Audrey Keelin · Nicholas Byrne · Henry Cutting · Michael Matsakis
Hiding Places construyen canciones que nunca corren, pero tampoco se quedan quietas. Esa tensión entre el movimiento lento y la inmovilidad agitada vertebra 'The Secret To Good Living', su primera entrega. El cuarteto formado por Audrey Keelin, Nicholas Byrne, Henry Cutting y Michael Matsakis lleva años refinando un sonido que nace en encuentros rurales, donde la paciencia para desarrollar un arreglo prima sobre cualquier urgencia. Nicholas Byrne compuso el estribillo de 'Waiting' rememorando la agonía de un familiar, y ese origen funerario impregna todo el trabajo: cada riff sucio o rasgueo acústico parece surgir de la necesidad de procesar algo que se desvanece. En 'Dead Dove (Your Love Was Never a Waste of Time)', la banda sostiene una calma tensa durante más de la mitad del tema, repitiendo ese verso como un mantra contra el vacío, hasta que la distorsión irrumpe y luego se retira, dejando paso a una guitarra limpia. Ese baile entre el estruendo y el susurro es el verdadero motor del álbum.
Esa dualidad se extiende a la forma de narrar las relaciones. El grupo escribe desde una primera persona plural que a veces se desdobla, y sus letras rara vez apuntan a un destinatario fijo. En 'One Hand', la confesión inicial "I took too long" se transforma más adelante en un reproche lanzado hacia fuera: "You took too long". La misma demora, antes asumida como culpa propia, se revela como una herida infligida por otro. El oyente asiste a ese giro sin aviso, acompañado por un solo de guitarra que araña y consuela a la vez. El bajista y el batería generan una base que empuja las guitarras hacia el borde del colapso, pero evitan que todo llegue a desmoronarse. 'Waiting' lleva esa mecánica al terreno de la anticipación amorosa, con esa imagen del "broken glass beside the highway" que sugiere un accidente ya ocurrido o a punto de ocurrir. La banda mantiene esa ambigüedad en suspensión.
La melancolía que atraviesa el repertorio nunca deriva en autocompasión y se convierte en una forma de atención al presente. 'Heat Lightning' toma su nombre de esos relámpagos que anuncian una tormenta que nunca llega, y los acordes menores y el bajo denso recrean esa amenaza suspendida. El cuarteto maneja los tiempos con una seguridad poco frecuente en un debut: alargan las estrofas hasta rozar la incomodidad y aun así encuentran un punto de fuga, ya sea un estribillo o un solo que actúa como exhalación. Las voces de Keelin y Byrne se entrelazan como dos personas que se turnan para hablar de la misma pena. En 'Pile of Thought', el sonido se reduce a casi nada, a una respiración y unas palabras repetidas ("I woke up"), demostrando que entienden el poder de lo mínimo para retratar el momento justo en que la conciencia emerge. El cierre con 'Forget It All' evita un gran final catártico y apuesta por un desvanecimiento elegante, como quien apaga la luz sabiendo que el día siguiente será igual de pesado.
Henry: Mafera Park (en Ridgewood, Queens), para jugar al baloncesto.
Nicholas: Últimamente, mi grabadora de cuatro pistas. Cuando me pongo los cascos y me pongo a cantar y a tocar la guitarra con los ojos cerrados… estoy en otro lugar completamente distinto. Durante mucho tiempo he trabajado con programas de audio en el ordenador, pero hace poco empecé un trabajo de día que me tiene más horas frente a la pantalla y me ha acabado dando repelús pasar mi tiempo creativo en el mismo aparato.
Audrey: Parecido a lo que dice Nicholas: el universo al que vamos cuando tocamos música juntos.
Michael: Para mí, cualquier momento en el que vuelvo andando a casa por Brooklyn a altas horas de la noche, escuchando música o en silencio.
Henry: Richmond, Virginia. Siempre conocemos a gente muy maja cuando tocamos allí, se come bien y tienen una escena musical local estupenda.
Audrey: Bisbee, en Arizona. Es un pueblo de montaña encantado con altares secretos escondidos en las colinas. Eso me gusta. Además, hay muchísimos perros.
Michael: Si te digo la verdad, Nueva York sin más.
Henry: 'El cantante de góspel', de Harry Crews. Es el primer libro que leo de Harry Crews. Ofrece un retrato crudo de la vida en los pueblos pequeños del sur profundo que yo mismo experimentaba cuando visitaba a mis parientes en Carolina del Norte. A medio camino entre un estado onírico y la realidad, es una mirada descarnada a cómo sobrellevamos las tragedias y cómo nos las apañamos para encontrar nuestro sitio en el mundo.
Nicholas: 'Ishmael', de Daniel Quinn. Crecer en una sociedad hipercapitalista como la de Estados Unidos puede distorsionarte mucho las prioridades, y este libro me ha ampliado muchísimo la perspectiva sobre cuánta energía dedicarle al dinero y a los esfuerzos por controlar o perfeccionar aspectos de la vida que, en el fondo, escapan a mi control. Confiar en el "valor" más allá de lo cuantificable es todo un arte perdido en el contexto de las posesiones materiales.
Audrey: 'Mi Ishmael', de Daniel Quinn. Ahora mismo estoy leyendo todo lo que puedo de Daniel Quinn. Su optimismo me da mucha energía. Su forma de escribir me ha cambiado por completo la manera de componer canciones. También tuve una etapa parecida con Harry Crews, leyendo todo lo que caía en mis manos. Me gusta mucho 'El acolchado de América'.
Michael: Yo también estoy con 'Ishmael', de Daniel Quinn. No puedo expresar lo importante que es que todo el mundo aprenda, en cierta medida, los conceptos que se describen en este libro.
Henry: 'Mind Game', del director Masaaki Yuasa. Es una película de animación experimental sobre la vida, la muerte y el autodescubrimiento con un estilo artístico muy singular. Va oscilando entre la animación tradicional, la imagen real y unos gráficos low-poly que parecen sacados de la PlayStation 2. ¡Y la banda sonora es una pasada!
Michael: 'Petscop' ha influido en prácticamente todas las decisiones creativas que he tomado en los últimos cinco años.
Audrey: Hace poco vi 'Corazones en llamas', de Aurélien Peyre, en el Lincoln Center. Me gustó que no tuviera un desenlace claro; lloré mientras me tomaba un helado al salir.
Michael: Los proyectos largos y de ritmo pausado: desde pasarme un fin de semana horneando o cuidando el huerto comunitario hasta trabajar en un videojuego a lo largo de varios años.
Audrey: Pasar tiempo con amigos, hablando y luego sin hablar.
Henry: Paseos muy, muy largos (de más de dos horas).
Nicholas: Bailar en la más absoluta oscuridad al son de Led Zeppelin y Black Sabbath cuando tenía unos cuatro años, mirando los vúmetros del equipo de música de mi familia en Durham. Sentía un asombro absoluto y una inmersión total.
Michael: Hasta que tuve seis o siete años, mi madre nos despertaba a mi hermana mayor y a mí cantándonos siempre la misma canción alegre. Así que esa canción es probablemente el primer recuerdo que tengo de la música. Muchas de mis primeras experiencias musicales son ultrapositivas.
Audrey: Fabricar instrumentos con materiales reciclados viejos llenos de alubias, cuentas o arroz en el jardín trasero de mi guardería.
Henry: Dar pataditas al asiento del copiloto en el Volvo de mis padres al ritmo de la radio. Ellos pensaban que iba a ser bailarín de claqué.
Michael: Esto suele surgir donde sea…
Audrey: Detrás de mis párpados.
Henry: Llevamos en nuestro local de ensayo más de tres años. Está un poco sucio y abarrotado de cosas, pero es un espacio tan familiar que escribir y ensayar allí nos sale de forma natural.
Audrey: 'Shrine' de Nathanael Jordan, en casete. Lo compré el Bandcamp Friday porque tenía ganas de escuchar este disco. Literalmente no puedo parar de escucharlo.
Michael: 'Dog Island', de Oh Stone and Will Younts. Y también 'The Lower Forty Eight', de Fif.
Nicholas: Hace poco me compré una guitarra Kay de cuerdas de acero reconvertida por Scott Baxandale, que, al menos para mí, es uno de los lutieres con más talento que hay. Es de los años cincuenta, tiene la acción bajita y un tacto muy cálido al tocarla. En los últimos años he estado tocando más la guitarra eléctrica, y tener esta guitarrilla me está cambiando el tipo de canciones que escribo; es un instrumento muy inspirador para cogerlo y tocar. Además, lleva una pastilla, así que he estado saturando a tope los previos de la Tascam 414 y consiguiendo una saturación de otro mundo.
Audrey: Nicholas me ha regalado una grabadora de cuatro pistas porque es un tío genial y la leche de generoso.
Henry: Una bolsa para baquetas. Por fin tengo dónde guardar todas las baquetas que no sea el fondo de la mochila.
