Entrevistamos a

Worthitpurchase

" Al final todo se reduce a intentar hallar belleza en los aspectos más mundanos y rutinarios de la vida diaria, que muchas veces parecen aburridos, e incluso tienes que aprender a idealizarlos un poco."



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La trayectoria de Worthitpurchase arranca en San Francisco en 2019, cuando Omar Akrouche y Nicole Rowe comenzaron a completar mutuamente sus composiciones tras largas jornadas en el estudio Tiny Telephone. Con ‘Worthitpurchase’, su tercer trabajo y el primero en consolidar una formación de directo ampliada, presentan un conjunto de piezas desarrolladas a lo largo de varios años donde se combinan recuerdos suburbanos, referencias a la cultura digital y una observación constante del presente. Las letras de canciones como ‘Something New’ o ‘Sideways’ retratan relaciones marcadas por la rutina, la ansiedad y el desconcierto, mientras se intercalan imágenes inesperadas como “LA love is a dodecahedron” o “What makes a hummingbird drop dead?”. Este modo de escribir sitúa lo íntimo en un espacio extraño, donde la ternura convive con la incomodidad. En ‘Big Canada’ o ‘Ancient Suburb’, los escenarios familiares aparecen transformados hasta volverse irreconocibles, proyectando la dificultad de volver a un origen que ya no existe. Por su parte, ‘Random Numbers’ o ‘Lakeshore’ recurren a la memoria adolescente para confrontarla con una vida adulta plagada de desencuentros.

El sonido de ‘Worthitpurchase’ se construye con guitarras acústicas y eléctricas que se mezclan con banjos, sitares o sintetizadores clásicos, siempre alterados mediante pedales, cajas de ritmos y procesadores digitales. Este juego de confusión sonora refuerza la idea de estar ante un paisaje en constante mutación. Canciones como ‘Eye’ introducen banjo y bongós junto a efectos electrónicos procesados, mientras ‘Nokia Forever’ enlaza guitarras con bases de machinedrum y teclados retro. En ‘Heaven on Earth’, el piano y las texturas de sintetizador crean un espacio ensoñador que contrasta con la crudeza de la letra. Cada pieza se presenta como una escena detallada que oscila entre la nostalgia y la extrañeza, reflejando la tensión entre la promesa de futuro y la realidad cotidiana que Worthitpurchase describe con precisión. Aprovechando lo inminente del lanzamiento de este nuevo disco, entrevistamos al grupo.

Creo que algunas de vuestras canciones transmiten una sensación de desilusión bastante profunda, pero las melodías y la producción siempre dejan pasar un poco de luz. ¿Sentís que existe esa ambivalencia de felicidad en vuestra música, como si hubiera momentos de claridad o alegría para el oyente, aunque la producción siempre tenga un matiz más serio?

Nicole: Creo que… no sé, intentamos equilibrar ambas cosas. Pero al mismo tiempo, hay ciertos temas o ciertas letras donde no buscamos exagerar, y entonces intentamos contrastarlas y compensarlas con la música. Aun así, muchas veces lo que escribimos no es tan oscuro como para que la música tenga que sonar exageradamente luminosa en contraste. Más bien es una declaración general, como tú dices, ambivalente, que simplemente describe cómo son las cosas. No sé… Omar, ¿qué dirías tú?

Omar: Diría que, en mi caso, cuando era adolescente descubrí que me gustaba mucho la música que jugaba con esa yuxtaposición: canciones que sonaban de una manera, pero con letras que contaban otra historia. Me di cuenta de que me identificaba mucho con eso y me parecía muy guay. Pero no creo que lo hagamos así con Worthitpurchase. Creo que lo nuestro es un poco distinto. Una cosa que siempre tenemos en mente cuando escribimos y presentamos canciones es: ¿cómo podemos hacer que se sientan inmediatas? Queremos que estén ahí, que tengan cierta obviedad. Me gustan mucho los discos densos y profundos que invitan a una escucha atenta, pero también me atrae la música que va directa al grano. Y en este disco, a nivel de letras, muchas veces la idea ha sido: vayamos directos, acerquemos las cosas al oyente, hagámoslo evidente, incluso divertido. Así que, en realidad, creo que este álbum es bastante: “lo que ves es lo que hay”, pero de una forma en la que, con suerte, todavía se pueda sacar mucho de él, si es que me explico.

 

En ‘Nokia Forever’ aparecen teléfonos de tapa, notas de sueños escritas en móviles antiguos y hasta juegos de infancia con objetos que hoy parecen arcaicos. ¿Qué os atrae de rescatar tecnologías obsoletas y darles un lugar central en vuestra música?

Omar: Tengo algunas ideas sobre esto, aunque la que escribió ‘Nokia Forever’ fue Nicole. Diría que vivimos en una realidad muy distinta de la que nos prometieron cuando éramos niños, de ocho, nueve o diez años. Recuerdo las películas que veía entonces, sobre lo que sería ser adolescente, y proyectaban una realidad completamente distinta a la que nos tocó vivir. En lugar de eso, lo que nos llegó fueron los smartphones, la disforia de estar siempre delante de pantallas, la presión de publicar constantemente y vivir en internet. Nos subimos al tren digital demasiado jóvenes, y eso descarriló un poco lo que yo pensaba que sería crecer. Esa idea conecta también con el concepto de “suburbio antiguo”, que está presente de alguna manera en ‘Nokia Forever’. Nicole puede explicar mejor lo que quiero decir.

Nicole: Sí, estoy de acuerdo con Omar. Había mucho optimismo tecnológico en aquella época, esa sensación de esperanza y entusiasmo con las nuevas tecnologías y con la posibilidad de conectar con el mundo. Parecía que sería algo positivo para todos. Yo crecí justo después del boom de “las punto com”, y al final hemos acabado experimentando sobre todo la parte negativa: aislamiento. Aun así, ‘Nokia Forever’ surgió de algo muy concreto: mi novio, cansado del iPhone, decidió usar un Nokia de tapa durante un tiempo. La letra cuenta esa historia tal cual. Él dependía de mi móvil para muchas cosas, porque con el Nokia no podía apuntar notas en mitad de la noche, ni usar mapas cuando conducía, ni hacer tareas cotidianas. Al final volvió al smartphone, pero durante ese año usó solo el teléfono de tapa, y resultaba curioso. En aquella época la gente estaba obsesionada con mandar mensajes, también había mucho ciberacoso, claro, pero ahora miramos hacia atrás y pensamos: “ojalá fuera ese el tiempo en lugar del que vivimos hoy”, aunque también tuviera sus problemas.

"Recuerdo las películas que veía entonces, sobre lo que sería ser adolescente, y proyectaban una realidad completamente distinta a la que nos tocó vivir. En lugar de eso, lo que nos llegó fueron los smartphones, la disforia de estar siempre delante de pantallas."

'Lakeshore' está llena de recuerdos que parecen distorsionados, como los barcos que se asemejan a papel pintado infantil; ¿Sentís que todos aquellos recuerdos infantiles distorsionados son un espacio creativo que os inspira mucho?

Nicole: Creo que mucho de lo que escribo surge de ponerme en un lugar concreto, como dicen: “escribes sobre lo que conoces”. Tiendo a escribir sobre cosas que me resultan muy visuales en mi mente. A veces ni siquiera son experiencias propias, sino imágenes que me imaginaba de niña o ideas que llevaba mucho tiempo en mi cabeza, alrededor de las cuales construía un mundo. Aunque no sean recuerdos reales, siguen siendo nostálgicos porque pertenecen a esa época. Por ejemplo, la canción ‘Lakeshore’ está inspirada en un viaje de acampada en el que vi cosas preciosas, pero en realidad la raíz de la canción habla de lo que yo imaginaba que sería ir a un campamento de verano en Estados Unidos, algo que nunca viví, pero que me inspiraba mucho.

Omar: Sí, y todo eso lo absorbes de series, películas y de la experiencia colectiva: volver de las vacaciones y escuchar a todo el mundo hablar de esas cosas una y otra vez, aunque tú nunca las hubieras vivido en primera persona. Todo terminaba pareciéndote un sueño, algo lejano pero muy real.

En vuestro disco los instrumentos se disfrazan de otros: un banjo que suena electrónico, guitarras que parecen sintetizadores… ¿cómo decidís cuándo transformar un timbre y cuándo dejarlo en su forma más pura?

Nicole: Normalmente no pensamos: “hagamos que suene como otra cosa”. Lo que pensamos es: “¿cómo logramos el tono que queremos?”. Si tengo a mano una guitarra y unos pedales que me dan ese sonido, pues lo uso, aunque termine sonando como un sintetizador. Es la herramienta para llegar a ese resultado. También lo hacemos para sacar las canciones de la caja en la que a veces caen durante la grabación. Queremos encontrar formas nuevas y curiosas de subvertir las expectativas.

Omar: Exacto. Mis grandes referentes musicales han sido auténticos magos en transformar unos sonidos en otros. Desde pequeño, con ocho o nueve años, aluciné escuchando a Jimi Hendrix y pensando: “¿qué está pasando aquí?”. O escuchando a The Beatles con sonidos al revés, ralentizados o acelerados. Luego descubrí la musique concrète y ese mundo acusmático en el que los sonidos no sabes de dónde vienen, y precisamente por eso los escuchas de verdad. Creo que cuando un sonido te resulta familiar lo oyes a través de un filtro, lo das por hecho: “es una guitarra, ya sé cómo suena”, y dejas de prestar atención. Pero cuando lo disfrazas o lo distorsionas, obligas a la gente a escucharlo de verdad. Para mí, eso es lo fascinante de My Bloody Valentine: es tan difícil poner el dedo en lo que ocurre que acabas obsesionado con escucharlo.

 

Trabajasteis como ingenieros en Tiny Telephone, rodeados de muchísimos equipos y procesos de grabación. ¿Qué aprendizajes de esa experiencia han sido importantes para este proyecto?

Omar: Creo que hablo por los dos al decir que pasar tanto tiempo allí nos cambió la vida. A mí, desde luego, por completo. Allí aprendí casi todo lo que hago a diario. Estaban los otros ingenieros, todo aquel equipo raro, todas las bandas que entraban y que me dejaban grabarlas y crear cosas con ellas… Eso me ayudó a tomarme en serio lo de Worthitpurchase y a darme cuenta de que era posible: si puedes hacerlo para otros, también puedes hacerlo para ti.

Nicole: Sí. Algo que me sorprendió es que muchos estudios tienen una cultura muy rígida y rara, donde antes de poder grabar tienes que “probarte” haciendo tareas absurdas. Tiny Telephone era justo lo contrario: querían que grabaras lo máximo posible, que experimentaras, que aprendieras. No te frenaban, al revés: te animaban a equivocarte y a pedir ayuda cuando la necesitaras. Era un entorno nutritivo y estimulante para aprender a grabar música.

En ‘Something New’ comparáis el amor en Los Ángeles con un “dodecaedro”. ¿Por qué elegir una metáfora geométrica tan compleja para hablar de un sentimiento tan fuerte?

Omar: Yo no soy de California, pero llevo aquí mucho tiempo y vivo en Los Ángeles desde 2020. Me encanta esta ciudad: es inmensa, única, no hay nada igual. Siempre digo a mis amigos: si no puedes ser feliz aquí, será difícil serlo en otro sitio, porque Los Ángeles lo tiene todo, aunque tenga su propia lógica y sus rarezas. Esa línea la escribí después de apenas un año viviendo aquí. Me parecía que resumía mucho sin necesidad de explicarlo todo, dejando espacio a la interpretación, pero transmitiendo lo especial e incomprensible que es este lugar.


Nicole: Exacto. Es una ciudad tan inmensa que tiene muchísimos lados muy distintos y contrastados entre sí, y esa es parte de su magia. Yo también adoro Los Ángeles y siempre lo digo. Pienso que quienes no lo disfrutan es porque esperan que la ciudad les dé algo sin ofrecer nada a cambio, y así es imposible. Aquí hay atascos, hay fealdad, pero al mismo tiempo hay una belleza inmensa, compleja y contradictoria. Es el dodecaedro.

"Cuando un sonido te resulta familiar lo oyes a través de un filtro, lo das por hecho: “es una guitarra, ya sé cómo suena”, y dejas de prestar atención. Pero cuando lo disfrazas o lo distorsionas, obligas a la gente a escucharlo de verdad."

En ‘Eye’ habláis de barrios imposibles de pagar y en ‘Big Canada’ de un hogar perdido. ¿Son parte de una misma reflexión sobre pertenencia y pérdida?

Omar: Muy buena observación.

Nicole: Sí, creo que se conecta incluso con lo que decíamos antes sobre la tecnología. Piensas que la casa de tu infancia siempre va a estar ahí, exactamente igual que siempre, como si fuese algo eterno, pero en realidad no es así, y cuando lo compruebas por primera vez se convierte en un choque muy fuerte y difícil de asimilar. Es parecido a cuando sigues el camino que te han dicho desde pequeño que debes recorrer para conseguir ciertas metas o alcanzar determinados logros, y de pronto descubres que ya no funciona de esa manera, que los tiempos han cambiado y que lo que antes servía ahora ha dejado de tener valor. Esa experiencia de desajuste y desconcierto es la que impregna de fondo a ambas canciones.

En ‘Heaven on Earth’ un apartamento modesto se convierte en escenario casi trascendente. ¿Tiene que ver con la necesidad actual de encontrar belleza en medio de lo duro que puede ser el día a día?

Nicole: Sí, totalmente. Cuando escribí ‘Heaven on Earth’, y también la primera versión de ‘Nokia Forever’, estaba en una etapa en la que pasaba muchísimo tiempo sola porque no podía permitirme salir casi nunca. Sentía que cualquier cosa que quisiera hacer fuera de casa costaba de repente cuarenta dólares o más, incluso lo más sencillo, y esa sensación me hacía encerrarme todavía más. En ese contexto, trataba de convencerme a mí misma de que podía encontrar consuelo simplemente en mi propia compañía y en mi entorno inmediato. Al final todo se reduce a intentar hallar belleza en los aspectos más mundanos y rutinarios de la vida diaria, que muchas veces parecen aburridos, e incluso tienes que aprender a idealizarlos un poco.

 

En directo habéis tocado con formaciones muy variables, de dúo a sexteto. ¿Cómo influye esa flexibilidad en la manera en que experimentáis con el sonido en el estudio?

Omar: En realidad no influye mucho. En el estudio nos centramos en que la canción suene como debe sonar. Luego, cuando llega el momento de tocar en vivo, pensamos cómo adaptarla según la formación que tengamos. La banda nació en un momento en el que teníamos muchas ganas de hacer música, pero ni coches, ni local de ensayo, ni batería… solo el estudio Tiny Telephone. Así que lo hicimos con lo que había. A día de hoy seguimos igual: ensayamos en mi salón, escribimos canciones en el suelo o en la cama con las guitarras. El lema de la banda es usar lo que tienes. A veces somos cinco o seis en el escenario y sacamos partido de todo, y otras, como la semana pasada, fuimos solo Nicole y yo. Al final se trata de confiar en la canción y en el otro, dejar que hable por sí misma y honrarla lo mejor que podamos, sin obsesionarnos con los detalles.

"Piensas que la casa de tu infancia siempre va a estar ahí, exactamente igual que siempre, como si fuese algo eterno, pero en realidad no es así, y cuando lo compruebas por primera vez se convierte en un choque muy fuerte y difícil de asimilar."

En todas nuestras entrevistas pedimos que el artista deje una pregunta para la siguiente banda. ¿Cuál sería la vuestra?

Omar: Vale. Mi pregunta sería: ¿cuál fue tu videojuego favorito de la infancia? Y también podríais preguntarles cuál es su primer recuerdo relacionado con un olor.

Nicole: La mía sería: ¿qué desayunas más a menudo?

Tengo una pregunta para vosotros de parte de Samira Winter: si pudierais elegir cualquier horario para escribir canciones o hacer un disco, ¿cuál escogeríais? ¿Preferiríais trabajar de noche o de día? ¿Cuánto tiempo a la semana os gustaría dedicar a la música? ¿Cuál sería vuestro horario ideal?

Omar: Creo que Nicole y yo pensamos lo mismo. Yo soy muy de día. Para mí, la mejor hora para escribir es la “hora azul”, porque tiene un aire misterioso.

Nicole: Para mí también, la hora azul. Aunque en realidad suelo escribir más por la tarde, antes de que llegue la noche, porque es cuando hay más calma y yo me siento más con energía mental, anticipando lo que pasará después.

Omar: Yo solo consigo escribir canciones cuando debería estar haciendo otra cosa. Esos son los momentos en que se me ocurre lo mejor: cuando llego tarde a una cena y me digo “tengo que sacar esta canción ya”. Ahí es cuando compongo cosas guays.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.