Bill Callahan inició anoche en Madrid su gira de tres fechas por la península, dejando una vez más constancia de su pulso firme y certero a la hora de acercarnos esa América profunda que tanta fascinación nos genera y que al mismo tiempo está repleta de sombras con las que saber convivir de la mejor forma posible. Su más reciente LP, YTILAER, es precisamente una recopilación de todas esas formas de ser consciente del lugar en el que habita, entremezclarse con todos los personajes más desafiantes que tiene a su alrededor y volver con algo bello que contar.
Con unas bases artísticas más que asentadas, tanto en los años en los que escribía los temas bajo el nombre de Smog, como con su nombre de pila, los directos de esta nueva gira sirven para desatar como nunca antes toda la esencia ruidosa y caótica que lleva dentro. Tan solo había que observar cómo su formación se sustentaba en dos guitarras, batería multiusos y un saxofonista capaz de lograr auténticos milagros sonoros, dándonos a entender de este modo cómo todas las canciones de su recorrido, no solo las nuevas, se verían afectadas por este hecho.
De una forma decidida, los primeros temas del concierto fueron extraídos de su último trabajo, arrancando notablemente con una ‘First Bird’ en la que sí destilaba su sonido más clásico. Desde las primeras frases destacó la rotundidad de su timbre vocal, logrando llegar a todos los rincones de la sala y al mismo tiempo aportando ese semblante de narrador de tono inmutable, pero emoción máxima con todos los relatos que nos cuenta. Tampoco se quedó corto con una ‘Everyway’ en aquello de dejar volar la imaginación hacia los territorios donde todo sucede a cámara lenta pero con gran vivacidad en los detalles.

Sin embargo, poco tiempo tardó la velada en alcanzar un lado más desafiante, lanzándose de lleno a las garras de la canción americana más árida sobre la que logra divagar de la forma más rítmica posible. Por ello, con ‘Bowevil’, no dudó en mostrarnos alguna pose más de estrella del rock y desplegar una enorme intensidad que crecería en numerosas ocasiones a lo largo de la noche.Una vez se había abierto la caja de los truenos, resultaba complicado parar a Bill y a su banda en aquello de bajar al barro y exprimir las influencias más country de su repertorio. Ahí fue cuando rescató dos temas de Smog como ‘Hit the Ground Running’ y ‘Keep Some Steady Friends Around’, sonando totalmente desafiantes, más aún si teníamos cerca el rostro de un artista que en cada canción sabe cómo gesticular para que la experiencia contada pueda calar más hondo.
Llegando el turno de las sorpresas, quedaba por comprobar cómo los temas más populares de su repertorio sonaban lanzados al poderío del saxofón y la robustez de unas guitarras que coqueteaban con el noise experimental. Todo esto lo pudimos comprobar en una ‘Drover’ que sonó impetuosa y más abrupta que de costumbre. En la cara opuesta de la moneda, ‘Small Plane’ quedó reducida a una expresión más mínima, jugando con los silencios para hacernos ver cómo el Bill de siempre sigue estando ahí.
Superando con creces la hora de duración, fuimos encarando la recta final con una ‘Partition’ que recogió muy bien todo lo intrépido de esta nueva etapa en directo, logrando mostrarnos un retorcido viaje por la memoria para poder entender mejor el presente. Desatando un clímax sobrecogedor, nos hizo ver como uno de los propósitos del directo no era otro más que conducirnos hacia espacios sonoros altivos con los que reivindicar que aún es capaz de reinventarse.
Algo similar hizo en ‘Naked Souls’, otra de las canciones de YTILAER que sirven para entender mejor cómo en medio de las texturas más anárquicas siempre hay una voz que guía todo por el camino correcto. Sin embargo, el concierto no tuvo final con esta apoteosis, sino que trató de rebajar las pulsaciones al máximo volviendo a su época de Smog con ‘Teenage Spaceship’ y una final ‘Planets’ que se difuminó de una forma muy íntima entre un perfecto empaque atmosférico de los cuatro artistas.

