Tras llevar varios años ofreciendo varios directos, por fin ha llegado el momento de poder disfrutar en condiciones las primeras grabaciones de Paracaídas, un grupo que para nada está formada por unos novatos en estos de la música. Compuesto por Miguel e Iñaki (Atención Tsunami, Incendios, Karen Koltrane), Rodrigo (Incendios, Dol, Hestiu Ròïn) y Pablo (Autumn Comets, Bel Bee Be, Karen Koltrane), Paracaídas vienen a concretar unas canciones de corte lento y unos entresijos post rock poco habituales en este formato. Pensamiento de paz durante un ataque aéreo es su primera referencia, un EP compuesto por 6 temas cargados de serenidad y dotados de unos arreglos nada pomposos pero que producen un efecto de grandilocuencia.
El trabajo se inicia con Neil Hilborn, un poeta norteamericano que sufre trastorno obsesivo y que describe de una forma brillante su problema. Versos apasionados con una base de acordes que nos prepara para entrar en el remanso de paz que nos plantean Paracaídas. A continuación nos encontramos con ‘Apaisado’, estrofas en las que parece que el tiempo se detiene de una forma muy precisa gracias en parte a ese tono narrativo tan reconfortante que nos recuerda a las etapas más introspectivas de Fernando Alfaro. Desplegándose de una forma perezosa que deja paso a la decisión y la visión del pasado desde una nueva perspectiva.
Sin perder la calma, se nos presenta ‘Como si Nada’, el tercer corte que continúa con un número de elementos reducidos al mínimo pero con esa fuerza casi analítica que acompaña a todo el trabajo. La mejor forma de hacer borrón y cuenta nueva. Cambiando de registros, de nuevo vuelve a aparecer una voz ajena como la de Chris Marker que nos introduce en un pasaje sonoro donde la experimentación juega el papel principal. El post-rock del que os hablamos al principio de la reseña se concreta y alivia cualquier tensión que hubiese podido surgir.
Adentrándonos en la recta final, nos encontramos con uno de los grandes temas del trabajo. Se trata de ‘Pegamento’, una canción donde el ambiente se vuelve más sombrío y difuso, un juego de sombras a mitad de camino entre diferentes estados de conciencia y que incorpora elementos activadores como son las percusiones. La separación sensorial se logra de una forma concisa y casi agónica al final. Momentos en los que observamos como la experiencia de los miembros del grupo juega un papel fundamental. Cerrando el trabajo nos encontramos con ‘Rompehielos’, un tema cargado de metáforas y movimientos sonoros que crean emoción y fascinación a partes iguales. La escena nevada que más cuesta olvidar para un final muy a la altura.

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