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Los 10 conciertos del Primavera Sound Barcelona 2026 que no deberías perderte



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El Primavera Sound Barcelona 2026 se plantea como una celebración del desorden bien entendido. Su encanto no está en la organización perfecta, sino en la deriva: en esos momentos que se escapan del plan inicial y acaban marcando la memoria de quien los vive. Cada edición funciona como un territorio en movimiento donde la intuición manda más que los horarios, y donde las líneas que separan estilos o generaciones se disuelven sin esfuerzo. El festival se ha convertido en un lugar donde lo inesperado adquiere sentido. Las actuaciones que mejor definen su espíritu no siempre ocupan los grandes escenarios, ni precisan de multitudes para dejar una huella. Lo que permanece es esa sensación de estar en el sitio justo cuando algo empieza a cobrar forma, sin advertencia. Asistir al Primavera implica aceptar el azar como compañero de viaje, dejar que la curiosidad guíe y permitir que el oído trace su propio recorrido a través de la música en directo. El cartel de 2026 refuerza esa idea de búsqueda constante. No se trata de nombres concretos, sino de la variedad de voces que lo componen, de su manera de entender la música como espacio de encuentro y riesgo. Cada artista aporta una mirada distinta sobre el tiempo que habitamos, un ritmo diferente para una misma emoción compartida, ampliando el mapa sonoro del festival de música. Más que un escaparate, el Primavera Sound se concibe como una experiencia que sucede en presente. Su valor está en esa mezcla de expectación y desconcierto que empuja a seguir avanzando, aunque no haya meta clara. Lo que propone este año es, sencillamente, escuchar con atención y dejar que la música haga su trabajo: ordenar el caos durante un instante y, después, devolverlo al mundo con una forma nueva. Por todos estos motivos, os presentamos los 10 conciertos esenciales que consideramos imprescindibles en su próxima edición.

Alex G

Alex G, nombre artístico de Alexander Giannascoli, ha edificado una obra que examina la tensión entre el candor y la deformidad del sonido, transitando desde grabaciones caseras en Filadelfia hasta alcanzar con Headlights una madurez consciente. En este décimo trabajo, el compositor abandona la distorsión densa de etapas previas para adentrarse en una claridad que no busca pulcritud, sino franqueza. Cada canción parece una escena donde el afecto, la culpa y la supervivencia se exponen sin maquillaje, sostenidas por melodías que avanzan con la obstinación de quien intenta mantener la calma en mitad del desconcierto cotidiano. En ‘June Guitar’, su voz emerge sin trucos, situando la fragilidad como eje narrativo. ‘Afterlife’ recurre a la exaltación para transformar el miedo en impulso vital, mientras que en ‘Beam Me Up’ se reconoce en la contradicción entre deseo y subsistencia: el dinero como medio de afecto y la ternura como forma de resistencia. Esa dialéctica recorre el álbum entero, donde cada verso sirve como crónica del desencanto contemporáneo, incapaz de separar lo íntimo de lo económico. ‘Louisiana’ y ‘Bounce Boy’ incorporan imágenes bélicas y absurdas que evidencian una visión moral tensa, heredera de un país que no ha sabido reconciliar su fe con su violencia. ‘Oranges’ ofrece una tregua, un paisaje rural donde el tiempo parece suspenderse, y ‘Far and Wide’ concluye el recorrido con una aceptación serena de la dispersión interior. La biografía sonora de Alex G revela un creador que ha aprendido a convivir con la duda sin convertirla en consigna, capaz de mirar su propio desconcierto como materia artística y ética.

Big Thief

Big Thief han construido una identidad que entiende la música como un medio de convivencia, una forma de pensamiento compartido. Formado en Brooklyn por Adrianne Lenker, Buck Meek y James Krivchenia tras la marcha del bajista Max Oleartchik, el grupo ha sabido conservar la unión que dio sentido a sus inicios, depurando su sonido sin perder la naturalidad que lo distingue. Su sexto trabajo, Double Infinity, se presenta como una reflexión sobre el tiempo, el amor y la persistencia de la vida frente a la erosión de la fe y la memoria colectiva. ‘Incomprehensible’ abre el conjunto con la conciencia del paso de los años y la voluntad de reconciliar el presente con la herencia familiar. La voz de Lenker busca en esa fragilidad una forma de permanencia que rehúye la solemnidad. En ‘Words’, el lenguaje se convierte en un espejo de la mente, en ‘Los Angeles’ el paisaje norteamericano funciona como metáfora del deseo y de su pérdida, y en ‘All Night All Day’ la idea de amor se resignifica como impulso que atraviesa la contradicción entre placer y sacrificio. Cada canción elabora una mirada moral sobre la ternura, entendida no como refugio, sino como disciplina para seguir creyendo en la posibilidad de un vínculo verdadero. El título ‘Double Infinity’ sugiere una paradoja deliberada: la eternidad dentro de lo finito. Esa idea se amplifica en ‘No Fear’, donde Lenker borra las fronteras entre patria y memoria, y en ‘Grandmother’, que convierte la transmisión familiar en una liturgia de resistencia. El cierre, ‘How Could I Have Known’, reafirma esa convicción: el afecto no se disuelve, se transforma. Big Thief demuestra así que la canción puede ser un espacio de ética cotidiana, un ejercicio de escucha que dignifica lo común.

Blood Orange

Blood Orange ha desarrollado una trayectoria que ha desafiado las fronteras entre la cultura popular y la experimentación. Dev Hynes, su creador, ha edificado un lenguaje propio desde que abandonó la escena británica de los dos mil para hallar en Estados Unidos una identidad capaz de unir la memoria colectiva negra con las herencias electrónicas y urbanas de su generación. Essex Honey devuelve esa búsqueda al lugar de origen: el condado que le vio crecer, convertido en símbolo de pérdida, nostalgia y redención. La obra se articula como una elegía luminosa dedicada a su madre. Cada composición se despliega como un recuerdo reconstruido, donde el duelo se funde con la observación del entorno cotidiano. En ‘Look at You’, el pasado se presenta como un eco imposible de retener. ‘Thinking Clean’ transforma la culpa en reflexión serena, mientras que ‘The Train (King’s Cross)’ asocia el viaje físico con la reconstrucción del yo. ‘Countryside’ propone un refugio temporal en la naturaleza inglesa, que actúa como contrapunto a la frialdad urbana evocada en ‘The Last of England’. Hynes convierte la melancolía en una forma de resistencia frente a la despersonalización contemporánea. Las colaboraciones con Lorde, Caroline Polachek o Mustafa funcionan como presencias que acompañan sin imponerse, difuminadas dentro de un entramado coral que representa la comunidad como única posibilidad de consuelo. El tono general oscila entre el soul introspectivo y el pop vaporoso, siempre atravesado por un lirismo que busca comprender la fragilidad sin convertirla en exhibición. ‘Life’ y ‘Vivid Light’ culminan el recorrido con la aceptación de la pérdida como continuidad, un acto de afirmación vital que otorga sentido al conjunto.

Buscabulla

Buscabulla representan uno de los proyectos más sólidos y singulares del panorama latino actual. Formado por Raquel Berrios y Luis Alfredo Del Valle, el dúo puertorriqueño ha trazado una trayectoria que une la herencia caribeña con las texturas del pop contemporáneo. Su segundo trabajo, Se Amaba Así, continúa el relato iniciado con ‘Regresa’, donde reflexionaban sobre el regreso a su tierra tras el huracán María. En esta nueva etapa, el foco se traslada a la intimidad de su relación y a la manera en que el amor se transforma con el paso del tiempo. El álbum se abre con ‘El Camino’, que plantea la sensación de desorientación dentro de una relación marcada por los ciclos de partida y reencuentro. Berrios articula en ‘Miraverahí’ el deseo de distancia como forma de renovación afectiva, mientras que en ‘De Lejito’ aparece la esperanza del reencuentro como motor de deseo. La voz de Luis Alfredo Del Valle toma protagonismo en ‘El Empuje’ y ‘Mortal’, aportando una perspectiva complementaria sobre la entrega y el riesgo compartido. Ambos logran equilibrar la serenidad con la tensión, construyendo un retrato honesto sobre los vínculos amorosos y sus fracturas. ‘Mi Marido’ introduce una mirada hacia la tradición mediante un fragmento de Paquitín Soto que se funde con la dulzura pop del dúo. La canción celebra la complicidad como fuerza política: el afecto entendido como pacto de resistencia frente a la inercia emocional y la precariedad cotidiana. El tema que da nombre al disco, ‘Se Amaba Así’, condensa esa búsqueda de redención a través del reconocimiento del pasado familiar. En conjunto, el trabajo reafirma a Buscabulla como cronistas de la experiencia caribeña moderna, capaces de conectar la ternura con la crítica social sin perder precisión poética.

mark william lewis

Mark William Lewis se ha convertido en una de las figuras más singulares del panorama británico reciente. Su trayectoria encarna una tensión constante entre la fragilidad de la voz y la densidad de las imágenes que evoca. Criado en Stamford Hill, en el norte de Londres, creció entre lecturas de Eliot y Ginsberg, influencias que marcaron su manera de comprender la palabra como un acto moral antes que estético. Su carrera comenzó en espacios improvisados del sur de la ciudad, donde se consolidó junto a colectivos como Bar Italia y Double Virgo, y alcanzó una proyección internacional con su debut ‘Living’, una reflexión sobre la finitud y la persistencia. Su incorporación al sello A24 con el álbum homónimo Mark William Lewis representa una ampliación de su universo. Las canciones fluyen entre la confesión y el desarraigo, atrapadas en una atmósfera que mezcla lo cinematográfico con lo íntimo. ‘Still Above’ abre el conjunto con un tono de plegaria, donde la calma se revela como un intento de sobrevivir al pensamiento constante. En ‘Spit’, el malestar físico se funde con la culpa y la herencia familiar, mientras que ‘Tomorrow Is Perfect’ sugiere una ironía melancólica ante la idea de redención. Su voz, casi un susurro, transforma cada imagen en una forma de consuelo: la tristeza se acepta como parte del paisaje mental. Lewis mantiene una relación ambigua con las tradiciones del rock británico. Recupera el legado de Talk Talk o Bark Psychosis, pero lo distorsiona hasta alcanzar una espiritualidad laica, donde el error se convierte en expresión. Su uso del silencio, las pausas y las repeticiones logra que lo cotidiano adquiera una densidad poética infrecuente. ‘Mark William Lewis’ confirma a un autor que entiende la música como una ética del lenguaje, una forma de resistencia frente al ruido del presente.

Melt Banana

Melt-Banana han mantenido durante tres décadas una trayectoria que escapa a cualquier clasificación establecida. Formado en Tokio por Yasuko Onuki y Ichiro Agata, el dúo ha construido una obra que desafía la lógica sonora y convierte la agresión en una forma de vitalidad. Desde sus inicios en los noventa, su música ha funcionado como una descarga eléctrica que combina el caos del hardcore, la precisión del punk y la abstracción digital. 3+5, su noveno trabajo, condensa toda esa herencia en veinticuatro minutos que actúan como un manifiesto de supervivencia dentro de un mundo saturado de repeticiones y simulacros. ‘Code’ abre el conjunto con una energía que parece surgir de un cortocircuito perpetuo, donde los sonidos electrónicos se retuercen hasta adquirir una cualidad casi biológica. En ‘Puzzle’ y ‘Case D’, la velocidad se convierte en una forma de éxtasis colectivo: el ruido como expresión de libertad frente al control tecnológico. ‘Stopgap’ y ‘Scar’ muestran la ambición del grupo por encontrar belleza dentro de la distorsión, revelando un sentido de celebración que desafía la idea de violencia. En ‘Whisperer’ y ‘Seeds’ emerge una claridad insólita, como si la tormenta dejara entrever un paisaje nuevo tras el estallido. El logro de Melt-Banana reside en su capacidad para transformar el desorden en lenguaje. Su relación con el ruido nunca es destructiva; persigue la energía del error como metáfora del deseo de crear algo irrepetible. A través de cada corte, el grupo reafirma una ética del exceso que no busca agradar, sino alterar la percepción. ‘3+5’ certifica que Onuki y Agata continúan empujando los límites del sonido hasta convertirlo en un espacio de comunión feroz y liberadora.

Men I Trust

Men I Trust han consolidado una identidad que combina precisión formal y serenidad melódica. Formado en Montreal por Emmanuelle Proulx, Jessy Caron y Dragos Chiriac, el grupo ha sabido convertir la calma en una forma de resistencia frente al vértigo contemporáneo. Desde los primeros trabajos de su etapa electrónica hasta la calidez de ‘Oncle Jazz’ y la introspección atmosférica de ‘Untourable Album’, su trayectoria describe un perfeccionismo discreto, ajeno a los excesos y a las modas pasajeras. ‘Equus Asinus’ abrió en 2025 una nueva etapa marcada por el acercamiento al folk y la búsqueda de una voz más desnuda. Canciones como ‘I Come With Mud’ o ‘Bethlehem’ exploran la lentitud como virtud, estableciendo un ritmo interior que convierte lo cotidiano en un espacio de contemplación. La voz de Proulx actúa como hilo conductor, sin dramatismo, evocando la fragilidad de los afectos sin caer en sentimentalismo. Ese equilibrio entre lo íntimo y lo colectivo alcanza una dimensión nueva en Equus Caballus, segundo capítulo del díptico, donde el grupo abraza con decisión los sonidos ochenteros y la luminosidad sintética. ‘To Ease You’ marca el tono del conjunto con su impulso melancólico, mientras ‘Billie Toppy’ y ‘Where I Sit’ introducen una energía contenida que transforma la nostalgia en movimiento. En ‘Another Stone’ y ‘The Better Half’, el trío plasma el conflicto entre estabilidad y deseo, mostrando cómo el amor puede sostenerse incluso dentro de la incertidumbre. El resultado es una obra que combina sencillez y precisión, capaz de convertir la dulzura en una forma de lucidez. Men I Trust encuentra en este equilibrio su fuerza más duradera: la capacidad de construir belleza sin ruido, a través de la constancia y la elegancia.

Rilo Kiley

Rilo Kiley representan una de las historias más elocuentes del rock estadounidense reciente. Fundado en Los Ángeles por Jenny Lewis y Blake Sennett, el grupo nació de una coincidencia: dos antiguos actores que decidieron abandonar los guiones ajenos para escribir los suyos propios. En esa ruptura con la industria del espectáculo se forjó su identidad: una escritura sin adornos, con la que exploraron los conflictos del deseo, la frustración y el poder desde una mirada femenina que desafiaba la ironía dominante de su tiempo. El debut homónimo, conocido también como ‘The Initial Friend EP’, reveló una voz que se atrevía a unir sarcasmo y ternura, donde temas como ‘The Frug’ y ‘85’ insinuaban ya una sensibilidad aguda hacia la contradicción entre independencia y dependencia afectiva. Con ‘Take Offs and Landings’ afianzaron un lenguaje que mezclaba el folk con la melancolía urbana, mientras que The Execution of All Things marcó su consagración: un álbum que abordaba el desencanto generacional a través de relatos autobiográficos y observaciones políticas envueltas en melodías luminosas. Lewis alternaba la dulzura con una mordacidad calculada, haciendo de su voz un instrumento de confrontación moral. ‘More Adventurous’ llevó esa dualidad a un terreno más ambicioso, con composiciones que oscilaron entre la confesión íntima y la crítica social. Finalmente, ‘Under the Blacklight’, editado por Warner Bros., se adentró en un territorio más sensual y sombrío, sin renunciar al análisis del deseo como mercancía. Tras su disolución en 2013 y su regreso en 2025, Rilo Kiley ha sido reconocido como una banda que supo retratar la fragilidad y la resistencia de una generación que buscó en la ironía una forma de verdad.

Smerz

Smerz han desarrollado una trayectoria que redefine los límites entre el pop, la electrónica y la performance. Formado por Catharina Stoltenberg y Henriette Motzfeldt, el dúo noruego surgió en Copenhague en una etapa de experimentación doméstica, cuando compartían piso y un ordenador prestado. De esa precariedad técnica nació un lenguaje que une precisión y espontaneidad, marcado por la coexistencia entre lo analítico y lo instintivo. Desde sus inicios, su propósito ha sido convertir la tecnología en un espacio de intuición, donde el error adquiere valor expresivo. ‘Okey’ y ‘Have fun’ revelaron esa primera etapa de búsqueda, con composiciones que se movían entre la ironía y la ansiedad. Cada ritmo parecía diseñado para representar una tensión constante entre control y deseo. Con ‘Believer’, el proyecto amplió su escala: las cuerdas y los coros convivían con estructuras digitales que exploraban el deseo, la pérdida y el desconcierto de lo cotidiano. En ese punto, Smerz consolidó su identidad como autoras de un pop que respira desde la fragilidad, más cercano al susurro que a la proclamación. ‘Allina’ significó una ruptura irónica. Concebido como un experimento sobre la fama y el artificio, convirtió la parodia del estrellato en un espejo crítico de la cultura visual contemporánea. Las frases cortas y las melodías afiladas creaban un retrato incómodo de la obsesión por la apariencia. Finalmente, Big city life sintetiza toda su evolución: un álbum que observa la soledad urbana desde una serenidad adquirida, donde las calles, los silencios y los gestos mínimos se transforman en metáforas del aprendizaje vital. Smerz han conseguido convertir la colaboración en método. Su obra refleja la importancia del diálogo, la escucha mutua y la voluntad de despojar el pop de artificio. En su recorrido, la modernidad no se entiende como ruptura, sino como continuidad entre tradición y tecnología, entre cálculo y emoción.

Water From Your Eyes

Water From Your Eyes se han convertido en una de las voces más lúcidas del pop experimental contemporáneo. Rachel Brown y Nate Amos iniciaron el proyecto en Nueva York como un espacio de experimentación compartida, una forma de registrar el ruido cotidiano y transformarlo en relato. Desde sus primeras grabaciones, su método se ha basado en la fricción: cada tema parece surgir de un choque entre lo melódico y lo caótico, entre el desencanto urbano y una búsqueda obstinada de sentido. It’s A Beautiful Place representa la culminación de ese equilibrio. El título, deliberadamente contradictorio, define su propuesta: un paisaje donde lo bello convive con lo corrosivo. ‘One Small Step’ inaugura el recorrido con un pulso mecánico que simula el arranque de una maquinaria desgastada. En ‘Life Signs’, Brown lanza versos como “Go to hell, take the train”, mientras repite “I’m unfulfilled, I’m in a beautiful place”, resumen de la paradoja que sostiene todo el álbum: habitar un mundo saturado y aun así encontrar destellos de vitalidad. ‘Nights in Armor’ y ‘Born 2’ consolidan la densidad sonora del conjunto, donde la repetición se convierte en método para expresar la fatiga de una sociedad que avanza sin dirección. En ‘Rocket’ y ‘Spaceship’, la estructura se disuelve en una especie de delirio espacial que refleja la desorientación contemporánea, mientras que ‘Playing Classics’ introduce una ironía cruel sobre la vida urbana: “You’re in debt or well, you’re nothing at all”. Finalmente, ‘Blood on the Dollar’ y ‘For Mankind’ devuelven el ciclo a su punto de partida, cerrando el relato con una calma inquieta. Water From Your Eyes entienden la contradicción como motor creativo. En su obra, la saturación mediática, la precariedad y el deseo se entrelazan hasta formar una crónica del presente. ‘It’s A Beautiful Place’ no busca consuelo, sino una manera de mirar el caos sin apartar la vista.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.