A veces, las obras más profundas surgen no de una búsqueda deliberada, sino del encuentro entre dos almas que se reconocen en la herida. Así nace Disiniblud, el proyecto colaborativo entre las compositoras, productoras y multiinstrumentistas Rachika Nayar y Nina Keith. Su debut homónimo, lanzado este 18 de julio de 2025 bajo el sello Smugglers Way, desafía etiquetas musicales y construye un mundo íntimo, onírico y profundamente humano.
Un cruce de caminos artísticos
El origen de 'Disiniblud' se remonta a trayectorias individuales marcadas por exploraciones radicalmente distintas pero espiritualmente afines. En 2019, Nina Keith irrumpió con 'MARANASATI 19111', un álbum que combinaba cello, clarinete, piano y flauta para narrar tragedias comunitarias y fenómenos paranormales desde una perspectiva autobiográfica. Su formación autodidacta y su sensibilidad neoclásica le otorgaron un sello de autenticidad conmovedora.
Tres años después, en 2022, Rachika Nayar dejó atrás su estilo ambient con guitarra para abrazar una electrónica densa y emocional en 'Heaven Come Crashing', un trabajo que la llevó a compartir escenario con M83. Su fusión de post-rock, sub-bajos y ritmos rotos construyó paisajes sonoros de una belleza maximalista.
La alquimia de lo fragmentado
Cuando Nayar y Keith emprendieron este viaje conjunto, lo hicieron como quien entabla una conversación sin palabras, explorando lo que ellas mismas describen como una infancia compartida en la herida. Disiniblud ofrece un mapa emocional que transforma la fragilidad en arte. A lo largo de sus once temas, el álbum entrelaza indietronica, ambient, pop experimental y folk digitalizado. Más allá de los géneros, lo que se impone es una emoción cruda, un lirismo silenciado que atraviesa cada sonido.
La apertura del álbum, 'Give-upping', con la voz espectral de Julianna Barwick, lanza un mensaje de liberación: renunciar permite abrir el paso hacia algo luminoso. El piano tartamudeante y los coros fragmentados preparan el terreno para un recorrido donde pérdida y cambio se abrazan con ternura. En 'Blue Rags, Raging Wind', sonidos cerámicos y cuerdas tensas crean un entorno táctil, casi doméstico, donde la nostalgia adquiere textura.
'Serpentine', una de las piezas centrales, muestra cómo el dúo convierte lo acústico en épico. La voz de Cassandra Croft serpentea entre guitarras desnudas hasta desembocar en una tormenta de beats industriales y sintetizadores dramáticos. Es un crescendo emocional que revela la arquitectura interna del dolor y la belleza.
Letras que susurran transformaciones
Aunque Disiniblud se alejan de la narrativa convencional, sus letras —o más bien sus ecos líricos— están cargadas de una poesía intuitiva. “Something happen? / No / It’s change / Begin it”, se escucha en 'It’s Change', como si el propio devenir se convirtiera en el personaje principal. El álbum no habla desde la certeza, sino desde el asombro. No busca respuestas, sino formas de habitar las preguntas.
El tema que da nombre al álbum, 'Disiniblud', destaca por su carácter juguetón: un estallido de ritmos sincopados y voces fragmentadas que se recomponen como en un sueño lúcido. Su videoclip, protagonizado por un elenco íntegramente trans, propone una visión de comunidad, ternura y pertenencia. Una celebración radical de cuerpos diversos que encuentran su hogar en lo improbable.
Una estética que fusiona lo mágico y lo mundano
La imagen que acompaña el álbum actúa como una extensión emocional de la obra. Un dragón de más de dos metros de altura, apodado “Grandma”, se alza dentro de un garaje suburbano. Esta criatura fantástica, inspirada en Falkor de 'La historia interminable', fue construida a mano y fotografiada en un espacio profundamente personal para ambas artistas. Ese garaje, en el que ambas vivieron en distintos momentos, se convierte en el umbral entre lo real y lo fantástico.
Cada detalle, desde las luces cálidas hasta los rincones olvidados, está cargado de significado. El arte visual complementa los sonidos del disco, que también incluyen grabaciones de campo de amistades, fragmentos capturados al aire libre y risas compartidas. Todo en Disiniblud respira vida y memoria.
Invitades en la aldea encantada
Las colaboraciones dentro del álbum expanden su universo sonoro sin diluir su identidad. Además de Barwick y Croft, figuran nombres como Tujiko Noriko, Katie Dey, June McDoom, ASPIDISTRAFLY y Willy Siegel de Ponytail. Cada une aporta su propia textura, como hilos en un tapiz en constante mutación.
En el cierre del álbum, 'My flickering gift to you', la voz de Noriko emerge en su lengua materna, elevando la canción hacia un clímax emocional que oscila entre el delirio y la serenidad. Es un desenlace que ilumina más que despide.
Una obra de múltiples aristas
'Disiniblud' invita a múltiples escuchas. Como un guion de Charlie Kaufman o una pintura impresionista, cada fragmento revela nuevas capas con el tiempo. Apuesta por la vulnerabilidad, por los márgenes, por la belleza imperfecta de lo que aún está por comprenderse.
En tiempos donde la música tiende a simplificar las emociones o revestirlas de artificio, esta obra devuelve el asombro al centro de la experiencia. Es un viaje hacia uno mismo, una danza entre lo roto y lo sagrado. Su existencia permanece en la memoria, con la fuerza de lo verdaderamente vivido.
