El ruido de fondo del entorno en el que vivimos acaba revelando mucho de nuestra forma de vida, y eso parecen haberlo entendido caroline desde que decidieron grabar ‘Coldplay Cover’ con el micrófono moviéndose entre dos habitaciones, mientras parte del grupo interpretaba una canción distinta en cada una. Ese detalle técnico resume su forma de trabajo y la idea central que sostiene ‘caroline 2’: la convivencia entre distintas realidades, la confusión como forma de comunicación y la mezcla de espacios como reflejo de un tiempo en el que todo sucede a la vez. El colectivo británico se formó en un ambiente académico, entre ensayos improvisados que derivaron en una propuesta donde cada integrante tiene el mismo peso y ninguna decisión pretende imponerse sobre el resto. Esa forma de colaboración se mantiene en este segundo trabajo, que utiliza la grabación en directo, los errores conservados y los cruces accidentales como elementos constructivos que definen el resultado final.
Las canciones avanzan sin buscar un orden fijo, y el efecto es que cada una se convierte en un retrato de su propio proceso. ‘Total euphoria’ abre con un ritmo irregular, casi torpe, que crea tensión al enfrentarse a guitarras disonantes y a una percusión que parece corregirse constantemente. Esa inestabilidad genera una sensación de urgencia que refleja la dificultad de mantener la calma en un entorno saturado de estímulos. ‘Song two’ se desarrolla entre frases que repiten ideas sobre la confusión y la necesidad de actuar pese a la duda, mientras los instrumentos se entrelazan con un aire incierto. En ‘U R UR ONLY ACHING’ los violines y las voces se cruzan hasta alcanzar una especie de estallido que recuerda a la forma en que una discusión se transforma en acuerdo cuando las partes deciden escucharse. Todo el conjunto transmite una tensión controlada entre la precisión y el desorden, como si cada pieza hubiera sido montada sobre el borde de un error aceptado y, precisamente por eso, más sincero.
El trabajo de caroline parte del post-rock, aunque su interés por el folk, la electrónica ambiental y la improvisación los lleva a disolver las fronteras entre géneros. Esa diversidad de influencias se traduce en un sonido que fluctúa entre lo coral y lo íntimo, entre la energía del directo y la minuciosidad del estudio. Más allá de las etiquetas, lo que destaca es la forma en que el grupo utiliza la colectividad para retratar un mundo que se percibe dividido, donde cada voz intenta hacerse oír sin acallar a las demás. El disco sugiere una lectura política sin convertirla en discurso: el trabajo compartido, la horizontalidad y la renuncia al protagonismo funcionan como una metáfora de la cooperación en tiempos de desconfianza. La unión de ocho músicos que deciden crear desde el consenso muestra que el arte puede ofrecer un modelo distinto de convivencia, en el que el ruido, lejos de ser un obstáculo, se convierte en la materia con la que se construye sentido. Aprovechando lo inminente de su gira por nuestro país, hemos tenido el placer de entrevistar a Mike O’Malley.
Gran parte de ‘caroline 2’ la escribisteis en sitios distintos: Escocia, Francia y Essex, antes de grabarla en Ramsgate. ¿Qué buscabais moviéndoos tanto?
Creo que más que nada sabíamos que queríamos salir de Londres para trabajar de una forma más intensiva, sin las distracciones de la vida normal, sin la tentación de volver a casa o lo que sea. Así que simplemente nos íbamos lejos para centrarnos solo en eso. Elegíamos lugares donde pudiéramos ir gratis o sin gastar dinero en alquilar algo. Si conocíamos a alguien o nos hablaban de algún sitio, pues íbamos allí y trabajábamos. Fue una buena manera de hacerlo. A veces organizarlo todo era un lío, pero merecía la pena, y sigo creyendo mucho en ese proceso, el de irte fuera para trabajar. Es muy distinto a intentar escribir música en Londres, al menos para nosotros. Así es mucho más productivo.
&bnsp;‘caroline 2’ suena más directo, con menos capas ambientales que el primer disco. ¿Eso lo buscasteis desde el principio o fue algo que salió con el tiempo, tocando más juntos?
Sí, creo que fue más bien lo segundo. Sabíamos que queríamos que el segundo disco tuviera relación con el primero, pero que fuera un concepto y un personaje completamente distintos. Así que cualquier cosa que sonara demasiado parecida a algo del primer disco no la seguíamos. En general, siempre intentábamos avanzar, no repetirnos ni referenciar demasiado el primero. Y claro, después de tocar juntos durante años tras sacar el primer álbum, como grupo cambiamos mucho, aprendimos cómo tocar juntos, cómo dejar espacio unos a otros. Nos hicimos muy buenos en eso, y era importante capturarlo, porque cuando grabamos el primer disco aún no lo teníamos tan claro.
Me gusta cómo, a lo largo del disco, mezcláis sonidos muy distintos, un poco como los ruidos aleatorios de una gran ciudad que se entrelazan. ¿Dirías que los lugares y sonidos que os rodeaban influyeron en el disco?
Creo que sí. Hablamos mucho de eso cuando estábamos montando el concepto de grabación, que al final forma parte importante de la idea: oír varios entornos a la vez o de forma consecutiva. Lo comentamos como una referencia a lo que es vivir en un sitio lleno de ruido y cambios constantes de sonido. Aunque en realidad la mayoría de los lugares del mundo son así, no es algo exclusivo de Londres. Pero sí, creo que eso influyó. Y grabamos parte del disco en localizaciones concretas de Londres, al aire libre, en distintos sitios, y eso también forma parte del concepto: el lugar donde vivimos.
"Una idea importante en el disco fue la de buscar que se oyesen varios entornos a la vez o de forma consecutiva."
En muchas canciones de ‘caroline 2’, las melodías, ruidos y ritmos se solapan y parece que se distraen entre sí. ¿Queríais reflejar esa falta de foco del mundo en que vivimos?
Sí, es interesante eso. Creo que sí, hace referencia a ese tipo de ruido incidental del día a día. Si haces una escucha profunda, oyes todos los componentes del sonido de distintos lugares al mismo tiempo, aunque estés quieto. Es interesante cómo esos sonidos interactúan entre sí. En la música pasa algo parecido: puedes combinar dos o tres sonidos cualesquiera, y entre ellos se crean relaciones curiosas, sobre todo si esos sonidos no “saben” el uno del otro, si lo que los produce no está conectado. Nos gusta mucho investigar la relación entre sonidos que a priori no tienen nada que ver entre sí. Las combinaciones entre ellos ocurren constantemente en el mundo e investigar como suceden fue una de las ideas principales del disco.
El comienzo de ‘Total Euphoria’ tiene ese desfase rítmico raro entre guitarras y batería. ¿Fue difícil cuadrar esa estructura o salió de casualidad?
Fue una canción bastante difícil de montar, porque empezó como una improvisación, y por eso nada encaja perfectamente. Supongo que se puede improvisar intentando sincronizar, pero cuando lo hicimos nos pareció divertido que cada uno siguiera su propio camino. Eran solo dos guitarras y batería, y encontramos la grabación de esa improvisación y dijimos: “Deberíamos convertir esto en una canción”. Pero al intentar recrearla, era tan caótica y tan ruidosa que costaba mantener la misma sensación. Seguimos probando hasta que empezó a sentirse más como una canción que una improvisación. Pero aún hay partes improvisadas, sobre todo en el ritmo, en cuándo entran los acordes o la batería. Sigue siendo improvisado dentro de ciertos límites. Algo que ayudó a darle forma fue que Jasper, uno de mis compañeros, cogió los acordes y escribió una parte vocal sobre ellos, aunque los acordes fueran improvisados. Tuvo que escuchar la grabación y ver dónde cambiaban los acordes, qué le pedía cantar encima. Cuando esas partes se fueron consolidando, empezó a parecer una canción. Pasó mucho tiempo desde aquella primera improvisación hasta la versión final. Hubo muchísimas versiones.
&bnsp;En ‘caroline 2’ hay una mezcla clara entre instrumentos acústicos y tratamientos digitales. ¿Tenéis algún método para equilibrar esos dos mundos o lo decidís según la canción?
No hay un método fijo que sirva para todas las canciones. Pero sí, era uno de los temas principales del disco, igual que ya lo había sido en el primero. Siempre nos ha atraído mucho la idea de juntar esas dos dimensiones, y también explorar ese punto intermedio en el que no puedes distinguir si lo que estás oyendo es un instrumento acústico, algo sintetizado o una combinación de ambos. Ese espacio ambiguo, que no pertenece del todo a ningún lado, resulta realmente fascinante de escuchar y de trabajar.
En ‘Coldplay Cover’ el micrófono se mueve literalmente de una habitación a otra mientras seguís tocando. ¿Fue un experimento puntual o algo que queréis seguir explorando?
Sí, totalmente, porque ese concepto tiene posibilidades infinitas. Fue una de las primeras ideas que tuvimos cuando hacíamos las maquetas de ‘caroline 2’. Como decíamos antes, hay infinitas combinaciones posibles entre los sonidos de una habitación y otra, y nos interesaba mucho la sensación de oír el recorrido del micrófono, de un espacio a otro. Las dos cosas (las habitaciones) no “se escuchan” entre sí, hacen cada una lo suyo, y el oyente interpreta la relación entre ellas. Es un concepto con muchísimo por explorar, y sí, queremos seguir haciendo música que juegue con eso. Es probablemente una de las cosas que más nos entusiasma ahora.
"Siempre nos ha atraído mucho la idea de explorar ese punto intermedio en el que no puedes distinguir si lo que estás oyendo es un instrumento acústico, algo sintetizado o una combinación de ambos."
En este disco a veces procesáis las voces digitalmente. ¿Lo usáis para crear distintos personajes en las canciones, o no tiene que ver con eso?
Sí, justo lo pensábamos un poco así. Nos parecía muy guay porque daba la sensación de que iban apareciendo distintos personajes que entran y salen a lo largo del disco, y que poco a poco llegas a conocerlos, aunque sea de forma muy sutil. Pero en realidad, muchas veces es la misma voz la que suena durante toda la canción, solo que está tratada o procesada de manera diferente. Es una forma interesante de jugar con esa idea dentro de una canción de apenas cuatro minutos, que al final no deja de ser, en esencia, una banda de rock tocando, pero con esas voces que se transforman y crean la ilusión de distintos personajes que van apareciendo y desapareciendo a lo largo del tema.
En ‘Tell me I never knew that’, la colaboración con Caroline Polachek suena muy natural, no parece una colaboración “de invitada”. ¿Cómo hicisteis para que su voz encajara en vuestro sonido sin perder su identidad?
Le pedimos que participara porque desde el primer momento en que escribimos la melodía vocal dijimos: “Esto suena totalmente a algo que podría cantar Caroline Polachek”. Tenía ese aire tan característico suyo, y eso nos encantó, porque llevamos muchos años siendo muy fans de su música y de la manera tan particular que tiene de interpretar. Así que, cuando por fin nos animamos a pedirle que la cantara, estábamos bastante seguros de que sonaría genial con su voz, porque ya nos la imaginábamos perfectamente en ese lugar desde el principio. Y efectivamente, lo hizo increíble, tanto en esa parte como en todas las demás que decidió añadir después, dándole aún más personalidad a la canción.
&bnsp;Sois ocho en la banda, cada uno con un papel distinto. ¿Cómo tomáis decisiones en el estudio cuando hay tantas ideas?
Supongo que hay varias fases en la composición. Muchas ideas las montamos primero entre Casper, Jasper y yo, y luego las presentamos al resto para convertirlas en canciones juntos. Cuando llegamos al estudio, ya teníamos una idea bastante compartida de lo que queríamos conseguir, así que no hubo mucha discusión. Todo fue bastante fluido. En la parte de escritura sí hay mucho ir y venir, pero intentamos probar todas las ideas y entender por qué cada uno siente ciertas cosas sobre ellas. Tenemos mucha confianza los unos en los otros y todos entendemos la identidad musical del proyecto, así que el proceso fluye bastante bien.
En los conciertos soléis tocar en semicírculo, mirándoos unos a otros. ¿De dónde viene esa idea y qué os aporta frente a tocar de cara al público?
No puedo imaginarme tocando en línea, mirando al público. Sería rarísimo. Empezó por dos razones: al principio, cuando no teníamos muchos fans, tocábamos en locales muy pequeños en Londres y éramos demasiados para el escenario. Así que decidimos tocar en el suelo, era más fácil. Probamos una vez a tocar en línea y fue un desastre: todas nuestras señales para tocar juntos eran visuales, no contábamos ritmos, nos mirábamos. En línea no podíamos vernos bien, así que fue catastrófico. Empezamos a tocar en círculo, y nos gustaba también porque el público nos rodeaba y se sentía algo más comunal, más democrático, como si toda la energía se concentrara en el centro. Era una sensación muy buena. No queríamos dejar de hacerlo, pero ahora que tocamos en escenarios más grandes, tiene más sentido hacerlo en semicírculo. Así podemos seguir mirándonos, y aunque sea un círculo “roto”, se siente igual de bien, solo que distinto.
"Nos gustó alterar nuestras voces digitalmente porque daba la sensación de que iban apareciendo distintos personajes que entran y salen a lo largo del disco, y que poco a poco llegas a conocerlos, aunque sea de forma muy sutil."
En vuestra música las letras usan frases cortas, casi desconectadas, que se repiten o se cortan de golpe. ¿Ves el lenguaje como una extensión de los contrastes en vuestro sonido?
Sí, creo que las palabras son también bastante fluidas en la música. No es tan importante lo que la persona que canta intenta transmitir; no buscamos contar algo narrativo o lineal. No tiene por qué ser continuo. Lo vemos como algo abierto, y el contenido literal de las palabras no es central para lo que se siente al escucharlas. Lo que importa no es tanto su significado, sino la sensación de oírlas una tras otra.
En todas nuestras entrevistas pedimos al artista que deje una pregunta para la próxima banda con la que hablaremos. ¿Cuál sería la tuya?
¿Cuál fue tu primer amor musical?
Y tengo una para ti de Country Girl: ¿cuál es tu instrumento favorito?
Diría el violonchelo. Es muy completo, suena con fuerza y con una riqueza enorme. Un chelo bien grabado es un placer de escuchar. Además, sirve tanto para música experimental como clásica, es muy versátil.
