Crónica

Rufus Wainwright

The Kent Stage

08/05/2024



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En un momento de crispación en Estados Unidos marcado por las manifestaciones pacíficas de estudiantes en contra del conflicto palestino alrededor del país, y cuatro días después del acto de conmemoración del 54 aniversario del tiroteo del gobierno de Nixon a cuatro estudiantes estadounidenses durante la también pacífica manifestación estudiantil contra la invasión de Camboya en la universidad Kent State, la ciudad de Kent, Ohio recibía en su ya icónico Kent Stage al aclamado cantante estadounidense-canadiense Rufus Wainwright. Con esta sumamente simbólica parada, Rufus continúa el trayecto de su última e intimísima gira en formato acústico—que llegará también a Europa este verano (con paradas españolas en Donostia, Barcelona y Pollença)—con la que busca reivindicar, en un momento de lo más necesario, el poder de cohesión y esperanza que construye la música en directo.

A las 19:30, frente a un abarrotado auditorio, Wrainwright pisó el escenario con más fuerza que nunca al ritmo de la ya icónica ‘Grey Gardens’. Ninguna canción podría inaugurar mejor su regreso anual a los escenarios. Al enunciar “In between tonight and my tomorrows, Tadzio, where've you been?... Honey, can you hear me?”, Rufus demostraba a la perfección su apuesta por interactuar con el público, por hacerle partícipe de un diálogo en el que los asistentes respondían con la misma entrega para hacerle saber que efectivamente estaban ahí y que seguían queriendo saber de él. De esta manera, entabló con gran atino y cálido humor un diálogo que entrelazaba un repaso por toda su excelente discografía con comentarios con los que hacía saber a su audiencia, como una persona que vuelve a ver tras mucho tiempo y muchas historias por contar a sus amigos más cercanos, cuáles habían sido sus últimos pasos.

De hecho, tres de sus interpretaciones más sorprendentes llegaron tras compartir con el público algunos de esos recientes altos en su trayectoria profesional. Su interpretación a la guitarra de ‘He Loved’, aria de la ópera Hadrian que compuso en 2018, resultó estremecedora, gracias a su ya tan característica voz, siempre en el límite entre el desgarro y la intimidad. Sentado al piano, comentó emocionado el que ha sido uno de sus momentos de mayor realización profesional: la grabación en directo con la Pacific Jazz Orchestra en el United Theatre de Los Ángeles de su concierto dedicado al compositor alemán Kurt Weill. De él, interpretó la melódica y experimental ‘Old Song / Early Morning Madness’, una proeza vocal y pianística con la que defendió la importancia de invocar al pasado y, más específicamente, a la música socialmente comprometida compuesta durante la República de Weimar, como un antídoto para estos tiempos de indiferencia política. Una vez de regreso al piano, demostró el verdadero cariño que le tiene al musical que ha compuesto recientemente, Opening Night, basado en la devastadora película de culto homónima de Cassavetes, bajo la dirección del también aclamado Ivo van Hoven y que espera, a pesar de su arriesgada estructura no comercial, que llegue a su país natal. Del musical, interpretó el tema final, una bellísima ‘Ready for Battle’ que traspasó emocionalmente a todos los asistentes.

Tampoco faltaron hitos de su carrera, interpretadas con la excelencia vocal e instrumental que es ya es costumbre en él, tales como ‘The Art Teacher’, ‘Gay Messiah’ (que dedicó a la comunidad LGTBQI+ con motivo de la celebración del orgullo el mes que viene), ‘Vibrate’, o sus ya aclamadas versiones de su tan querido Leonard Cohen, como ‘So Long, Marianne’ o ‘Hallelujah’.

Durante la prácticamente hora y media que duró el concierto, se instaló una atmósfera de ternura, intimidad y emoción insuperable, demostrando, una vez más, la inconfundible impronta que ha dejado y sigue dejando en la música contemporánea norteamericana. Volviendo de nuevo a establecer musicalmente un diálogo con la situación política, social y cultural en la que nos encontramos, Wainwright regresó en los bises con su himno ‘Going to a Town’. Pocas veces su elegiaco verso “I’m so tired of you, America” ha sonado con tal golpe de emoción eléctrica y apesadumbrada. Lejos, sin embargo, de imbuirnos en una desesperanza que nos aprisiona, el “I’ve got a life to lead, America” recordó a la audiencia la urgencia de querer seguir viviendo, de crear asamblea alrededor de la música, algo que reforzó con su versión del ‘Hallelujah’ de Cohen, con la que cerró el concierto. ¿Acaso algo más bello para acabar que el regreso a una canción que forma ya parte de la gramática musical de todos nosotros?

A la salida del concierto, un joven asistente que comentaba estar comenzado a dar sus pasos en la música, tras agradecerle por el concierto, le pidió un consejo para seguir creciendo. Wainwright le recomendó, con pragmatismo y dulzura, que «aprovechase al menos dos en veces en semana a cantar en sitios públicos. En la calle, en un micro abierto, en un funeral. Porque así sentirás el pinchazo de electricidad y emoción que genera la música en comunidad». Wainwright dejaba así constancia de por qué su música nos traspasa y seguirá traspasando a las generaciones del porvenir: su música hace mucho que dejó de ser exclusivamente suya para hacerse un hueco, imborrable, en todos nosotros.

Redacción Mindies

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