Noche de gala para todos aquellos que recuerdan con añoranza los años dorados del twee pop en su máximo esplendor. Ni más ni menos que Amelia Fletcher, con sus míticos Heavenly, regresaba a Madrid décadas después, en un contexto cultural muy diferente pero con la misma energía que los caracterizaba en su momento. No podría ser de otra manera que bajo el cobijo del Madrid Popfest este reencuentro fuese posible, agotando todas las entradas, como es habitual en este festival, que probablemente tenga el público más fiel de toda la península. La máxima expectación y ese alboroto típico en el que te llegan diversas anécdotas memorables asociadas a los años en los que el grupo publicaba sus trabajos. Con todos estos ingredientes, resultó bastante sencillo abrir la puerta a la nostalgia para que el disfrute antes, durante y después del concierto fuese máximo.
Abriendo la velada, nos encontramos con un proyecto amigo, Would-Be-Goods, la banda de Jessica Griffin, que precisamente cuenta con Peter Momtchiloff de Heavenly. Fueron un entrante ideal para situarnos y preparar nuestros oídos ante esa forma de hacer canciones redondas con el mínimo número de elementos posible. Dividiendo el set en dos partes bien diferenciadas, primero con Jessica y Peter en solitario, para luego incorporar la banda completa, no tuvieron reparos en repasar todos los puntos de su discografía.

Arrancando de la forma más dulce e íntima posible con ‘Charm School’, poco a poco supieron cómo repasar todas las influencias encerradas en su música. Desde los ritmos más trotantes y de inspiración asociada a la tradición irlandesa, como fue el caso de ‘Temporary Arrangement’, hasta la luminosidad completa de la cadencia jangle pop de ‘The Morning After’, ya con la banda completa. Sin embargo, el momento memorable del directo llegó cuando Amelia Fletcher y Cathy Rogers subieron al escenario para hacer los coros de ‘The Camera Loves Me’ con ese brillo en los ojos que las caracteriza. El toque final con ‘Velasquez and I’ terminó por mostrar la versatilidad de un grupo que tanto puede recordarte una canción prácticamente susurrada al oído como sacarte a la pista a mostrar tus mejores pasos rockabilly.
Con un breve cambio de escenario, llegó el momento en el que Neleonard regresaba a los escenarios después de lo que pensábamos que había sido el final definitivo. En un entorno repleto de amigos y sonando con ese derroche de felicidad que siempre se atisba en sus rostros, ofrecieron uno de esos conciertos que se puede calificar solo de éxitos. No dudaron en abrir fuego con ‘Menos De Mí’, sumergiéndonos de lleno en esa esencia de composiciones agridulces donde siempre el efecto del paso del tiempo y el diálogo son claves para cambiar el matiz que adquieren los recuerdos. A continuación, dieron rienda suelta a esos detalles tan precisos alrededor de su cara más suave, aquella donde las guitarras suenan lo más suaves posibles y el poder de la amistad reluce al máximo, todo ello gracias a ‘Casi Cuela’. Con la voz de Laura encontrando todos los espacios posibles para multiplicarse, no tardó también en llegar ese binomio perfecto en el que se unió a la de Manuel con una ‘Por Pequeño Que Seas’ impecable.

Sintiendo cómo el directo iba a velocidad de crucero, la recta final contó con aún más sonrisas y lágrimas gracias a ‘Pues Es Verdad’, sonando con esa mezcla entre nostalgia y rabia que, sin embargo, siempre se acaba decantando del lado más racional posible. Ya sin ocultar nadie sus ganas de corear los estribillos de los barceloneses, la traca final con temas como ‘Coger Frío’, ‘La Más Alegre’ y, sobre todo, ‘Podemos’, nos dejaron con un sabor de boca inmejorable, sintiendo que quizás el plato fuerte de la noche era Heavenly, pero que Neleonard quizás se podría haber llevado la gran victoria.
Ya con las primeras filas a rebosar y un público tan expectante como si al escenario fuesen a salir las mayores estrellas pop, Amelia y compañía salieron al escenario, no tardando en agradecernos casi con la voz entrecortada por la emoción todo lo que significaba estar viviendo ese momento. Atacando rápidamente con ‘Starshy’, sentaron la tónica de la primera parte del concierto, llevándose más hacia ese dream pop de baja fidelidad y marcado por unas guitarras latentes. Sin demorarse en eso de reservarse composiciones capaces de desatar la euforia al instante, no tardaron en caer ‘Our Love Is Heavenly’ y ‘Hearts And Crosses’, sonando lo más juguetonas posibles, sobre todo esta segunda donde ya se intuía cómo la noche acabaría por derroteros mucho más punk.

Comprobando la perfecta armonía y entendimiento entre Amelia y Cathy, no paraban de aflorar los recuerdos en el escenario comentando la que fue su última visita hace décadas. Siguieron con el arsenal de temas con los que saben cómo vencer los días grises. Este fue el caso de la espléndida ‘Cool Guitar Boy’ o el caos bajo control de ‘Cut Off’, desatando ya definitivamente el toque noise que muchos pedían. Quizás este tema sirvió para representar a la perfección esa mirada tan aguda y profunda al pop de guitarras más nervioso de aquellos años y la enorme influencia que dejaron en los demás muchos años después. Precisamente, también del Operation Heavenly recuperaron la divertida versión ‘Nous Ne Sommes Pas Des Anges’ de France Gall, sometida a esa efervescencia que se lo lleva todo por delante.
También hubo algún momento donde Amelia bromeó acerca del tipo de público que había en sus conciertos, preguntando cuántos adolescentes se encontraban en la sala. No faltaron esos temas que vuelven como un boomerang con el paso de los años, emergiendo como cierre claramente no definitivo ‘Atta Girl’, ‘Trophy Girlfriend’ y ‘P.U.N.K. Girl’. Quemando las naves y admirando aún más ese brío que logran sacarle a las canciones a pesar del implacable paso del tiempo. Cuando creíamos que el mayor revuelo había pasado,
los bises nos dejaron ante más de esa euforia incontrolable con ‘Dig Your Own Grave’, ‘Space Manatee’ y el gran colaborador sorpresa como fue Rafa Skam para festejar aquello de que hay que ir con la opción C a muerte. Transformándose en el Calvin Johnson, capturó aquella esencia de que todo puede pasar: que Heavenly se hayan reunido en estos años y que encima nosotros lo hayamos visto.

