Review

Singing Saw

Kevin Morby

2016

9.5
Por -

Kevin Morby continúa con una carrera en solitario impecable. Si sus dos primeros trabajos Harlem River y Still Life nos impresionaron y emocionaron más o menos a partes iguales, en esta nueva entrega volvemos a sentir que estamos ante uno de los mejores músicos que han surgido en años. Singing Saw difiere de sus predecesores en ser un álbum más coherente, adaptándose a nuevas tonalidades más recogidas y pausadas, pero volviendo a sacar brillo y sensaciones muy poderosas en todas las canciones que presenta. En esta nueva entrega surgen dos elementos muy importantes que hasta el momento habían estado tapados en la música del norteamericano. Por un lado nos encontramos con un músico que utiliza su voz como un gran arma, modulando e imprimiendo aún más sentimiento (en la mayoría de los casos descorazonador) a sus temas. El segundo elemento que sobresale es el piano como hilo conductor de los temas. El hecho de que Kevin tenga uno en su nueva casa de Los Ángeles, ha contribuido en gran parte a que la mayoría de estructuras estén guiadas por este instrumento, no siendo las guitarras las únicas protagonistas.

La temática que nos encontramos no va a diferir mucho de la presente en las anteriores entregas, apareciendo ciertas conclusiones a partir de la reflexión sobre la soledad y la muerte, también expresadas a través de vivencias varias. Lo que sí que podemos apreciar es unas letras que gozan de mayor complejidad, manteniendo, eso sí, su carácter dual entre lo explícito y los múltiples significados. Uniendo el entramado lírico a las mil maravillas con pasajes instrumentales de gran densidad pero al mismo tiempo muy aliviadores para los oídos, Kevin Morby logra el equilibrio perfecto entre parte instrumental y vocal. Y es que a pesar de contener tan solo 9 canciones, la duración del álbum se extiende prácticamente hasta los 45 minutos. Toda una virtud que a lo largo de su minutaje la escucha no sea para mucho plomiza y mucho menos lineal.

Adentrándonos de lleno en el trabajo nos vamos a encontrar con la inicial ‘Cut Me Down’, una pieza prácticamente acústica, que parece que se mueve entumecida y que poco a poco nos va helando la sangre hasta llegar a su final con Looking for the dead /The dead that I left. Rasgueos muy pronunciados y cortantes que aportan aún más seriedad al tema. Una buena muestra de cómo el músico va a afrontar la mayoría de temas, mostrándose sereno pero con asuntos importantes que tratar. Continuando por unos terrenos más eléctricos, donde el impacto se transmite también al apartado sonoro, ‘I Have Been to the Mountain’ condensa en poco más de tres minutos momentos más que memorables. Desde un estribillo más que acertado con I have been to the mountain / And I have walked on his shore / I have seen/ But I can’t see him no more, interpretado con fiereza, hasta los coros de carácter gospel que Lauren Balthrop, Hannah Cohen y Alecia Chakor proporcionan. Un tema inspirado en la muerte de Eric Garner a manos de la policía y en el que aparece el monte Washington del que tan cerca vive Kevin con su novia. Curiosamente, este lugar es el desde que también está tomada la foto que ilustra la portada del trabajo.

Más momentos cercanos al trance llegan con ‘Singing Saw’, el tema que da título al disco y en el que nos encontramos algo análogo al ‘Harlem River’, esa canción a tan profunda que daba título al primer trabajo del músico. Un ritmo marcado por la guitarra que acompañará a todo el tema, mientras que el piano aparece como verdugo de cada uno de los compases. A todo esto le tenemos que unir el carácter espiritual, casi místico, que aparece como una constante en la discografía del músico, desenvolviendo el tema  por derroteros misteriosos pero de enorme hipnotismo. Acercándonos un poco más al corazón de la canción americana aderezada con instrumentos de cuerda, en ‘Drunk and On a Star’ nos podemos encontrar un concepto de la belleza representado a través de detalles como la buena compañía, llegando a soltar frases del estilo a Everything was beautiful and nothing hurt. Seguramente el tema en el que el músico se muestra más contemplativo a lo largo del trabajo, transformando las reflexiones en algo mucho más plácido. Sin embargo, este ambiente se rompe con ‘Dorothy’, la canción más distante del resto de canciones del trabajo. En él nos trasladamos a una época más cercana a la de los Babies, imprimiendo ese ritmo tan a galope que mostraban junto a Cassie Ramone, al mismo tiempo que invita a tomar la noche. Un montón de personajes, seguramente muy cotidianos para el músico que cobran vida en una canción que supone una oda a su guitarra Dorothy, que precisamente toma el nombre de la abuela del músico.

Dejando definitivamente todo atisbo de entusiasmo, el trabajo se sumerge en de lleno en la melancolía y un apartado que hace que Kevin Morby se convierta ante nuestros ojos en un clásico contemporáneo. A través de ‘Ferris Wheel’ podemos sentirlo muy cerca, reduciéndose los elementos al mínimo y jugando a una especie de lado despreocupado entre una maraña de recuerdos. Es en estos momentos donde observamos la gran madurez adquirida por el músico en esta etapa en solitario, creando temas cargados de gran corazón prácticamente de la nada. Tampoco se queda atrás ‘Destroyer’, una de las mejores canciones que ha compuesto Kevin en su vida. Mansa, cargada de personas queridas y una naturalidad brutal a la hora de asumir el paso del tiempo. El momento en el que suenan los violines de fondo y Kevin pronuncia con un mayor énfasis And now I go down / Towards the dirt / In which we died, seguramente sea la imagen más bonita y certeza del trabajo.

Sin bajar en ningún momento el pistón, ‘Black Flowers’ vuelve a adoptar un aire folk mucho más intrínseco. Seguramente buena parte de su sonido tan rotundo la tenga Sam Cohen, el productor del trabajo en el que Kevin confío desde el principio. El final, llega de nuevo cargado del ya mencionado carácter espiritual, aunque aquí se va enormemente magnificado. Algo así como cruce entre los Mountain Goats y los Spiritualized menos entregados a la psicodelia para conseguir una canción en la que esta ocasión el paso del tiempo se afronta desde la experiencia, recogiendo de cierto modo un renacer. Metáforas tomadas de la naturaleza donde aparece el agua y el fuego para enlazar con el tema que abre el trabajo a través de Looking for a fire / I’m looking to burn/ Looking for the water/For the water I wake. La diferencia es que en este tema final parece que por fin, la luz ha borrado las cicatrices.

Conclusión

Kevin Morby afronta el trabajo más serio y evolutivo de su carrera, destapándose como uno de los mejores compositores de estos últimos años. Una visión del paso del tiempo muy serena, reflejada a través de unas canciones donde su carácter espiritual aflora más que nunca. Destacando un elemento tan importante como es su voy e introduciendo el piano como hilo conductor, el norteamericano nos garantiza uno de los trabajos del año.

9.5
Nota Usuarios (5 votos)

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9.4

Álbum

Singing Saw

Artista

Kevin Morby

Año

2016

Discográfica

Dead Oceans

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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