Review

Shades

Good Sad Happy Bad

2020

9
Por -

Mica Levi sigue dejando su huella dentro de todos los proyectos en los que se involucra, rescatando para la ocasión su banda de pop experimental más icónica como son Micachu and the Shapes. Lo único que en esta ocasión la ha rebautizado como Good Sad Happy Bad, justo el título que le dieron al último trabajo que publicaron en 2015. Junto a este cambio de nombre, también han llegado cambios en la formación y en las funciones que cada uno desempeña, ya que CJ Calderwood entra a formar parte encargándose de la parte de sintetizadores y saxofón, al mismo tiempo que Mica cede el papel de voz principal a Raisa Khan. El resultado no puede resultar más fascinante, continuando en su faceta de banda todo terreno capaz de lograr cualquier locura que se los ocurra dentro de los parámetros de sonidos caóticos e imperfectos, pero también memorables y con ese agradable punto de imprevisibilidad que nunca está de más. Si en su trayectoria hasta la fecha habían dejado una gran huella a la hora de guiar sus temas por un corazón indomable de sonido por momentos descacharrado, líneas de bajo exóticas y momentos propios de descontrol dentro de un ensayo dentro de un garaje, todo esto vuelve a resultar contextualizado en este disco que les ha quedado muy redondo.

Demostrando como ante todo sus pretensiones consisten en dar rienda suelta a unas canciones con las que recuperar la esencia del indie rock más anárquico y de total libertad de elementos, este disco está concebido para que cada canción suponga un pequeño mundo de exploración personal y viaje hacia una cara bastante divertida de ellos mismo. Unificando en la medida de lo posible las canciones gracias a la producción, este Shades nos deja en todo momento ante la sensación de estar ante una obra mucho más entretenida y menos extravagante de lo que nos podríamos imaginar en un primer momento. Lo bueno de estas canciones es que partiendo de ideas tan diferentes como el anti folk a lo Moldy Peaches de ‘Star’ o el vómito garagero de ‘Peach’, en el fondo estamos ante un afán de estirar los recursos limitados al máximo que nos permite identificar elementos comunes en los temas. Desde la forma de recoger el crudo torrente sonoro sin ninguna necesidad de buscar acomodo que nos deja la tremendamente envalentonada y alentadora ‘Reaching’, hasta toda la animación delirante encerrada en ‘Pyro’, aquí todo se captura de la forma más natural posible y sin necesidad de encontrarle un semblante serio o riguroso a los temas.

A medida que avanza el disco nos vamos a ir sintiendo más y más familiares con todas esas guitarras ejecutadas desde la suciedad, como si se tratase de un club de moteros que parece va a ser dinamitado de un momento a otro. De ahí que ‘Taking’ recoja de buena forma el sonido propio de unos Deerhoof aún más pasados de rosca, al mismo tiempo que captura esa sensación de estar al límite de sus posibilidades pero sin dejar de disfrutar al máximo de lo que hacen. Seguramente el secreto para que la máquina no descarrile es esa su capacidad para ir encadenando estrofas donde la nebulosa de muros de sonido resulta indisoluble con otros de mayor definición melódica, apostando por un cierto equilibrio dentro de la vorágine de aceleración creada.  También es cierto que los temas más reposados poseen esa cualidad de acabar sonando distantes y extraños, dotando al disco de lo más parecido a una línea argumental que se evidencia en ‘Bubble’ o la estupenda ‘Shades’, sintiendo como a pesar de exhibir ese estado de desinhibición en todo momento lo que tratan de hacer es intentar soportar el peso de los días y las formas en las que ésta te sorprende. Sin lugar a dudas la mejor forma de poder hacer esto es rindiendo homenaje a una forma de escribir canciones asociada al avant pop ochentero que va desde Can hasta Silver Apples, sin olvidarnos tampoco del nacimiento de la esencia DIY con gente como Jeffrey Lewis o Daniel Johnston.

Conclusión

Mica Levi rebautiza Micachu and the Shapes como Good Sad Happy Bad, dejándonos un trabajo donde lo enrevesado es sinónimo de disfrute y sorpresa. Logrando que cada canción suponga un pequeño mundo de caos melódico y al mismo tiempo contenga un gran sentimiento liberador, logran un disco de lo más entretenido y de escucha compulsiva.

9
Nota Usuarios (3 votos)

vota:

7.8

Álbum

Shades

Artista

Good Sad Happy Bad

Año

2020

Discográfica

Textile

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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