Alex Toth lleva un tiempo trazando una carrera que esquiva las etiquetas con naturalidad, y su nuevo trabajo bajo el nombre Tōth afianza esa manera de proceder. Quien fuera cofundador de Rubblebucket entrega aquí un conjunto de canciones donde el origen de las mismas suele responder a impulsos muy diversos, desde la meditación silenciosa hasta la disciplina casi lúdica de componer una pieza diaria para sortear el perfeccionismo. Esta entrega surge tras un período de reelaboración intenso, desechando una versión completa del álbum por no ajustarse a lo que requería, lo que indica una forma de entender la creación alejada de automatismos. Las letras transitan donde la duda convive con afirmaciones rotundas como la de 'Not Broken', y la reflexión se tiñe de ironía luminosa en 'Triangle People', donde Caroline Rose aporta un estribillo que convierte la queja en algo comunitario.
Rose en la producción empuja a Toth a recuperar la energía de sus directos más afilados. En 'Spiraling' las capas se acumulan sin perder el aire, con la guitarra distorsionada ensanchando un estribillo de pop artesano, mientras que en 'Easy' la dejadez aparente esconde precisión de relojero. El humor aborda la desazón sin edulcorarla, como en 'Ice Cream', y la trompeta se integra como interlocutor, a veces en ráfagas y otras plegándose hasta desaparecer. La amistad con Kimbra encuentra reflejo en 'Touching', un dueto susurrado donde las voces se enredan. La idea de "matar al Buda" se traduce en confiar en el instinto, desechar lo que no vibra y mantener un núcleo instrumental fijo que otorga cohesión. Al final, Toth no ofrece certezas, sino la compañía de quien sabe que seguir requiere ojos abiertos y oídos atentos a lo que llega sin avisar. Aprovechando lo nuevo de este lanzamiento, hemos tenido el placer de entrevistar al músico.
El título del álbum, 'And The Voice Said', evoca una idea de guía o revelación. ¿Podrías contarme cómo se manifiesta esa “voz” en tu proceso de composición? ¿Es algo que buscas activamente o simplemente aparece por sí sola?
Es algo precioso sobre lo que reflexionar y no es fácil ponerlo en palabras. Recuerdo estar en la ducha, a finales de 2024, riéndome en voz alta o llorando con una sensación muy profunda de asombro y pensando: “¡Estoy tan agradecido por estas canciones! ¡Qué regalo! No tienen por qué venir, ¡y aun así vienen!”. Me refería a una nueva tanda de canciones que surgieron a finales de 2024 y que estarán en mi próximo disco. “Soy taaaaan afortunado”, pensé.
La “voz”, o el “mensaje”, como me gusta llamarlo, siempre está llegando de una forma u otra. Fluye a través de nosotros y a nuestro alrededor todo el tiempo. Y el mensaje está siempre cambiando y moviéndose. A veces cojo un instrumento, me conecto a eso, y empieza a tomar forma por sí solo, siempre que lo permita. Desde luego “puedo” darle forma, pero es un tira y afloja delicado, una cuestión de acompañar el proceso.
Otras veces me da un golpe en la cabeza cuando no lo estoy buscando, por ejemplo mientras medito en silencio o voy en bici. Trabajo mucho en mí mismo cada día para mantenerme abierto y conectado. Y a veces simplemente es una especie de basura sin sentido: si no consigo encontrar la “voz” de esa basura, cambio de rumbo y vuelvo más tarde. Quizá me voy a dar un paseo, hablo con un amigo o como helado viendo la tele.
Si no me equivoco, el concepto del álbum gira en torno a la idea de “matar al Buda”. Desde un punto de vista creativo, ¿cómo se traduce eso musicalmente? ¿Hubo reglas o convenciones que decidieras romper de forma consciente?
Un maestro zen del siglo IX dijo: “Si ves al Buda, mata al Buda”. Creo que eso significa romper los conceptos de autoridad externa o de dogma sobre cómo deberían hacerse las cosas, para poder estar realmente presente y descubrir que las respuestas ya están dentro de ti.
Para mí eso significaba que, al final del día, ninguna persona externa ni ninguna idea de lo “correcto” o “incorrecto” podía decirme cómo debía ser la canción o la grabación. En gran parte fue enfrentarme a mis propias voces internas muy negativas y a mis dudas, que intentaban impedir que soltara el disco cuanto más me acercaba a terminarlo.
También significó confiar en mis instintos cuando sentía que algo no estaba bien. Tenía una versión del álbum terminada en el verano de 2024, pero me perdí completamente con ella porque no se sentía correcta. La dejé aparcada y volví en febrero de 2025 para rehacer completamente más de la mitad.
La espiritualidad y la música han ido de la mano en tu carrera. En este álbum, ¿dirías que la música es el vehículo para explorar esas ideas o que son las ideas las que moldean el sonido que buscas?
Diría más bien lo segundo: que mi relación cada vez más profunda con el budismo, la meditación y también con modalidades terapéuticas y de sanación influye de manera natural en el sonido. Uno de los mayores resultados es que me ayuda a mantenerme libre, juguetón y presente en mi cuerpo cuando estoy creando.
"Mi relación cada vez más profunda con el budismo, la meditación y también con modalidades terapéuticas y de sanación influye de manera natural en el sonido."
Has mencionado que la disciplina de escribir una canción al día te ayudó a desarrollar tu técnica. Para quienes están empezando, ¿qué “juegos” o ejercicios concretos recuerdas como más útiles para desbloquear la creatividad?
Lo que más me ha cambiado la vida hasta hoy es lo de “una canción al día”. Es exactamente lo que parece: generas la semilla, la desarrollas y la grabas antes de irte a dormir. Ese “algo” es lo que tú consideres una canción. Para mí, a menudo es simplemente una estructura ABAB: dos estrofas y un estribillo con letra, melodía y acordes.
Este proceso me ha ayudado muchísimo con mi perfeccionismo y a no ponerme zancadillas a mí mismo. Además, me encanta hacer pequeñas cancioncillas para amigos. Cualquier cosa que mantenga el impulso creativo fluyendo y el canal con el subconsciente abierto. Porque, según mi experiencia, es ahí de donde salen las cosas más jugosas y misteriosas.
La trompeta es tu instrumento, pero en este álbum a veces suena como un llanto y otras como un susurro. ¿Cómo decidiste su carácter y el espacio que debía ocupar en cada canción?
Oh, querida trompeta, sí, lloro y susurro a través de ti. Ja. Simplemente dejo que la canción me diga si la quiere o no. Si no surge nada claro, muchas veces hago una pasada rápida y experimental de “salpicar” trompeta para ver si algo encaja o quiere quedarse. O incluso hago arreglos de trompeta más elaborados y luego voy recortando.
Por ejemplo, probé mucho en 'Triangle People' y nada funcionó. Probé bastante en 'Goo' y un poco sí se quedó. En cambio, en canciones como 'Spiraling', 'Not Broken' y 'Thoughts Are Like Clouds' surgieron partes muy claras. Me encanta tocar la trompeta, por eso intento meterla a menudo. Y en directo es mi arma secreta.
En 'Triangle People' o 'Ice Cream' hay una especie de ironía luminosa, casi juguetona. ¿Sueles partir del humor al escribir o aparece después como una especie de liberación?
Me encanta el cruce entre el humor y la tristeza. Creo que van de la mano. Algo es gracioso porque es verdadero y reconocible, y también porque a menudo hay bastante dolor que se libera al burlarte de ello.
No creo que empiece desde ahí ni que aparezca después. Más bien está integrado en mi espíritu, en lo que pasa a través de mí.
Las canciones suenan muy distintas entre sí y, aun así, encajan bien juntas. ¿Te preocupa mantener la cohesión o prefieres seguir lo que cada canción te pide?
Ja, ahora mismo me ha venido un flashback simultáneo de una docena de momentos de pozo de desesperación en los últimos dos años, siendo extremadamente crítico conmigo mismo. ¿Que si me preocupa? Claro que me preocupa. Pero también soy fiel a las canciones y a lo que me piden.
Una cosa que hice fue asegurarme de que la guitarra de cuerdas de nailon y el mismo sonido de batería y voz estuvieran como base en todo el disco. Así que, aunque 'Easy' y 'Not Broken' sean bastante diferentes, por ejemplo, en ambas está el mismo Toth tocando la misma guitarra de nailon, cantando con el mismo micro y con el mismo batería y bajista.
"Algo es gracioso porque es verdadero y reconocible, y también porque a menudo hay bastante dolor que se libera al burlarte de ello."
Es la primera vez que colaboras con una productora externa, Caroline Rose. ¿Qué nueva dinámica aportó al proceso que quizá no habrías alcanzado trabajando solo?
Caroline aportó muchísimo al proceso. Primero hicimos un par de semanas de preproducción a distancia, donde me ayudó con la selección de canciones, reduciendo a unas 16 de un total de 65. También aportó comentarios sobre composición e ideas iniciales de producción, y ambas cosas llevaron algunas canciones a otro nivel.
Es muy fan de mi antigua banda punk Alexander F y además me había visto tocar decenas de veces cuando abrí para ella en gira en 2022 y 2023. Conocía lo salvaje y afilado que puede ser mi directo y me empujó mucho a llevar esa energía al disco. Y me alegro muchísimo de que lo hiciera.
El dúo con Kimbra en 'Touching' suena especialmente íntimo. Más allá de la amistad, ¿qué crees que aportan vuestras voces y perspectivas artísticas el uno al otro en esa canción?
Nuestra amistad es muy profunda. Hemos estado el uno para el otro en tantas rupturas, fiestas de baile, sesiones de composición, meditaciones, búsquedas espirituales, mudanzas, lanzamientos de discos, épocas oscuras y épocas luminosas. Nos hemos sostenido en lágrimas y en alegría. Vale, alerta de tarjeta de felicitación.
En esta canción en particular creo que su voz increíble eleva mi voz simplemente correcta, ja. Nuestras voces se mezclan muy bien y, sin embargo, en todos estos años colaborando nunca habíamos publicado un dúo. Casi se sintió como un punto de inflexión en nuestra amistad compartir un espacio así, tanto en la grabación como en el videoclip.
Las canciones 'Not Broken' y 'Spiraling' parecen dialogar entre estabilidad y duda. Al ordenar el repertorio del álbum, ¿buscabas conscientemente ese contraste emocional para contar una historia?
Qué buena observación. No, no lo hice de forma consciente. Gran parte de mi arte y mi música se basa más en la sensación que en una estrategia consciente. La paradoja forma parte de la naturaleza y una de mis cosas favoritas al hacer música es sorprenderme con las historias que cuentan la creatividad y la espontaneidad.
Después de tu experiencia en proyectos colectivos como Rubblebucket, ¿qué nuevas libertades y responsabilidades has encontrado al liderar un proyecto en solitario como Tōth? ¿Cambia eso la forma en que escuchas y tomas decisiones creativas?
Sí, es bastante diferente. Rubblebucket no era exactamente un colectivo; éramos Kalmia y yo. Aun así, en muchos sentidos Tōth como proyecto en solitario es muy liberador y se ha sentido muy alineado conmigo. Pero hay momentos en los que puede resultar intenso que todas las decisiones finales recaigan sobre mí. Es más responsabilidad.
Dicho eso, he cultivado colaboraciones preciosas con artistas brillantes, así que no estoy solo en el proceso en absoluto.
"Gran parte de mi arte y mi música se basa más en la sensación que en una estrategia consciente."
El disco se mueve entre momentos casi celebratorios y otros mucho más contenidos. ¿Te interesa que los conciertos reflejen esa misma dualidad o prefieres llevar las canciones a otro lugar sobre el escenario?
Me encanta un directo dinámico. Quiero que la gente llore, ría, baile, cante y se inspire para probar cosas nuevas, incluso para hacer arte y música. Y lo que más me gusta es cuando las canciones pueden ser entidades vivas y abrirse a nuevas direcciones en el escenario.
Suelo ser un intérprete bastante salvaje, pero también adoro esos momentos tranquilos y desnudos en los que se puede oír caer un alfiler en la sala.
La canción 'Light As Feathers' cierra el álbum con una sensación de fragilidad y paz. ¿La concebiste desde el principio como el epílogo natural de este viaje o asumió ese papel a medida que todo encajaba?
Mientras la grabábamos no sabía si entraría en el corte final del disco, ni mucho menos en qué lugar estaría. Pero cuando estábamos ordenando las canciones, Caroline dijo que debía cerrar el álbum. Ese final tan explosivo y a la vez tan luminoso y celebratorio parecía una forma natural de terminar.
En todas nuestras entrevistas nos gusta que el artista deje una pregunta para el siguiente. ¿Cuál sería la tuya?
¿Eres feliz?
Y ahora una para ti de parte de Mirah: Describe una experiencia formativa de tu infancia en relación con la música o la interpretación, o ambas.
Con 3 o 4 años (foto abajo), interpretando 'Money For Nothing' en el Volkswagen Beetle descapotable de mis padres. Me ponía de pie en el asiento, sujetaba el volante y lo daba todo. Y también un saludo a mi madre, Kathy Flynn. Me transmitió creatividad, ingenio, determinación y me hizo dar clases de piano.
