Cocorosie miran la vida como se mira un álbum de fotos donde alguien derramó pintura sobre las imágenes. Aceptan lo cursi, lo grotesco, lo que otros tiran a la basura. Su forma de entender el oficio consiste en preservar esa etapa de la niñez donde un muñeco decapitado sigue teniendo un nombre y una historia. La muerte, en sus letras, aparece como una vecina más. El consumo, como un fantasma que enseña la tarjeta de crédito en un centro comercial vacío. No hay moraleja ni lección. Hay un paseo por el lado donde la acera está rota y alguien ha dibujado una flor con tiza.
A continuación, cinco canciones que condensan ese universo. Cada una pertenece a un disco distinto. Cada una muestra una faceta de ese pulso que se mueve entre la ternura de orfanato y la rabia contenida.
