Crónica

Warm Up 2023

29/04/2023 - 30/04/2023



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En los pueblos es muy común que cuando va a cambiar el tiempo, a las personas mayores les empiecen a doler algunas de sus extremidades, como si un señor del tiempo habitara en sus carnes. En la quinta edición del festival murciano, yo creo que ni los más viejos del lugar podrían pensar que la leve punzada que sentían desde hace unos días en la pierna se iba a traducir en una de las trombas de agua más intensas que se recuerdan en la comarca.
El sábado por la tarde, tras un largo viaje desde Barcelona, nos dispusimos a entrar rápidamente al recinto ferial de La Fica. Una cola raquítica y sin apenas aglomeraciones nos dio enseguida la pulserita y ganas de ver cómo se la gastaba el Warm Up festival. A esa hora, rozando las seis de la tarde, la gente aún se recogía en las bondades de la siesta, guareciéndose del cruel calor que aún pegaba fuerte, aunque un cortejo de nubes iba manchando el cielo de una pátina gris.
La noche anterior se había inaugurado el festival con actuaciones tan apetecibles como las de Ojete Calor, Kasabian o Miss Caffeina, pero por motivos logísticos nos fue imposible acudir. Con unos datos oficiales de unos 52.000 asistentes a lo largo de toda la semana, distribuidos tanto en conciertos como en actividades y exposiciones, atendiendo a lo visto a la hora de la merienda, nos costaba pensar en esas cifras en el momento de cruzar la verja del festival.
Nuestra entrada coincidió con la actuación de Natalia Lacunza, quien descorchó el escenario Polo Club para ejecutar junto a su banda su álbum “Tiene que ser para mí”. La triunfita, aunque le puso ganas, no pudo más que contentarse con protagonizar cierto hilo musical antes de empezar uno de los platos fuertes de la segunda jornada: Temples.
Para quien escribe esto, los ingleses han hecho un señor disco este año, “Exótico”, lleno de ganchos y canciones que deseábamos ver cómo sonaban en directo. A eso de las 7 y cuarto, la banda salía al escenario Estrella de Levante con esas pintas tan sixties que les caracterizan. A esa misma hora, empezamos a notar que empezaban a caer las primeras gotas que empezaron a crecer rapidísimamente de diámetro hasta convertirse en toda una tormenta a tener en cuenta. El setlist, por increíble que parezca, prácticamente se redujo a dos canciones: “Oval stones” y “Certainty”, teniendo que cortar rápidamente cuando comenzaron la siguiente. A partir de aquí, el caos. El público empezó a correr buscando algún sitio donde guarecerse y al no haber tal, improvisó campamentos de refugiados en polycleans (llegamos a contar hasta seis personas en uno). Otros optaron por buscar cobijo tras las barras de bebidas o incluso dentro de un coche de exposición.
En fin, tras unos quince minutos diluviando, los guardias de seguridad nos avisaban que evacuáramos; el festival quedaba cerrado por ahora. Tras salir todos los asistentes del recinto, muchos buscaron consuelo visitando el Carrefour, donde improvisaron una charanga a la que incluso se unió el grupo Niña Polaca, quienes tocaron un mini-set en el parking del supermercado. Toda una situación berlanguiana que alcanzó sus cotas máximas de surrealismo cuando vimos una lavandería tomada por restos del público en ropa interior, usando la secadora para quitarse un poco la humedad de sus empapadas prendas.
Tras unas dos horas esperando algún tipo de comunicado por parte de la organización, decidimos irnos a casa. Sobre las 10 y veinte, se nos informó que lamentablemente se cancelaban todas las actuaciones del día. La tercera jornada (segunda nuestra) vino caracterizada por un incomodísimo malestar intestinal que me recluyó en la cama hasta minutos antes de dirigirnos al festival: escalofríos, debilidad y fatiga acampaban por mis dominios, pero armándome de un bote de suero, dimos por empezada la sesión dominical de la velada.
Aún con la amenaza de nuevas lluvias, observamos un innegable aumento de público que, a modo de revancha, madrugó para no perderse ninguna actuación. Las madrileñas Cariño presentaron su certero pop naif, canciones que fueron muy bien acogidas por el público que tenía muchas ganas de pasárselo bien: “Tamagotchi”, “Si quieres”, “Bisexual”. Al trío se le veía feliz y actuando de revulsivo de la segunda accidentada jornada, a la que citaron en varias ocasiones. Como colleja, quizás recriminaríamos su sonido, algo plano y desengrasado que quedó perdonado gracias a la afable actitud del trío.
El que sí logró un sonido espectacular fue Iván Ferreiro, quien se presentó muy bien acompañado, no solo por su banda, sino también por Leiva al bajo, para sorpresa de muchos de los que estábamos delante. El vigués prácticamente secuestró el escenario principal Estrella Levante con un sonido musculoso, perfectamente lubricado, presentando temas nuevos como “La humanidad y la tierra” (con el sample de “El hombre y la tierra”), junto a viejos conocidos como “El pensamiento circular” (a la que le cedió el micro al ex-Pereza) y revisiones de su antigua banda: “M” o la aplaudida “Años 80”. E incluso se atrevió a fusionar “Turnedo” con “Diecinueve” de los sevillanos Maga. Uno de los grandes triunfadores de todo el festival. Sin duda.
Tras acabar, nos esperaba el pop-punk de Carolina Durante en el escenario 2, quienes abrieron su show al ritmo de la marcha imperial de Star Wars. Los madrileños incendiaron el escenario gracias a un sonido sin fisuras, compacto como un martillo pilón y también gracias a los espasmos típicos de Diego Ibáñez, un auténtico culo inquieto que no paraba de saltar y retorcerse ni un segundo. Auténtico dolor para todas las cámaras que querían sacar alguna instantánea decente.
Sin tregua, despacharon una primera tanda cargada de keroseno: “Cementerio”, “Nuevas formas de hacer el ridículo” o “Moreno de contrabando”, a la par que se iban armando un considerable pogo en las primeras filas. Desgraciadamente, esta euforia inicial se fue desinflando debido a la lluvia. Empezaba a llover de nuevo y aunque su cantante nos espetaba “Es solo agua”, la verdad es que se hacía complicado poder disfrutar del espectáculo mientras nos iba calando la ropa.
Tras salir (otra vez) del recinto, nos refugiamos en un bar donde seguimos al detalle las noticias de la organización que nos informaba que se veía obligada a cancelar la actuación de The Kooks por las inclemencias del tiempo. Al dar tregua el chaparrón, se reactivaron los conciertos y rápidamente nos dirigimos a contemplar uno de los platos fuertes de la jornada: Yo la tengo. Mientras la gran mayoría del público se decantó por Carlos Sadness, una resistencia de señoros babeaba ante uno de los mejores grupos del mundo que venía a presentar otro grandísimo trabajo: “This stupid world”.
Si en el show de Barcelona del día anterior habían optado por dividir el set entre una primera parte acústica y otra más ruidosa, en tierras murcianas directamente atacaron con todos los reverbs posibles para gozo de nuestras orejas. Reconstrucciones saturadas de ruido como la reciente “Sinatra drive breakdown” con un Ira Kaplan poseído que maltrataba con ahínco el mástil de su guitarra, al que no le importaba alargar el minutaje de cada tema entrando en loops casi chamánicos, una auténtica defensa del rock como algo plástico y vivo.
También hubo espacio para estampas más delicadas, como la bonita “Stockholm Syndrome”, cantada en boca de James o la inevitable “Sugarcube”. Pero sin duda, lo más agradecido fueron los exorcismos sónicos de “Tom Courtenay” o “Little honda”, donde el trío de Hoboken sacó pala y cemento para montar una auténtica muralla de sonido que plantaron en medio del escenario. Infinitos.
Al dirigirnos para ver qué nos traían Vetusta Morla, notamos cómo empezaba de nuevo a llover. Esto, unido a un frío que nos iba mermando, nos hizo que finalmente decidiéramos poner punto y final a nuestro paso por el festival. Balance agridulce para una visita que definitivamente se merecía mucho más.
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.