Crónica

Bleary Eyed · Wednesday

Copérnico

15/02/2026



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Muchas veces el éxito de un grupo no se mide en cifras ni en posiciones en listas de ventas, sino en su capacidad para atravesar distintas etapas creativas sin perder identidad y, además, lograr que cada una de ellas resulte estimulante. Hay bandas que se agotan en una fórmula; otras, en cambio, evolucionan sin traicionarse. Ese es, precisamente, el caso de Wednesday: a lo largo de su trayectoria han sabido construir discos que se sienten inequívocamente suyos y defenderlos en directo con una convicción casi feroz.

La sensación que dejaron sus anteriores conciertos presentando 'Rat Saw God' fue difícil de superar: de esas experiencias en las que uno percibe que está ante una banda con potencial para marcar época dentro del pop ruidoso de guitarras. Con la nueva gira de 'Bleeds' no solo han confirmado aquella impresión, sino que la han ampliado. Si el año pasado firmaron uno de los discos más celebrados del curso, ahora demuestran que poseen un repertorio amplio, cohesionado y capaz de sostener un concierto sin altibajos. A eso se suma una cercanía poco habitual, son, sencillamente, de lo más afable que uno puede encontrar sobre un escenario, y unas canciones que impactan tanto en lo físico como en lo emocional. Con estos mimbres, el que para muchos era uno de los conciertos más esperados del año tenía todas las papeletas para estar a la altura. Y lo estuvo.

Como detalle significativo, la banda decidió traer consigo a sus propios teloneros durante la gira europea, un gesto que siempre se agradece y que contribuye a dar coherencia a la velada. Sus compañeros de ruta, Bleary Eyed, debutaban por aquí presentando también 'Easy', publicado el año pasado.

La banda de Filadelfia ofreció media hora intensa en la que exprimieron su vertiente más grunge, aunque filtrada por un tratamiento digital que remite a propuestas como las de Spirit of the Beehive. Su sonido se sostiene sobre pasajes en los que el shoegaze se afila hasta el extremo, pero también abre espacio a melodías nítidas que iluminan la densa nube de distorsión. Así ocurrió, por ejemplo, en el hermoso tema que da título al disco, donde la claridad vocal emerge entre capas de ruido cuidadosamente ensambladas. También destacó especialmente 'Stars', marcada por líneas graves muy pronunciadas que evocan a formaciones de culto como LVL UP. Dejaron con ganas de más y prometieron regresar a Europa antes de que termine el año; ojalá eso incluya una nueva visita a la ciudad.

Tras un breve interludio para ajustar instrumentos y pedales, el escenario quedó listo para los protagonistas. Sobre los amplificadores descansaban unos peluches, un perro y una foca, que sintetizan bien esa estética a medio camino entre lo adorable y lo inquietante que caracteriza el universo creativo de Karly Hartzman. Con la sala llena hasta los topes, Wednesday apareció sin rodeos y decidió marcar territorio desde el primer minuto.

Arrancaron con 'Reality TV Argument Bleeds', tema que abre su nuevo trabajo. El grito inicial de Karly funcionó como una declaración de intenciones: un acceso directo a un territorio donde lo oscuro no solo incomoda, sino que también libera. La banda maneja con inteligencia los tiempos, dosificando las explosiones sonoras y dejando espacio para que Xandy Chelmis despliegue su pedal steel sin que la intensidad se descontrole. En directo se permiten pequeñas desviaciones respecto a las versiones de estudio, motivos melódicos que se expanden, dinámicas que se estiran, algo que mantiene viva la experiencia. 'Got Shocked' evidenció ese dominio de los contrastes rítmicos, con cambios exigentes que sostienen la tensión sin caer en el caos.

Mirando hacia atrás en su repertorio, no faltó 'Fate Is...', auténtico emblema de su identidad sonora. Más allá de su peso dentro de la discografía, resultó revelador comprobar cuánto disfrutan tocándola. La complicidad entre los miembros es palpable y contagiosa.

Tras esa primera embestida, el concierto se abrió a un bloque más cercano al pop, donde la narrativa de Hartzman brilla con especial intensidad. Sus letras, detallistas y observacionales, podrían leerse como capítulos de una novela sureña contemporánea. En 'Wound Up Here By Holdin On' el tono fue más desesperado que en estudio, subrayando la sensación de asfixia y la necesidad de huida que atraviesa la canción.

'Candy Breath' terminó de desatar al público: un torrente de guitarras que arrastra consigo escenas aparentemente minúsculas, anécdotas, gestos cotidianos, que, sin embargo, se convierten en el núcleo emocional de la composición. Esa capacidad para transformar lo trivial en algo trascendente es una de sus mayores virtudes.

El set encontró entonces un respiro calculado con 'Formula One', que demostró su versatilidad para habitar tempos más pausados sin perder intensidad. Algo similar ocurrió con 'Cody's Only', que partió desde la contención para desembocar en un muro de sonido expansivo y casi catártico. Tampoco dejaron de lado el poso country que impregna buena parte de su obra. 'Gary's II' hizo aflorar esa tradición del interior de Estados Unidos, integrándola con naturalidad en su universo de guitarras abrasivas.

En la recta final, el peso recayó en los sencillos de 'Bleeds', todos ellos recibidos con entusiasmo. Desde la cadencia más lenta de 'Pick Up That Knife' hasta la energía coral de 'Bitter Everyday', la respuesta del público confirmó que el nuevo material ha calado hondo. 'Elderberry Wine', interpretada con cierta ligereza y hasta con humor por parte de Karly, funcionó como recordatorio de que lo aparentemente grave puede abordarse desde otro ángulo sin perder profundidad.

Antes del cierre, la cantante avisó de que no habría bises: las dos últimas canciones exigirían demasiado a su voz. 'Bull Believer' llegó con gesto serio y una intensidad casi abrasiva, preparando el terreno para 'Wasp', que ya en la etapa final de la gira anterior insinuaba su coqueteo con el screamo. Fue un desenlace contundente, sin concesiones.

Insuperables en cualquiera de sus registros, del susurro al alarido, de la balada al estallido ruidoso, Wednesday reafirmó la sensación de estar ante una de las grandes bandas de rock de su generación. Puede que nunca llenen estadios, pero tampoco parece necesario: su fuerza reside precisamente en esa cercanía, en esa mezcla de vulnerabilidad y estruendo que, por ahora, sigue creciendo sin perder autenticidad.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.