Entrevistamos a

Otracami

"Las canciones de ‘Runoff’ encarnan esa sensación: pueden ser sobrias y solitarias, pero se percibe la intensidad del mundo exterior presionando sobre ti, esa fricción."



Por -

La trayectoria de Camila Ortiz ha girado hacia terrenos más escarpados desde que puso pie en Nueva York, dejando atrás la lisura que caracterizaba sus primeras composiciones para abrazar una escritura con más aristas. Con Runoff, su segunda entrega, la artista dejó atrás ciertos vínculos laborales, familiares y afectivos para poner a prueba los límites de su propia libertad. Ese aprendizaje de la ida y vuelta, de la liberación seguida del retorno, encuentra su reflejo en un sonido que abandona la intimidad minimalista para desplegar arreglos de banda completa, donde las capas vocales, las grabaciones de campo y los samplers se acumulan hasta un punto de saturación que resulta intencionadamente orgánico.

La manera en que Ortiz concibe las relaciones humanas en un entorno urbano denso, con toda su aspereza, dota a las canciones de una expresividad que antes permanecía más latente. 'Sirens', concebida originalmente para una instalación en una feria de arte, parte del mito de las doncellas de Perséfone para abordar la ambigüedad de las obligaciones cuando la adversidad irrumpe en el entorno laboral, un trasvase de lo legendario a lo cotidiano que ejecuta con pulso firme. La quietud extrema del invierno, por su parte, nutrió 'Perfect Reach', donde la artista construyó un teatro interior para desplegar imágenes y texturas hasta dar con un poso emocional concreto: el tirón hacia alguien a quien se ha causado daño, junto a la lucidez necesaria para no ceder. La pieza combina un patrón de guitarra dedeada aprendido en un taller con imágenes tomadas de una novela de horror sobrenatural de la escritora argentina Mariana Enríquez, uniendo lo doméstico y lo siniestro.

El aprendizaje de la soledad y el acto de cerrar una puerta para encontrar alivio articulan 'Please', donde Ortiz recuperó el sonido de una puerta que se cierra de su propia maqueta original para preservar la crudeza de ese instante de ruptura. A lo largo de los once cortes, la artista disecciona la intimidad cambiante en el amor, la familia y el trabajo con una mirada que no rehúye la complejidad de esos vínculos. La colaboración con su banda, con quien llevaba años tocando, supuso un punto de inflexión al permitir que los temas respiraran con una amplitud que las versiones iniciales no poseían, resultando en un conjunto rebosante de vida, donde cada instrumento ocupa su espacio sin restar protagonismo a la voz principal. 'Lose You' o 'The Wait' retratan ese momento de huida sin edulcorar sus consecuencias destructivas, mientras que 'July 19' y 'Penny Frog' cierran el recorrido con una mirada hacia atrás que es analítica, propia de quien ha sometido sus experiencias a un examen detallado. La tensión entre lo que se desea guardar y lo que inevitablemente se desborda se convierte en el hilo conductor de un trabajo que encuentra su equilibrio en esa misma inestabilidad. Aprovechando lo reciente de este lanzamiento, hemos tenido el placer de entrevistar a Camila.

El título de tu nuevo álbum, ‘Runoff’, hace referencia a ese momento en el que el suelo recibe más agua de la que puede absorber y todo empieza a desbordarse. ¿En algún momento durante el proceso de escritura sentiste que tus propias emociones llegaban a ese punto de saturación antes de encontrar salida en las canciones?

Lo sentí en muchos momentos a lo largo de todo el proceso, y a menudo ese es precisamente el lugar emocional desde el que escribo habitualmente: el desbordamiento o el exceso, esa sensación de no poder contenerlo. Hay algo que intento entender o expresar que no sería capaz de comunicar de ninguna otra forma, al menos no con la misma claridad. Muchas veces escribo desde la tristeza, o la rabia, o la confusión, y las canciones me ayudan a procesarlo, a digerirlo y a darle un sentido.

 

Has hablado en varias ocasiones del contraste entre California y Nueva York: la primera con cierta suavidad abierta, la segunda más turbia, con más fricción en la forma en que la gente se relaciona. ¿De qué manera ese cambio de paisaje y de ritmo de vida se tradujo en la forma y el carácter de las canciones de ‘Runoff’?

Llevo ya 6 años en Nueva York, que es tiempo suficiente como para empezar a asentarte de verdad en un sitio. En Nueva York parece que la quietud y el silencio son difíciles de conseguir, algo que cuesta mucho alcanzar. Creo que las canciones de ‘Runoff’ encarnan esa sensación: pueden ser sobrias y solitarias, pero se percibe la intensidad del mundo exterior presionando sobre ti, esa fricción. Las canciones suelen ocurrir en un momento de silencio frágil, que parece que puede romperse en cualquier instante.

La canción ‘Perfect Reach’ toma imágenes de la novela ‘Our Share of Night’, de Mariana Enriquez. ¿Qué encontraste en ese mundo de terror sobrenatural que conectó con una canción escrita en el silencio profundo del invierno?

Hay cierto horror en las relaciones que aparecen en ese libro. Muchos de los personajes sienten un amor profundo entre ellos y un deseo de protegerse y cuidarse, pero fuerzas externas deforman y fracturan ese amor; a menudo es oscuro, inquietante, fuera de lugar. Esa dinámica de las relaciones resonó conmigo. Además, en el libro el horror suele ser silencioso, inmóvil. El invierno en Nueva York puede sentirse así, un poco sombrío, austero y de otro mundo.

"Muchas veces escribo desde la tristeza, o la rabia, o la confusión, y las canciones me ayudan a procesarlo, a digerirlo y a darle un sentido."

En ‘Runoff’ hay un sonido más orgánico, más vivo, con arreglos desarrollados junto a una banda con la que llevas tiempo tocando. ¿Cómo fue abrir composiciones que quizá nacieron en un espacio más íntimo a un proceso creativo realmente colectivo?

Fue muy gratificante y divertido. Toco con Andres Abenante (guitarra) y Jon Starks (batería) a lo largo de todo el álbum, y ya llevábamos un tiempo tocando las canciones en directo antes de grabarlas. Eso hizo que el proceso creativo se sintiera mucho menos pesado, más libre y más dinámico. Confío muchísimo en ellos musicalmente; a estas alturas conocen muy bien las canciones y aportaron muchísimo a los arreglos. Siento que tuvimos esa libertad de explorar juntos y luego asentarnos de verdad en un sonido.

‘Sirens’ es el único tema del álbum que no está escrito directamente desde tu propio punto de vista, sino que se basa en un marco mitológico relacionado con Perséfone. ¿Ese cambio narrativo te permitió abordar temas como la responsabilidad o los límites en el trabajo desde otra perspectiva?

Es liberador escribir desde otros puntos de vista. Cuando escribo sobre mí misma a veces me quedo atrapada en una idea muy estrecha de la verdad: ¿esto ocurrió de verdad? ¿Así es realmente como me siento? Cuando escribo desde la perspectiva de otra persona no me siento limitada por la precisión, y al final acabo diciendo cosas que igualmente reflejan mi experiencia. Con ‘Sirens’, siento que pude hablar con más claridad sobre sentimientos de culpa, duelo y vulneración en el contexto del trabajo, algo que me resultaba muy difícil comunicar de otra manera.

En ‘Perfect Reach’ hay un patrón de guitarra inspirado en una clase de composición con Adrianne Lenker. ¿Qué aprendizajes de esa experiencia se quedaron contigo a la hora de pensar el papel de la guitarra en tus canciones?

Nunca he estudiado guitarra de forma académica, y siempre me ha gustado componer con ella porque tengo que partir de una “mente de principiante”. No siento que haya algo concreto que deba hacer con la guitarra: es algo más exploratorio, y acabo probando sonidos y aprendiendo partes de artistas que admiro, que luego se filtran en mi propio estilo. Eso pasó claramente con Adrianne Lenker en ‘Perfect Reach’: tomé de ella esa idea de que la guitarra podía ser rítmica, impulsora, pero también lo bastante repetitiva como para crear una especie de hechizo, como si te llevara a un trance.

Llevas años colaborando con la artista visual Sai Tripathi, con quien empezaste a trabajar en el instituto. ¿Qué significa para ti confiar la dimensión visual de tu proyecto a alguien que te conoce desde hace tanto y entiende con tanta precisión el tipo de imaginario que quieres construir?

¡Es muy especial! Me siento muy afortunada de tener una colaboración tan duradera. Sai me ha inspirado visual y creativamente desde que éramos adolescentes, y eso no ha hecho más que crecer con el tiempo. Confío completamente en ella a nivel creativo, y esa confianza viene de tantos años creando cosas juntas. Y esa práctica hace posible la evolución: a menudo lleva las cosas hacia direcciones que yo nunca habría imaginado, pero que encajan perfectamente con la música. Sus visiones para vídeos y visuales son muy completas y potentes, y además siempre capturan algo profundo y no dicho de las canciones.

"Cuando escribo desde la perspectiva de otra persona no me siento limitada por la precisión, y al final acabo diciendo cosas que igualmente reflejan mi experiencia."

Has descrito el periodo en el que nació ‘Runoff’ como una fase de ensayo y error: intentar salir de ciertas situaciones (personas, trabajos o contextos familiares) y a veces tener que volver. ¿Dirías que ese movimiento de avance y retroceso es el hilo que recorre el álbum?

Sí, totalmente. En la primera canción del álbum, ‘Headphones’, hay una frase que dice “I turn to go, spinning slow”, y siento que ahí está muy claramente el núcleo del disco: la parálisis, el girar en círculos sin avanzar del todo. Estaba intentando decidir si quedarme o irme en distintos ámbitos y relaciones, en varios aspectos de mi vida, y creo que esa tensión constante y ese movimiento son, en gran medida, el motor que impulsa el álbum.

La canción ‘Please’ fue escrita hace dos años, durante lo que has descrito como un periodo largo de desánimo. Cuando interpretas esa canción hoy, ¿cómo convive esa emoción pasada con el momento en el que estás ahora?

Ahora se siente realmente liberador tocarla, de una forma más consciente. La canción habla de ese desánimo o desesperanza, pero también de la libertad y la catarsis: de reconocer exactamente dónde estás, sin intentar escapar de ello ni evitarlo. Así que ahora intento inclinarme más hacia esa dimensión, hacia esa sensación de libertad, de apertura y de movimiento que también está presente en la canción.

Además de tu trabajo como compositora y cantante, has participado en proyectos de arte sonoro y has compuesto para escena, incluyendo tu colaboración con la Filarmónica de Los Ángeles y tu trabajo para teatro. ¿Cómo ha influido esa disciplina más estructurada en tu manera de producir y pensar las canciones pop?

Creo que me ha hecho estar más atenta al espacio, a la atmósfera y al detalle, y también a la narrativa. Trabajar en teatro me dio la oportunidad de equilibrar la sutileza, intentar estar casi en segundo plano pero moldear o dirigir la atención hacia un momento en escena, y los extremos, como crear un sobresalto, un gran momento de distorsión o una transición muy brusca. Me ha dado más rango como productora, más herramientas para contar una historia a lo largo del arco de una canción o de un álbum.

En ‘Perfect Reach’ hay una idea muy concreta: el impulso de acercarte a alguien a quien quizá has hecho daño, pero también la claridad de no hacerlo. ¿Escribir la canción fue una forma de procesar ese conflicto o más bien de documentarlo?

Procesarlo. El proceso de escritura de ‘Perfect Reach’ fue revelador: estaba admitiendo que quería algo que quizá no estaba bien, explorando ese deseo, y llegando después a una decisión que cerraba esa posibilidad. Las letras surgieron primero de una forma más abstracta, más basada en texturas e imágenes, como si me estuviera llegando un mensaje en clave que luego tenía que descifrar para decir: vale, no hagas eso.

"Trabajar en teatro me dio la oportunidad de equilibrar la sutileza, intentar estar casi en segundo plano pero moldear o dirigir la atención hacia un momento en escena"

En ‘Please’, el sonido de una puerta cerrándose de golpe del demo original se mantiene en la versión final. No parece un simple detalle accidental, sino una decisión deliberada. ¿Qué escuchaste en ese momento que te hizo entender que tenía que quedarse en la versión final?

Me encanta la sensación de interrupción en la canción, que en versiones anteriores era aún más marcada: escuchabas y era como, ¿qué acaba de pasar? A nivel sonoro me gusta que haya algo ligeramente incómodo y desestabilizador. El sonido de una puerta cerrándose a mitad de la canción también encajaba con el espíritu del tema, esa sensación de intentar forzar un espacio privado, de conseguir un momento a solas. Hay un miedo a que alguien más pueda entrar en la habitación.

Al escuchar ‘Runoff’, da la sensación de que el álbum no intenta resolver del todo sus tensiones, sino que se queda habitando en ellas: entre el deseo de libertad, el apego y la incertidumbre. ¿Te resulta más honesto escribir desde ese territorio ambiguo que desde una conclusión cerrada?

¡Sí! No conozco otra forma de hacerlo. No creo haber vivido nunca una conclusión completamente cerrada en nada importante de mi vida, así que, como dices, sería deshonesto y poco natural escribir de esa manera. Además, la certeza no me parece un terreno muy fértil para escribir. Hay más posibilidades cuando todavía estás intentando entender algo.

 

En todas nuestras entrevistas nos gusta pedir al artista que deje una pregunta para el siguiente. ¿Cuál sería la tuya?

¿Cuál es tu mayor fuente de inspiración no musical?

A su vez, tengo una para ti de Maria BC. Dice así: ¿Qué relación en tu vida ha influido más en tu música y por qué?

Creo que mi relación con mi padre es la que más ha influido en mi música. Él también es músico, pero más allá de eso, siento que me transmitió su manera de ver el mundo: una relación casi supersticiosa con la belleza y la oscuridad, una sensibilidad hacia las señales. Eso ha marcado mucho mi forma de escribir.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.