La segunda jornada del NOS Primavera Sound 2022 se presentaba a priori tan cargada como la primera, resultando cuanto menos complicado encontrar el llamado “hueco de la cena” dentro de unos horarios que no nos dejaban ni un pequeño respiro. Ya desde primera hora no podíamos faltar a nuestra cita con un grupo de ilustres músicos de la escena portuguesa como son Norberto Lobo, Marco Franco y Bruno Pernadas, quienes habían unido fuerzas para la ocasión con Miguel Nicolau y Margarida Campelo para dar vida en directo a las canciones de Montanhas Azuis. Siendo uno de esos proyectos donde en todo momento se pone de manifiesto la libertad tomada por sus miembros a la hora de explorar la psicodelia más ambiental, las bandas sonoras retrofuturistas o el free jazz más lisérgico, lo que nos ofrecieron en los primeros compases de la tarde estuvo muy relacionado con dar rienda suelta a una vertiente rítmica sintética capaz de meter al público en su propuesta a las primeras de cambio. Comprobando como el juego a cuatro manos en los teclados era capaz de arrojar momentos de auténtica fascinación por lo bien encajadas que resultaban todas las melodías dispersas que brotaban de ellos, podemos afirmar que las canciones presentadas se nos pasaron prácticamente sin darnos cuenta, fruto todo ello del embelesamiento que causaba ver tranquilamente a los músicos divagar entre escalas poco convencionales.
Acto seguido inaugurábamos por segundo día el escenario NOS encontrándonos ante otro de esos conciertos que emergen con fuerza en nuestra memoria una vez toca hacer balance del festival. Estamos hablando de unos Beach Bunny que se enfrentaron a todo lo que implica abrir un escenario grande cuando el volumen de gente a primeras siempre resulta escaso. Sin embargo esto no fue ningún impedimento en cuanto a la motivación mostrada por los miembros del grupo, dejándolo claro desde que salieron al escenario y Lili Trifilio nos pidió que nos sentásemos para que justo saltásemos al unísono en el momento en el que sonase el primer estribillo de ‘6 weeks’. Con esta bonita estampa de comunión entre el público y el grupo, quedaba claro que el concierto iba a ir viento en popa, encontrándonos como la intensidad in crescendo lograda también contribuía enormemente a ello. Desplegando todas sus armas a la hora de ofrecernos melodías con múltiples ganchos certeros, riffs de querencia tan noventera como revitalizadora y esa forma de agitar al público tan solo con atravesar las cambiantes fases que poseen sus temas, podemos afirmar que el concierto de Beach Bunny resultó totalmente disfrutable de principio a fin. Más aún si en el setlist caen canciones tan impecables como ‘Prom Queen’, ‘Nice Guys’ o una ‘Painkiller’ que nos hace ver como el grupo ya se había ganado un huequito en nuestro corazón incluso antes de verlos en directo.

Aún bajos los efecto de la adrenalina provocada por el concierto de Beach Bunny, nos dirigimos al escenario Cupra para comprobar el espectáculo que traía tras de sí Rina Sawayama. Si bien es cierto que esperábamos que su concierto se programase con el sol ya puesto, este a priori hándicap no deslució para nada su propuesta audiovisual que incluso a plena luz del día resultó impactante. Para comprender mejor todo lo que nos encontramos encima del escenario, tenemos que ser conscientes de como Rina no es una artista pop convencional, ya que en su música es capaz de traspasar géneros como el heavey metal o el hard rock, provocando que el toque dulce melódico de sus composiciones pueda girar hacia algo mucho más ácido y descarnado. Todo esto tuvo cabida durante una actuación que tuvo bailarinas, coreografías, momentos de máximo esplendor vocal y en definitiva, un conjunto de recursos bien entretejidos con los que provocar que el público se vuelva loco de principio a fin. Momentos como los brindados con temas como ‘Snakeskin’ o ‘Cherry’ resultaron auténticas armas arrojadizas de como pasar de la nada al todo en cuestión de segundos. Mención especial también mereció la presentación de su nuevo sencillo ‘This Hell’, una de esas composiciones que lo tiene todo para poder llegar a posiciones altas de la radio fórmula sin ningún complejo, mientras que el broche de oro lo puso con la versión de ‘Free Woman’ de su admirada Lady Gaga.
Como bien es sabido que el cartel del NOS Primavera Sound siempre nos depara grandes contrastes, a continuación teníamos sobre el escenario principal a unos Slowdive bañados por la golden hour que provocaba una escena más idílica con la que pudiesen despuntar sus temas. Sin grandes novedades en su setlist, pero tirando de ejecución perfecta con todo tipo de matices, solventaron con éxito un concierto que tuvo todo lo que esperábamos de ellos. Desde esa timidez que se esconde en los fraseos de Rachel Goswell hasta los momentos de virtuosismo en los punteos de Neil Halstead, todo ello sin perder de vista su principal seña de identidad que es poder dibujar melodías evocadoras en mitad del ruido más atmosférico. Si bien es cierto que a estas alturas la sobriedad en su puesta en escena es algo que tenemos completamente asumido, en esta ocasión no dejaron pasar la oportunidad de aprovechar las dimensiones del escenario para dejarnos ante unos visuales también escuetos pero que ayudaban a reforzar todos aquellos momentos a estas alturas icónicos de sus directos como fue el caso de ‘Sugar For The Pill’ o ‘Alison’. A la espera de nuevas composiciones que están en camino, de momento les basta con repasar su inmejorable trayectoria.

La siguiente parada de la noche tuvo lugar con Amaia en el que fue su primer concierto internacional. La artista pamplonica llegaba a Oporto con un más que reciente segundo LP bajo el brazo y una nueva propuesta en escena cuanto menos curiosa. Está claro que en esta nueva etapa de su carrera ya no tiene ningún complejo a la hora de ir saltando entre todas las posibilidades que ofrece el tener un abanico de canciones de lo más diversas, pero siempre encontrando puntos en común que hacen que todo suene muy propio. A lo largo de su hora de actuación le dio tiempo a pegar un buen repaso de todas las novedades y también a no olvidarse de los cimientos de su primer trabajo, logrando un perfecto equilibrio con el que saltar desde los momentos de mayor catarsis de la inicial ‘Bienvenidos al Show’ a todos aquellos en los que es preciso explotar los medios tiempos, casi baladas, como fue el caso de ‘La Vida Imposible’. Mostrándose de lo más agradecida y afirmando que sería complicado olvidar el primer concierto que ofrecía fuera de su país, la actuación se adentró en una fase más íntima donde nos encontramos ante la interpretación al piano de ‘Fiebre’ de Bad Gyal o una ‘Yamaguchi’ donde Amaia Miranda la acompañó a la guitarra acústica. Ya adentrándonos en la recta final dio rienda suelta a sus singles recientes más rotundos con ‘El Encuentro’ y ‘La canción que no quiero cantarte’ donde se desató con unos bailes de lo más divertidos.
Después de las buenas sensaciones del concierto de Amaia, Rolling Blackouts Coastal Fever nos esperaban en el escenario Binance, el espacio más reducido seguramente de todo el festival pero también uno de los que presentaba mayores decibelios. Aprovechando al máximo esta ventaja, ofrecieron seguramente el concierto con mejor sonido de todo el festival, algo que ya es mucho decir dado los nulos problemas de volumen que nos encontramos a lo largo de las tres jornadas. Todo esto se pudo comprobar cuando arrancaron con enorme potencia ‘Talking Straight’, encontrándonos ante unos músicos que se movían con total libertad y que ante todo se les notaba de lo más felices en todos aquellos pequeños gestos de compenetración. Sin ofrecernos prácticamente ningún respiro, más allá de alguna palabra de agradecimiento, recopilaron sus singles más certeros como ‘Mainland’ o el reciente ‘My Echo’ para poner toda la carne en el asador y realmente ofrecernos su versión más festivalera posible. Tan solo rebajando las revoluciones en ‘Fountain of Good Fortune’, nos hicieron ver como ahora mismo son el mejor grupo de jangle pop posible, evidenciando como sus directos son el espectáculo más completo de melodías revitalizantes soltadas con todo el vértigo del mundo.

Adentrándonos en las últimas actuaciones de la noche, 100 gecs llegaban al escenario Super Bock con una propuesta realmente impactante en cuanto a todo lo vibrante de sus graves, la saturación de voces llevada al límite y ese carisma tan arrollador con el que evidenciar como a pesar de que su música no sea en directo su entrega es total. Nada más salir al escenario con ‘Hey Big Man’ lograron que los primeros asistentes volasen en brazos del resto de los presentes, todo ello acrecentado por un cúmulo de proyecciones disparatadas donde veíamos pasar auténticas estampas desquiciadas a una velocidad sobrehumana. Desvistiéndose rápidamente de sus característicos trajes de magos, dieron rienda suelta en los primeros compases del directo a composiciones tan rotundas como ‘Doritos & Fritos’ o ‘757’, exhibiendo todas las posibles caras de su música que van desde el hyper pop hasta a un noise rock siempre hipervitaminado. Resultando increíble como la intensidad del directo no decrecía en ningún momento, nos encontramos ante momentos de esos donde parecía que éramos más conscientes que nunca la auténtica religión que supone el grupo para sus seguidores, entregados en masa a todo el surrealismo que contienen sus temas. Incluso temas más recientes como ‘mememe’ eran vividos a nuestro alrededor con una pasión desmesurada, dando buena cuenta de como la popularidad del grupo es imparable.
Tratando de serenar un poco nuestro interior, nos dirigimos al que seguramente era el concierto más esperado de la presente edición del festival, ya que Pavement regresaban tras muchos años de parón, siendo el NOS Primavera Sound una de las primeras paradas de su vuelta. Ocupando al máximo todo el escenario, aunque manteniéndose la mayor parte del concierto estáticos sobre sus posiciones, nos ofrecieron uno de esos directos donde cada canción suena a definitiva, logrando emocionar realmente tan solo con el poder de unas composiciones que iban picando piedra en nuestra memoria. Evidenciando todo esto desde los primeros compases de ‘Grounded’, no necesitaban grandes alardes más allá que la rotundidad de sus riffs para que fuésemos conscientes de que lo que llevábamos tanto tiempo esperando estaba ocurriendo realmente. Sin necesidad de aparentar ser estrellas de rock, sino un grupo de amigos que se han reunido para revivir buenos tiempos, la apariencia de cercanía jugaba un papel importante para que todo resultase más cercano y de desligase de la idea de un concierto en un gran festival.
A pesar de ello, resultaba inevitable para sus miembros dejarse llevar por la euforia del momento, regalándonos interpretaciones más desquiciadas que de costumbre como la de una ‘Embassy Row’ que resultó totalmente incendiaria. Sin embargo, como ante todo son una banda de grandes contrastes dentro de ese rock de guitarras tan cargado de sensibilidad y realmente patentado por ellos mismos, los contrastes siempre están asegurados ofreciéndonos composiciones mucho más rebajadas como ‘Transport Is Arranged’ o una ‘Typed Slowly’ con la que dejar patente lo bien que se les da construir canciones con lo mínimo. Sin mediar muchas palabras pero sí las necesarias para transmitir con sinceridad la ilusión que les hacía estar viviendo ese momento y lo increíblemente bonita que les parecía la ciudad, la recta final del concierto se aproximaba con total serenidad gracias a un combo final formado por ‘Undair’, ‘Shady Lane’ y ‘Fin’, haciendo patente una vez más como ante todo son una banda que huye de los focos más destellantes.

