Chan Marshall regresaba a nuestro país inmersa en una de las giras europeas más abundantes de la historia reciente de Cat Power, encontrando en Las Noches del Botánico un espacio ideal para ofrecernos buena parte de su repertorio y no olvidarse tampoco de todas aquellas bandas por las que siente un gran devoción. Comprobando como soplan nuevos tiempos para la artista norteamericana, lo que nos ofreció a su paso por Madrid estuvo totalmente a la altura de lo que esperamos de una artista como ella, dejando de este modo atrás anteriores actuaciones en las que nos quedamos más bien con su sabor agridulce. El hecho de encontrarse cómoda con un repertorio que representa muy bien esta nueva etapa de su carrera fue algo que se hizo más que evidente a lo largo de la calurosa velada del pasado lunes, encontrándose al mismo tiempo bien arropada por una banda que tuvo sus ciertas dosis de protagonismo pero que en todo momento evitó eclipsar a la que era la estrella de la noche.

Sin embargo, antes de que ocurriese todo esto, a plena luz del día, George van den Broek y sus músicos pisaban también el escenario para darle un buen repaso a todo lo facturado por su proyecto Yellow Days hasta la fecha. Con los temas de su reciente EP Slow Dance and Romance aún coleando en las listas de novedades, su actuación estuvo marcada por ir de menos a más. De esta forma, en los compases iniciales parece que apostaron por tirar de su vena más jazzística y aferrada a los medios tiempos que guardan bastante relación con el pop setentero de garito humeante, logrando poco a poco ir caldeando el ambiente y así ir tirando de mayor garra. Resulta innegable como el poderío vocal del músico jugó una baza importante a la hora de ir conduciendo la actuación por aquellos derroteros donde el soul resulta de lo más cálido y sugestivo, algo que sucedió a medida que fueron cayendo temas como una ‘The Way Things Change’ donde el carácter más hipnótico y psicodélico hizo el resto para meter al escaso pero atento público en el bolsillo. Detalles más que vibrantes con los que demostrarnos como ante todo es una banda que imprime matices muy precisos en los temas.
Ya con la relativa oscuridad que nos pueden ofrecer los cielos de la capital, Chan y su banda hacían acto de presencia destacando por la proximidad en la que se encontraban entre sí en el escenario. Con una puesta en escena lo más sobria posible, donde el formato de percusión, teclados y guitarra era suficiente para conducir los temas hacia ese espacio de intimidad compartida y serenidad, la actuación fue atravesando múltiples etapas marcadas por el carácter de una artista que ante todo mostraba una gran pasión en todas las estrofas que salían de su boca. Atacando rápidamente casi de forma acústica ‘Say’, nos metió rápidamente en un ambiente propicio para disfrutar al máximo de esa pose que solo puede proporcionar la experiencia, repitiéndonos una y otra vez ese “never give up” que a bien seguro le ha ayudado en muchos puntos de su trayectoria. A continuación, logrando entrelazar el tema de una forma prácticamente imperceptible, nos dejó ante un ‘Great Expectations’ con el que entró definitivamente toda la banda, desempolvando de este modo un sonido puramente americano.
Las numerosas versiones que cayeron a lo largo de la velada no se hicieron esperar, haciéndonos ver como ante todo hace que las canciones se amolden a su particular estilo de visceralidad sin concesiones ni aspavientos. Esto fue lo que ocurrió con una ‘(I Can't Get No) Satisfaction’ que desdibujó por completo hasta extenderla por derroteros donde las guitarras más plácidas son las que llevan la voz cantante. También resultó pasada al máximo por su filtro el clásico ‘Bad Religion’ de Frank Ocean, tirando en esta ocasión de un juego de dos micrófonos con el que lograr una perfecta modulación vocal que propició el punto de distorsión y desconcierto necesario para que la canción resultase más memorable. Con más covers presentes en su más reciente trabajo, no faltó el ‘White Mustang’ de su amiga Lana Del Rey, haciendo que el carácter aterciopelado del tema se mantuviese, pero al mismo tiempo adquiriese un componente más aferrado a saldar cuentas pendientes.
Regresando a las canciones de autoría propia, merece la pena destacar como llegaron esos momentos donde ser conscientes del gran temple y buen pulso que posee para mostrarnos narrativas reconocibles, cargadas de esa belleza simple que suscita la simbología más cotidiana. Así es como cayó la emotiva ‘The Moon’, gozando de unos arreglos de teclado de lo más juguetones con el que aportar un mayor aire evasivo al tema. Comprobando como la velada poco a poco se iba aproximando hacia el inevitable fin, aún quedaban canciones de relumbrón como una ‘Manhattan’ con la que rescatar los años dorados que le propició su LP Sun, un disco que por cierto este año cumple su décimo aniversario. A pesar de ello, nos demostró como su amplitud de miras también llega a puntos de su discografía aún más remotos, recuperando ‘Wild Is the Wind’, su canción favorita de Nina Simone, reivindicando su pasado más inmediato con ‘Me Voy’ y dando protagonismo a su disco junto a Steve Shelley con ’Rockets’. Un combo final con el que mostrar tres de sus caras más diversas y volver a hacernos sentir todo lo que sentimos cuando escuchamos su música por primera vez.
