’ y ‘By Design’ tratan la confusión entre control y exposición, mostrando cómo la artista convierte la fragilidad en una herramienta expresiva. ‘Hold Me’ incorpora un ritmo cadencioso que recuerda a una bossa nova distorsionada, y ‘De Guerre’ aporta una energía casi agresiva, guiada por frases en francés que transmiten deseo y frustración con precisión. Las canciones funcionan como capítulos de una misma historia donde el movimiento constante es la única certeza. El tramo final, con ‘Doesn’t That Scare You?’ y ‘Wet Veneer’, ofrece una sensación de calma que no elimina la tensión acumulada. ‘Angie’, pieza central del conjunto, condensa el mensaje principal: asumir el caos como parte natural del proceso creativo. Spill Tab demuestra que la coherencia no depende de la uniformidad, sino de la honestidad con la que se afrontan las contradicciones personales y sonoras.
