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El consumo de streaming en España durante eventos deportivos: picos, plataformas y comportamiento del usuario



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El 14 de julio de 2024, España ganó la Eurocopa en Berlín. En RTVE Play, esa noche se registraron más de 1,4 millones de espectadores simultáneos. Era el pico de consumo digital más alto del año en una plataforma de acceso gratuito. No fue una anomalía: fue la confirmación de una tendencia que lleva años acelerándose. El deporte en directo se ha convertido en el principal motor del streaming en España, y su impacto en el comportamiento del usuario ya no se puede separar del debate sobre precios, derechos audiovisuales y piratería.

El mercado español del streaming ha madurado rápido. Según datos de la CNMC, el 63% de los hogares españoles están suscritos a la televisión de pago. Pero la penetración no ha resuelto el problema de la fragmentación. Para ver todos los partidos de LaLiga en la temporada 2024-2025, un aficionado necesitaba acceso tanto a Movistar Plus+ como a DAZN. Ambas plataformas compraron conjuntamente los derechos de la liga española por 4.950 millones de euros para el ciclo 2022-2027. Diez partidos por jornada, repartidos entre dos operadores con modelos de suscripción distintos. El resultado es un usuario obligado a pagar dos veces para ver el mismo campeonato.

El fútbol manda, y los datos lo confirman

LaLiga EA Sports y la UEFA Champions League protagonizaron las 25 emisiones más vistas de 2024 en plataformas de pago, todas ellas con más de un millón de espectadores. El Real Madrid fue la propiedad deportiva dominante: el club copó el 68% de las veinte emisiones más vistas en televisión de pago durante todo el año. El Clásico alcanzó casi 2,2 millones de espectadores. Números que, en el contexto del streaming de pago, representan picos de audiencia difíciles de igualar con cualquier otro contenido.

Los eventos de acceso gratuito siguen teniendo otro alcance. La Eurocopa y los Juegos Olímpicos de París, emitidos principalmente por La 1 de RTVE, dominaron el ranking general de lo más visto en televisión en 2024. El deporte en abierto arrastra a audiencias que las plataformas de pago no pueden alcanzar de forma orgánica. Eso explica, en parte, por qué la inversión pública en derechos deportivos sigue siendo objeto de debate político: quien tiene los derechos de la selección tiene la atención de todo el país.

En el ecosistema de pago, el mapa es más complejo. Movistar Plus+ conserva los derechos de la UEFA Champions League, Europa League y Conference League hasta 2030-2031. DAZN mantiene su posición fuerte en ligas extranjeras como la Premier League, la Serie A y la Bundesliga. Amazon Prime Video entra como canal de distribución secundario para parte del catálogo de DAZN. Disney+ irrumpe en el fútbol femenino con los derechos de la UEFA Women's Champions League. Cada gran evento está repartido entre operadores distintos. La competición por los derechos ha multiplicado los actores, pero también la confusión del consumidor.

El comportamiento del usuario responde a esa presión. Los picos de consumo durante eventos deportivos en directo son precisamente la variable que las plataformas más analizan. A diferencia de la televisión tradicional, el streaming permite saber cuántos usuarios vieron cada minuto de un partido, en qué dispositivo, si pausaron la imagen y qué repeticiones consumieron después. Esa información tiene un valor comercial enorme. Es también lo que justifica, desde el punto de vista de los operadores, el gasto de miles de millones en derechos de emisión.

El doble mercado: suscriptores legales y usuarios piratas

El deporte en directo tiene en España una característica que lo distingue del consumo de series o películas: la tasa de piratería es extraordinariamente alta. Según YouGov, uno de cada tres españoles consume contenido deportivo pirata, y el 59% de los usuarios que acceden a contenido ilegal lo hace al menos una vez al mes. Son cifras que sitúan a España como uno de los mercados con mayor piratería deportiva de Europa, superando la media continental en más de un 25%.

La infraestructura pirata más utilizada son las IPTV ilegales: servicios que replican la oferta de las plataformas de pago a una fracción del precio, generalmente entre 5 y 15 euros al mes, con acceso a todos los canales y competiciones. El fraude audiovisual genera pérdidas estimadas de entre 600 y 700 millones de euros en el fútbol español, una industria que aporta cerca de 8.400 millones al PIB. El impacto no es abstracto: afecta directamente a los ingresos de los clubes, los costes de producción y, en última instancia, al precio que paga el usuario legal.

Las respuestas institucionales han sido parciales. LaLiga ha obtenido más de mil sentencias contra bares y locales que retransmitían partidos sin licencia. En noviembre de 2024, la Guardia Civil bloqueó Cristal Azul, el mayor canal pirata de streaming en España, que daba acceso ilegal a partidos de LaLiga a más de 78.000 usuarios y acumulaba un fraude estimado en más de 42 millones de euros. En Telegram, desde la temporada 2022-2023, se han cerrado más de 8.000 grupos con contenido ilegal. La presión legal aumenta, pero la demanda pirata no desaparece.

El problema tiene una raíz económica clara. Cuando el precio de acceso legal a todos los contenidos deportivos supera los 50 o 60 euros al mes para un usuario con Movistar, DAZN y alguna plataforma adicional, la brecha con la alternativa ilegal se amplía hasta hacerse insostenible para una parte del mercado. El usuario que piratea no siempre lo hace por ideología: lo hace porque el sistema legal le resulta demasiado caro y demasiado fragmentado.

Mundial 2026: el próximo gran test

El horizonte inmediato del streaming deportivo en España tiene una fecha marcada: el verano de 2026. El Mundial de fútbol, que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México, concentrará los picos de audiencia más altos en años. Los usuarios ya pueden consultar el calendario y los partidos disponibles en plataformas de apuestas mundial y de streaming y resultados, donde el seguimiento del torneo en tiempo real convive con la oferta de apuestas deportivas. El ecosistema de consumo alrededor de un Mundial ha cambiado: ya no es solo televisión, sino una combinación de streaming, redes sociales, aplicaciones de estadísticas y plataformas de apuestas que el usuario gestiona simultáneamente desde el móvil.

El reparto de derechos del Mundial todavía no está completamente definido para el mercado español. Si RTVE mantiene una parte de la retransmisión en abierto, los picos digitales se concentrarán en su plataforma, como ocurrió con la Eurocopa. Si los derechos van a manos privadas, el consumo se fragmentará de nuevo.

La pantalla que no apaga

El streaming deportivo en España no es un mercado en formación. Es un mercado maduro con problemas estructurales sin resolver. La fragmentación de derechos encarece el acceso legal y sostiene la piratería. Los picos de audiencia durante eventos como el Mundial o una final de Champions revelan una demanda enorme, pero también una ineficiencia evidente: millones de usuarios dispuestos a pagar, bloqueados por una oferta que premia la complejidad sobre la accesibilidad.

Las plataformas tienen los datos. Saben exactamente cuándo se conecta cada usuario, desde qué dispositivo y durante cuánto tiempo. Saben que el fútbol en directo es el contenido más valioso que pueden ofrecer. La pregunta que no han resuelto - y que define el siguiente ciclo de derechos audiovisuales - es si esa ventaja competitiva se traduce en un servicio que el usuario encuentre razonable pagar. Mientras no lo haga, la pantalla pirata seguirá encendida.

Redacción Mindies

Los miembros de la redacción de Mindies amamos la música por encima de todas las cosas.