Crónica

Tibidabo Live 2015

Viernes

04/09/2015 - 05/09/2015

Por -

El pasado viernes presenciamos el nacimiento de un nuevo festival en Barcelona, el Tibidabo Live Festival. Situado encima de la montaña que da nombre al festival, éste nos ofrecía, además de un cartel bastante apetecible, unas vistas espectaculares de la ciudad y un entorno único e idílico. Llevándose a cabo el mismo fin de semana que su, podríamos decir hermano mayor, Kutxa Kultur Festibala, el Tibidabo Live nos daba a los barceloneses la posibilidad de disfrutar de la música alejados de las grandes masas, en un ambiente más íntimo y familiar.

Poder subir a una montaña rusa antes de ver a Yo La Tengo o girar en la noria mientras esperas a Mogwai, son cosas que pocas veces uno había podido imaginar. Sin embargo el tiempo tenía pensado jugarle una mala pasada a la organización del festival, y es que el viernes la lluvia y la niebla fueron en parte los protagonistas de la jornada. Al llegar al parque de atracciones del Tibidabo uno parecía entrar de lleno el mundo de Silent Hill, nosotros llegamos pasadas las 19h por miedo a mojarnos demasiado, y fue entonces cuando vimos que las actuaciones de Pet Fennec y Rafael Berrio habían sido canceladas.

black-box-red

Con muchas ganas de buena música y unos churros con chocolate para quitarnos el frío, cruzamos los dedos para que no se cancelara ningún otro concierto, y para que poco a poco el festival se fuera llenando. Y así fue, pasadas las 20h el recinto empezaba a ver como llegaban más asistentes para presenciar el concierto de Black Box Red, un dúo holandés que vino dispuesto a darlo todo. Con una propuesta contundente y un intenso directo. Con tan solo una guitarra y una batería, consiguieron atrapar a los pocos que sacábamos la cabeza por el escenario de la Plaça dels Somnis a través de esa poderosa mezcla donde el grunge y el garage hacían acto de presencia. Un sonido tan duro como oscuro que sirvió para alejar esa niebla que nos impedía hasta ver las luces de las atracciones y llevarnos hacía su potente terreno.

Niña-Coyote

Tras este espectáculo tocaba subir rápidamente al escenario pequeño del festival donde el también dúo, en este ocasión llegados de Donosti,  Niña Coyote eta Chico Tornado venían dispuestos a dar guerra y a contagiarnos con su energía.  Acompañados de su guitarra y la batería, hicieron gala de un potente rock que consiguió congregar a un buen número de asistentes.

Y después de la actuación de Niña Coyote eta Chico Tornado llegaba el momento más esperado por la mayoría de las 400 personas que debían poblar el parque, ya casi vacío de turistas y visitantes. La meteorología había hecho mella durante la primera jornada de festival, pero, benevolente, fue dejando paso a la calma para recibir a los de Hoboken ya en una noche cerrada, dulce y muy, muy especial.


yo-la-tengo-3

Eran las 22,10 cuando Yo La Tengo tomaban el escenario y lanzaban los primeros y reconocibles acordes de ‘From a Motel 6’, uno de los temas noiserockeros más populares de la banda y que encendería esa primera instancia de setlist más rítmico y extrovertido. Cuando eres un grupo como Yo La Tengo, tienes a tu favor una enciclopedia de álbumes, canciones y versiones que te permiten confeccionar una lista de canciones riquísima en contrastes, matices y cambios de dinámica. Eso les habilita para pasar del indie más ruidoso (como la coda caótica y deliciosamente desafinada de Ira Kaplan en ese primer tema) o ‘Flying Lesson’ a ‘Stockholm Syndrome’, donde el bajista James McNew tomaba las riendas vocales y el foco en una canción ya de corte más profundo. Yo La Tengo venían al Tibidabo con su nuevo trabajo Stuff Like That There bajo el brazo y, si bien no abusaron de sus novedades, sí hubo lugar para disfrutar de piezas como ‘Awhileaway’, ‘Rickety’ o su dulce versión de ‘My Heart’s Not Into It’ de Darlene McCrea, que puso el foco esta vez sobre Georgia Hubley y su precioso registro vocal cercano y susurrante, su batería ahora minimalista y su jersey de señora indie. No hubo momento ‘Friday I’m In Love’ y, aunque a las once y media de la noche del viernes se echó en falta, quizá fue lo correcto: probablemente hubiera corrompido el momento mágico y convertido ese clima de comunión con el grupo en un karaoke.

Tocaron temas de ayer, hoy y siempre como la extrañamente suave pero contundente ‘Autumn Sweater’ (de su trabajo I Can Hear the Heart Beating as One, de 1997), ‘Decora’, que junto con ‘Flying Lesson’ representaba su álbum Electr-O-Pura (1995), o la vaporosa y shoegazera ‘Ohm’, que abre su disco Fade de 2013. Cerraba el setlist principal uno de esos temas largos que combinan pasajes de abrasión, ritmo, espacios y acoples de guitarra, marca de la casa: ‘Pass the Hatchet, I Think I’m Goodkind’, de su disco de 2006 I Am Not Afraid of You and I Will Beat Your Ass.

Yo-la-tengo-2

Llegó entonces el momento de guardar los instrumentos, o, mejor dicho, depositarlos momentáneamente en sus soportes y abandonar la tarima. La atmósfera íntima que se vivía en el parque, tanto por parte de la banda como del público, llamaba a más. Y así fue. El escenario, ya de por sí pequeñito y familiar, recibía de nuevo a los 3 músicos que volvieron a salir a escena a ofrecer un poquito de ese sonido de domingo lluvioso y sofá acogedor, aunque fuera un viernes noche lleno de luz. La preciosa guitarra acústica con pastilla amplificada de Kaplan sonó cristalina mientras dibujaba, con Barcelona a sus pies, los acordes de ‘The Whole of the Law’, un clásico Yo La Tengo que el público recibió de forma especial, como también ‘You Can Have It All’, de And Then Nothing Turned Itself Inside-Out (2000) o la fina ‘By The Time It Gets Dark’, que aparece en su EP de 1997 Little Honda y en el ejercicio recopilatorio de 2005 Prisoners of Love. Fue el mismo Ira Kaplan quien antes había preguntado al público qué encores querían que tocaran y fue un grupo de primera fila quien, con buen gusto, debió pedir una de las obras maestras del grupo: ‘Big Day Coming’. Fue el momento en el que todo cobró sentido: tocaron la canción con arreglos similares a la versión acústica que aparece en Extra Painful (2014), a caballo entre la exquisita versión flotante que abre el Painful original y su segunda versión, aquella bestia electrificante y riffera al final del mismo.

Decimos que todo cobró sentido porque fue el momento sublime en el que tanto músicos como público vieron qué habían conseguido: un estado de cercanía total, habilitado por lo reducido y extravagante del espacio (un parque de atracciones inaugurado a principios del siglo XX), del público (con actitud intachable) y a través de su música en forma de composiciones que repasaban más de 20 años de su historia. Con la ciudad de Barcelona de fondo y las bombillas del mítico avión y del tío vivo alumbrando la fiesta, Yo La Tengo ofrecieron un recital íntimo, sin pretensiones e, insistimos, muy, muy especial al que Kaplan ya se había anticipado, una hora antes, llamándolo ‘a lovely night’.

Crónica de: Toni Delgado y Elisabeth Gallego

Elisabeth
Elisabeth

Licenciada en Humanidades y amante de todo lo que rodee el mundo audiovisual, en mi mochila siempre encontrarás una cámara, mi móvil, unos auriculares, una agenda y un boli. Lo que más me gusta es disfrutar de la música en directo y guardar las entradas de recuerdo. ¡Ah! Y los velociraptores.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *