Entrevistamos a

Maria BC

"Vivo en Estados Unidos, y aquí el desapego y la resignación forman parte de la cultura. Es algo seductor, pero también profundamente triste."



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Maria BC publica ‘Marathon’ (Sacred Bones Records, 2026) tras una trayectoria marcada por grabaciones de tono brumoso y un interés constante por la canción como espacio de pensamiento. Después de ‘Spike Field’, aquel trabajo concebido casi como una exhalación continua, decide concentrar la energía en la escritura y conceder a cada pieza un perfil más definido. La gestación itinerante por la costa oeste estadounidense y una sensación de estancamiento vital alimentan un conjunto atravesado por la idea de resistencia prolongada, tanto íntima como colectiva. El arranque con ‘Marathon’ sitúa el marco conceptual a partir de una gasolinera convertida en símbolo ambiguo: refugio infantil y emblema de una industria devastadora. Cuando entona “You can’t go on like this”, la advertencia adquiere una dimensión ética que atraviesa todo el repertorio y conecta biografía con crítica al modelo energético dominante dentro de los márgenes del folk ambient.

El recorrido de trece cortes articula esa tensión entre afecto y devastación mediante escenas muy concretas. ‘Safety’ formula una desconfianza frontal hacia la promesa de protección con el verso “If safety is freedom you can’t trust no one”, que retrata una sociedad donde la seguridad funciona como coartada ideológica. ‘Rare’ y ‘Sabotage’ examinan el deseo desde la vigilia permanente, con unos amantes atrapados en una noche que mezcla euforia y culpa. En la segunda resuena “My love, have you been up all night?” como síntoma de una intimidad sostenida a costa del insomnio. ‘Night & day’ adopta la figura de un vaquero solitario y deslizan imágenes que condensan una invitación a perderse en la noche. La voz, menos envuelta que en etapas previas, se presenta casi desnuda, como si cada sílaba cargara con el peso de un planeta exhausto. Aprovechando lo inminente del lanzamiento de este disco, hemos tenido el placer de charlar con su autore.

Creciste en el Medio Oeste, un lugar que mucha gente asocia con la inmensidad y con cierta sensación de soledad. ¿Cómo crees que ese entorno ha marcado tu manera de entender el silencio y el espacio en la música?

Cuando vuelvo a Ohio ahora (después de haber vivido en otros sitios) lo veo con otros ojos, como si de repente se me hiciera raro, ajeno. Y cuando conduzco por la 75, todos esos árboles pelados, los depósitos de agua, los campos helados… me despiertan algo muy lírico por dentro. Pero de pequeñe, ya sabes, eso era simplemente cómo era el mundo. Cómo era el mundo “de verdad”, en contraposición al que veía en la tele. El mundo real eran árboles sin hojas y un aparcamiento enorme de Walmart con tres coches mal aparcados.

Aun así, siempre estaba ese mensaje, implícito o explícito, flotando en el ambiente: que el mundo “real” estaba en otro sitio, no allí, porque Ohio es “la nada”. No es un lugar. Entonces… ¿dónde estaba yo?

Y para rematar, nunca aprendí a orientarme, a moverme con soltura. El Medio Oeste es tan disperso que puedes apañarte sin mucho sentido de la dirección, pero aun así, antes del GPS, mi madre y yo nos perdíamos volviendo del súper. No tenía ni idea de dónde vivía en relación con nada. Ahora miro un mapa de mi ciudad natal y me quedo en shock.

Supongo que lo que quiero decir es que mi experiencia creciendo allí tuvo menos que ver con una conexión romántica con esa inmensidad y más con una especie de desorientación soñadora, bastante general. Y creo que mi música también vive en un no-lugar suspendido, para bien o para mal.

 

Escribiste y grabaste el álbum en distintos puntos de la Costa Oeste. ¿Cómo influyen el entorno, la luz, el clima o incluso el aislamiento en tu forma de escribir y grabar?

Necesito largos periodos de tiempo sin estructura, sin nada planificado, para poder concentrarme de verdad. Así que el aislamiento autoimpuesto me viene genial. Estar en un entorno nuevo, aunque sea temporal, también ayuda: por eso me gusta grabar mientras me quedo en casa de otra persona. Las cosas fluyen cuando estoy en un sitio que no es el mío, cuando tengo privacidad y fuera ya es de noche. En cambio, en casa y con el sol fuera tengo que trabajar a trozos, como por partes.

El título ‘Marathon’ sugiere resistencia y esfuerzo a largo plazo. ¿Estabas atravesando un momento de resistencia personal o creativa cuando empezaste a escribir estas canciones?

Sentía que estaba corriendo en el sitio, sin avanzar nada. Y, espiritualmente, me notaba atrapade en las miserias de este mundo porque… ¿cómo no iba a estarlo? Vivo en Estados Unidos, y aquí el desapego y la resignación forman parte de la cultura. Es algo seductor, pero también profundamente triste.

Con mi música intento quedarme en el problema, no apartar la mirada. O, como dice Anohni, sentir lo que realmente está pasando. Y también invitar a otras personas a hacer lo mismo.

"Necesito largos periodos de tiempo sin estructura, sin nada planificado, para poder concentrarme de verdad. Así que el aislamiento autoimpuesto me viene genial."

Si ‘Hyaline’ sonaba como un suspiro y ‘Spike Field’ como una especie de niebla sonora, ‘Marathon’ resulta más directo y más terrenal. ¿Fue una decisión consciente alejarte de ese tono más etéreo?

Sí, totalmente. Quería bajar a tierra, por así decirlo, dejar atrás esa sensación etérea y acercarme a algo más físico, más tangible y directo y más real.

En tus primeros trabajos había una atmósfera frágil, mientras que aquí hay ruido, aspereza, incluso distorsión. ¿Ha cambiado tu idea de lo que significa ser vulnerable en una canción?

Creo que sí… Se siente raro quitar la reverb después de haber vivido tanto tiempo dentro de ella, tan acostumbrade a ese espacio sonoro que lo envolvía todo. Es como decir: aquí están las letras que escribí, sin máscaras, sin nada que las suavice o las oculte. Creo que eso genera otro tipo de atención por parte de quien escucha, una atención distinta, más directa y quizá más expuesta.

 

En tu música siempre hay una especie de calma tensa, como si la belleza y la incomodidad convivieran en el mismo espacio. ¿Es algo que buscas de forma consciente o surge de tu manera de ver el mundo?

Sí. Estoy muy sintonizade con la tragedia latente en todo, la percibo casi de forma automática, en cada cosa. Y no es que lo haya elegido precisamente, ni que lo haya buscado de manera consciente.

Hay algo interesante en cómo usas la nostalgia. Nunca es del todo dulce, más bien ambigua. ¿Te resulta un terreno cómodo de explorar o es una emoción que prefieres poner en duda?

Quizá esté en un punto intermedio, en un lugar que no es ni una cosa ni la otra. Me interesa muchísimo cómo el pasado se cuela en el presente, en contra de nuestra voluntad, cómo aparece sin avisar y condiciona lo que sentimos ahora.

"Con mi música intento quedarme en el problema, no apartar la mirada. O, como dice Anohni, sentir lo que realmente está pasando. Y también invitar a otras personas a hacer lo mismo."

En canciones como ‘Rare’ y ‘Sabotage’ aparece una figura que nunca duerme, que se queda despierta toda la noche. ¿Cuál es tu relación con el insomnio y con esa sensación de estar en tensión constante?

Me encanta esa sensación de urgencia y de inspiración. Esos momentos en los que piensas: por fin, la vida está pasando ahora mismo, ¿cómo voy a dormirme si la vida está ocurriendo? Es una alegría ver a otras personas en ese estado. También es fácil fetichizarlo, idealizarlo. Y al final siempre tiene un precio. ‘Night & day’ introduce otra atmósfera, más cinematográfica, incluso con ese saxofón tan evocador. ¿Te apetecía explorar una estética más narrativa, casi de película? No lo había pensado así. El saxofón de Cole añade muchísima dimensión y color al arreglo. Mi momento favorito del disco es cuando entra su parte.

También has compuesto música para cine, como tu aportación a ‘I Saw the TV Glow’. ¿Qué te aporta trabajar en un contexto narrativo que no es el tuyo, cuando la imagen guía parte de la emoción?

Cuando Jane me pidió que escribiera una canción para su película, leí el guion y acabé enviándole un borrador de una canción que ya había escrito quizá una semana antes de que me contactara (la que más tarde se llamaría ‘Taper’) porque encajaba temáticamente de una forma increíble. Era casi inquietante cómo la letra anticipaba tantos momentos de la película. Sigo muy contente con cómo quedó todo.

 

En tus canciones a menudo aparecen sonidos domésticos o ambientales, como el traqueteo de una ventana o el eco de una habitación. ¿Son accidentes felices o decisiones conscientes para mantener un vínculo con lo cotidiano?

Empiezan como accidentes, pero siempre podría regrabar algo más tarde… y casi nunca lo hago. Me gusta que una grabación conserve rastros del clima o de la presencia de otra persona. Suena más íntimo así.

A veces parece que la voz que canta no es solo la tuya, sino una especie de presencia o eco. ¿Te gusta pensar que las canciones pasan a través de ti más que estar bajo tu control?

Sí, es como si estuviera canalizando a alguien más, como si la voz viniera de otro sitio, y la canción fuera más suya que mía, más perteneciente a esa presencia que a mí.

En ‘Marathon’ hay momentos oscuros, pero también una sensación de persistencia, de seguir adelante. ¿De dónde sacas la energía para no parar cuando todo a tu alrededor parece venirse abajo?

De las palabras de otras personas, de la música, del agua o del cielo, de esos lugares sencillos donde todavía encuentro algo que me sostiene.

"Me interesa muchísimo cómo el pasado se cuela en el presente, en contra de nuestra voluntad, cómo aparece sin avisar y condiciona lo que sentimos ahora."

Escuchando el álbum de principio a fin se percibe un viaje, una transformación. ¿Ves ‘Marathon’ como una historia con principio y final o como una serie de estados conectados entre sí?

Más bien como una serie de estados conectados, aunque también creo que ‘Miami’ funciona un poco como epílogo…

Es algo así: imagina que estamos sentades en una mesa enorme, cenando, y de repente alguien se levanta, golpea su copa y empieza a soltar un brindis (más bien una arenga) poética y llena de dolor durante media hora. Y nadie entiende muy bien por qué está hablando así, desvariando sobre el capitalismo, el tiempo y la pérdida, pero aun así estamos con él, asentimos, escuchamos, hasta que por fin se deja caer en la silla hecho un mar de lágrimas. Hay un silencio. Entonces alguien dice: "Cheers." Y todes repetimos "Cheers" y nos emborrachamos. Ese es el final.

En todas nuestras entrevistas nos gusta que cada artista deje una pregunta para la siguiente persona. ¿Cuál sería la tuya?

¿Qué relación en tu vida ha influido más en tu música y por qué?

Tengo una para ti de parte de Devin Shaffer. ¿Por qué empezaste a hacer música y esa misma razón sigue siendo la que te impulsa ahora?

Hola, Devin. Empecé a escribir canciones de pequeñe, solo para mí, porque me parecía un milagro que pudiera hacerlo. Y sigo sintiéndolo así.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.