El ciclo Sound Isidro nos tenía reservado en la pasada jornada del viernes uno de los platos fuertes de la presente edición del festival, contando con dos bandas que a lo largo de estos últimos años han sabido despuntar sobremanera en lo suyo a base de propuestas cargadas de pasión y post punk. Estamos hablando ni más ni menos que de VVV y La Plata, dos bandas con un estilo muy identificativo y capaces de desplegar un directo que hace justicia a su versión de estudio. Si bien en el balance general de sus conciertos nos dimos cuenta de cómo cada banda se encuentra en una etapa diferente en cuanto a mostrar su música sobre el escenario se refiere, podemos afirmar que ambas solventaron la difícil papeleta de ofrecer dos directos diseñados claramente para ser disfrutados en unas condiciones totalmente diferentes a las que nos impone la pandemia.
Los encargados de abrir la tarde fueron unos VVV que jugaban en casa y que supieron desde el primer momento hacer que el actuar en un escenario de gran despliegue técnico jugase a su favor. Las ganas que tenían los miembros de que su actuación dejase huella en los presentes se pudieron palpar desde los primeros compases, sonando a un alto volumen todos los samples de corte bakala que ejecutaron tanto al inicio del concierto como entre canción y canción. Al mismo tiempo, todo lo descriptivo de los visuales fue otro de esos puntos fuertes del concierto, escogiendo tonalidades que contrastasen sobremanera para guiarnos a través de todas las aventuras vividas al límite de las que nos hablan sus temas.

Sintiendo como estábamos ante una ocasión bastante especial con la que repasar la trayectoria más reciente del grupo, no cesaron las sorpresas desde el primer momento. Así fue como llegó una versión del ‘Estrella de Mar’ de Amaral conjugado con una nueva mística y oscuridad, estando ante uno de esos momentos que lejos de sonar bizarros encajó a las mil maravillas con la parte más reconocible del grupo. Sin saltarse más canciones que apelan a una gran fuerza visceral y descriptiva, no faltaron tampoco temas como ‘Miedo y Asco en Madrid’ o ‘Fuego’, evidenciando en esta última la habilidad de la formación a la hora de generar estribillos instantáneos que provocan el caos.
En el apartado de las colaboraciones, nos encontramos ante varias destacadas, sobre todo la de un Marcos Crespo de Depresión Sonora que no dudó en poner su voz a ‘Fuego Cruzado’, rebajando las pulsaciones pero amplificando todo el cúmulo de sentimientos nerviosos que esconde el tema. Más artistas que aportaron su grano de arena para el que show fuese más que destacado fueron René de Dharmacide, interpretando tanto el tema junto a Depresión Sonora como una nueva canción que nos hace intuir un sonido más shoegaze dentro de la carrera de los madrileños. Precisamente, el tramo final del concierto estuvo marcado por nuevas composiciones, destapándose Eleanor como vocalista principal y abriendo de este modo un nuevo camino de lo más interesante en su música.

Con una breve pausa para adecuar los instrumentos, La Plata regresaban a los escenarios de la ciudad en una etapa muy diferente a la que los había caracterizado en la presentación de su debut Desorden. Después de un parón de directos provocado tanto por la preparación de nuevo material como por la propia pandemia y con la vista puesta en la publicación de su segundo LP, el grupo nos ofreció un directo repleto de cambios. Precisamente, esta palabra fue la más repetida a lo largo de las intervenciones de su vocalista para introducir estos temas nuevos, comprobando como las novedades han llegado de lleno a la formación.

Arrancando el directo con ‘Enemigo’, tema perteneciente a su EP 01 03 2019, la banda nos hizo ver que su setlist no estaría basado en el carro de hits que acumularon gracias a su debut, sino que habría una mayor variedad con piezas no tan habituales hasta la fecha en su repertorio. De este modo no faltaron ‘Victoria’ y ‘Aire Nuevo’, los dos temas que conocemos de su futuro trabajo, a la par de ofrecernos otro elenco de nuevos temas donde destaca el nuevo enfoque más asociado a la presencia de lo sintético, no en formato de melodías de teclados, sino con un efecto más atmosférico cercano a míticas bandas como Grauzone. Si bien es cierto que estas composiciones tienen el poso de ritmos acelerados identificables del grupo, sí que se intuye un nuevo formato de canción no tan directo como es habitual en ellos.
Reservándose para la recta final del directo canciones que pudiesen provocar la euforia colectiva como ‘Túnel’, ‘Un Atasco’ o ‘Esta Ciudad’, el grupo puso la directa a la hora de exhibir carácter en sus composiciones. Teniendo la sensación de que todos los cambios efectuados en su configuración en directo, relacionados con la interpretación de nuevas canciones les restó a lo largo del directo solidez, los valencianos se resarcieron en el último tramo del concierto, recuperando sensaciones más que necesarias. De este modo, se despidieron con una ‘Me Voy’ que volvió a sonar como la mejor canción de claudicación que se ha escrito en este país en mucho tiempo.

