Crónica

Destroyer · Eleanor Friedberger

Teatro Magno

24/11/2025



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Dan Bejar y su banda llegaron a Madrid dispuestos a presentar uno de los trabajos más sólidos y rotundos de toda su trayectoria: ese ‘Dan’s Boogie’ publicado este mismo año. En un recinto que parece anclado en otra época, el siempre evocador Teatro Magno, los canadienses supieron exprimir al máximo sus virtudes, ofreciendo un concierto de los que avanzan sin tregua y obligan a la audiencia a mantenerse en un estado de alerta casi reverencial.

Quizá el único instante en el que el público pudo permitirse un diálogo más íntimo con sus propios pensamientos llegó de la mano de Eleanor Friedberger, quien ejerció de telonera y más tarde volvería al escenario para acompañar a Destroyer en varios temas. Armada únicamente con un sintetizador y una guitarra, desplegó con naturalidad sus dos rostros creativos: por un lado, ese pop electrónico de bases muy definidas, preciso y elegante; por otro, una vertiente más ligera y luminosa, anclada en un folk pop que respira optimismo. Durante algo más de media hora, tuvo tiempo de romper la quietud casi meditativa de piezas como ‘In Between Stars’ para adentrarse en momentos de una franqueza conmovedora, como ocurrió en ‘Inn of the Seventh Ray’. Fue un comienzo impecable, un preludio perfecto para lo que estaba por venir.

No tardó en aparecer sobre el escenario Dan Bejar, portando dos vasos de su brebaje predilecto y colocándolos con exactitud casi ritual, asegurándose de tenerlos siempre al alcance durante la actuación. La nutrida formación que lo acompañaba imponía por sí sola, pero bastaron los compases iniciales de ‘The Same Thing as Nothing at All’ para comprender la dimensión real de aquel sonido. Resultaba sorprendente cómo, pese a la compacidad de su propuesta estética, cada instrumento encontraba su lugar, cada estallido de guitarra aparecía con una rotundidad quirúrgica, como si todo estuviera sostenido por una arquitectura invisible y perfectamente ensamblada.

Bejar, con una veteranía que hace tiempo dejó de necesitar demostraciones, interpretaba sus canciones con un aire de absoluta libertad. Bastaba su presencia, esa mirada extraviada que invita al oyente a perderse en el carácter cinematográfico que atraviesa buena parte de su obra. ‘Times Square’, interpretada en los primeros tramos del concierto, condensó como pocas ese magnetismo escénico que resulta casi paradójico: un artista de presencia contundente que, al mismo tiempo, parece evitar voluntariamente cualquier foco innecesario.

Otros de los momentos más memorables llegaron cuando dejó aflorar su vena crooner, esa faceta tan reconocible que impregnó de ternura ‘Tinseltown Swimming in Blood’. No fue una épica nacida del volumen o de la acumulación instrumental, sino de una serenidad madura, de esa manera tan suya de deambular por el escenario como quien carga, con discreción y sin dramatismos, con los vaivenes del paso del tiempo. No faltó tampoco la participación de Eleanor Friedberger, primero para un dueto en ‘Bologna’ y después cediéndole el protagonismo absoluto en una ‘Hell’ interpretada con una fiereza inesperada, que la llevó incluso a mezclarse entre el público mientras Bejar regresaba al escenario.

El tramo más visceral del concierto llegó cuando el canadiense decidió sacar a relucir un registro más crudo, casi punk, especialmente en ‘Looter’s Follies’ y en una engañosa ‘Caract Time’ cuyo tramo final alcanzó una intensidad gloriosa. A medida que el directo se acercaba a su desenlace, ‘Hydroplaning Off the Edge of the World’ reafirmó su condición de favorita entre los asistentes, con unas percusiones que resonaron con más fuerza que nunca. Todo desembocó en una ‘Suicide Demo for Kara Walker’ que, pese al paso del tiempo, sigue siendo una de las composiciones más fascinantes de su repertorio. Esa joya de ‘Kaputt’ continúa indemne, suspendida en un lugar propio donde conviven las canciones más intensas con aquellas otras que llegan como una calma de domingo por la mañana.

Aunque parecía que el cierre estaba ya marcado, aún hubo espacio para unos bises impecablemente escogidos: una radiante ‘Sun in the Sky’, de nuevo acompañada por Eleanor Friedberger, y una ‘June’ con esa cadencia bailable que, por momentos, se convierte en un sello de la casa. Para el remate final, ‘Chinatown’, una pieza ideal para asentar una vez más la esencia melódica de Bejar, esa que invita a divagar una y otra vez sobre las formas en que la vida cambia de rumbo.

Y como buen aficionado a los vinos de la península, baste recordar su enciclopédico repaso a las variedades de Porto después de su actuación en la capital del Duero la pasada primavera, solo cabe decir que Bejar envejece con la misma nobleza que los caldos que tanto disfruta.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.