Crónica

Turnstile

Palacio de Vistalegre

27/11/2025



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Turnstile atraviesan el momento más luminoso de su trayectoria. A estas alturas la banda de Baltimore ha disipado cualquier discusión en torno al aparente ablandamiento de su sonido en sus dos últimos trabajos. En realidad estas nuevas composiciones funcionan como el reverso de una misma moneda, un complemento que amplía su identidad y muestra una versatilidad cada vez más evidente. Su paso por el Palacio de Vistalegre volvió a demostrar que son un grupo capaz de integrar universos distintos y entusiasmar por igual tanto a quienes proceden de escenas más abrasivas como a los seguidores de la tradición que encarnaron Fugazi. También han conquistado al público que se mueve en territorios más cercanos al pop de guitarras. No sorprende si pensamos en sus melodías contagiosas, la imaginería casi onírica con la que enlazan cada transición y esa energía contundente pero siempre medida que los convierte en una banda pensada para escenarios amplios, de esas que justifican por completo el precio de la entrada.

Dentro de este ‘Never Enough’ tour, Brendan Yates y los suyos han encontrado un espacio expresivo en el que se sienten extraordinariamente cómodos. Saben cómo exprimir cada matiz de ese post hardcore inquieto que les caracteriza y, al mismo tiempo, ofrecer momentos de pura comunión colectiva, con cientos de móviles iluminando la sala mientras proponen un discurso en el que convive la crudeza del mundo con la necesidad de buscar claridad en medio del ruido. Ya desde el tema que da título a la gira y al nuevo disco dejaron claro lo importante que resulta reconocer ese hueco difícil de colmar que todos llevamos dentro. Pasaron de un arranque sereno a provocar los primeros pogos cuando encendieron sus guitarras en el punto álgido de la canción. Calculan con precisión cuándo liberar su arsenal más poderoso y por eso no tardaron en desatar al público con una enérgica ‘T.L.C. (Turnstile Love Connection)’, una declaración de intenciones que enlazaron con ‘Endless’ para prolongar esa celebración del caos controlado que tanto los define.

También quedó patente la importancia de su puesta en escena. En ‘I Care’ apostaron por un tono casi escapista que remitía a la película asociada al nuevo trabajo y a las portadas de sus dos últimos discos. Para ello bañaron el escenario con los colores característicos de su imaginería visual, reforzando la sensación de que la iluminación es un aliado indispensable a la hora de subrayar lo esencial. Sin apenas descanso y con un ritmo acelerado llegó ‘Dull’, recibida como uno de los momentos más esperados, con el público recreando esa llamada que abre el tema. A partir de ahí el concierto entró en una fase de catarsis total, retrocediendo en su repertorio y enlazando de forma impecable ‘Real Thing’ y ‘Drop’. Vasos surcando el aire, círculos abriéndose entre la multitud y un ambiente de exultación reforzado por un sonido sorprendentemente nítido para un recinto de ese tamaño. La batería retumbaba en el pecho y Yates, empapado de sudor, desplegaba sus acrobacias habituales mientras el tiempo parecía diluirse en favor del éxtasis colectivo.

Un breve respiro llegó con ‘Light Design’, que sintetiza de manera ejemplar la evolución emocional del grupo. La canción subraya un sonido maduro y áspero, fruto de un proceso en el que la fogosidad juvenil se ha transformado en otra clase de impulso, igual de intensa pero dirigida a cuestiones más hondas. Sin perder fuerza ni precisión, atacaron ‘Keep it Moving’ como un punto de inflexión. Las masas se agitaban sin descanso y Yates cantaba con una vulnerabilidad inesperada ese “wasting my time” que ya se ha convertido en una especie de mantra. Es en momentos como este donde se comprende por qué la banda ha derribado tantos prejuicios, combinando una pulsión autodestructiva que todos reconocemos con la capacidad de encontrar destellos luminosos en mitad de un territorio oscuro.

Cuando parecía que nadie quería que la noche concluyera, entraron en la recta final con una celebrada ‘Holiday’, tema con el que el público parecía liberar sus últimas fuerzas. Pero aquello no era más que un espejismo. Tras la intensa ‘Look Out for Me’, cuya estrofa final sumió el recinto en una penumbra solo rota por un foco sobre Yates mientras pronunciaba ese “and while I’m swinging from your arm, maken for our shadow”, el ambiente se desvaneció entre una base de rap old school de aire casi hipnótico. Fue entonces cuando llegó la descarga definitiva con ‘Mystery’, ‘Blackout’ y una apoteósica ‘Birds’, convertida ya en uno de los himnos más arrebatadores del grupo. Incluso hubo una pequeña y controlada invasión del escenario, recibida con sonrisas cómplices por parte de la banda.

El cierre perfecto para una noche en la que Turnstile confirmaron su condición de referencia absoluta dentro del hardcore contemporáneo. Han logrado abrir rutas musicales inéditas sin renunciar a una personalidad cimentada en la capacidad de escuchar el silencio interior y transformarlo en canciones que alcanzan de lleno la emoción más pura.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.