Review

Rare Birds

Jonathan Wilson

2018

9
Por -

Hace no mucho tiempo, estaba escuchando un programa de la BBC sobre la trepanación. ¿En qué consiste? Simple: es la perforación del cráneo con un instrumento quirúrgico. Aunque durante algún tiempo se realizaba con fines “médicos”, los testimonios de los que hablaban eran diversos. Muchos artistas, hace 50 años,  pensaron que era una buena idea. Que expandiría sus mentes. Uno en particular, llamó mi atención. Decía que, cuando adultos —debido a la presión intercraneal por caminar erguidos—, perdemos parte de la irrigación sanguínea que tenemos de infantes. Por ello, se pierde la magia del asombro, esa sensación de bienestar que muchos niños parecen tener. ¿Será del todo cierto? 

Jonathan Wilson, hasta donde sabemos, no tiene un agujero en el cráneo. Lo que sí sabemos, es que ha estado de gira con Roger Waters y produjo el laureadísimo Pure Comedy de Father John Misty. Pero es claro que la historia musical de Wilson va más allá. La faceta de productor y músico, necesita forzosamente que nuestro protagonista tenga un bagaje musical vasto. Puede trabajar tanto con Conor Oberst como con Erykah Badu, con Crosby, Stills & Nash o Elvis Costello. Parece sacado de otros tiempos, tiempos en donde la intersección de Haight & Ashbury en San Francisco estaba gestando una escena que movería al mundo promoviendo la paz, el amor, la música y quemar algunas plantas. 

Si bien las dos personas con las que ha trabajado más recientemente —Josh Tillman (Father John Misty) y Roger Waters— tienen una crítica incisiva por lo que sucede en el mundo, Jonathan Wilson parece querer descansar un poco de esto.

Rare Birds se nota colorido desde la portada. Ahí aparece Jonathan en un trono, mientras una estética de vaporwave lo rodea. Pero nada dentro del disco es vaporwave, quizá desde ahí ya vienen los contrastes que intenta poner sobre la mesa. 

La primera impresión suele ser engañosa. Así pasa con este álbum. Las comparaciones con Pink Floyd son obvias, pero esto no se debe al reciente tour junto a Waters, de hecho, en trabajos anteriores como Gentle Spirit ya se podía apreciar ese fanatismo por los 70 y en particular por la escena desarrollada en Laurel Canyon. Rare Birds abre con ‘Trafalgar Square’. Una canción de alguien que ya se fue, pero que vemos pasar, quizá en un sueño, quizá en la realidad. Y sí, suena tremendamente a Pink Floyd. Eso no puede ser malo, pero hay que seguir avanzando. 

6:23 minutos después, ‘Me’ parece continuar con el homenaje. Aquí algunos se pueden decepcionar. ¿Por qué debería escuchar algo que suena a algo ya hecho y de mejor forma? Qué lástima aquéllos que huyeron. ‘Over the Midnight’ es un vuelco inesperado. Tal vez la referencia más cercana sea lo envolvente de The War on Drugs. Jonathan Wilson parece optar por distintos atavíos. Por generar distintas emociones. El tercer tema es devastadoramente ensoñador. Habla del caos alrededor, detenido por unos momentos gracias a alguien especial. Esa escena romántica de estar juntos contra el mundo que, en momentos de crisis, parece ser el único lugar seguro. 

El optimismo explota a raudales. ‘There’s a Light’ es un paseo en bicicleta por los 70. Del John Lennon más esperanzador, pasando por Warren Zevon, hasta los coros florales de alguna banda de San Francisco. Jonathan Wilson no escatima en arreglos. Esto es un punto fortísimo en el material. Armados con unos auriculares, los escuchas descubrirán algo nuevo en cada reproducción. 

‘Sunset Blvd’ tiene reminiscencias al susurro de Mark Knopfler y la musicalidad de Dire Straits. Así podríamos analizar cada canción. Es como revisar un catálogo de influencias e intentar dilucidarlas. Algunos ven esto como una falla, un error por no terminar de afianzarse. Es cuestión de enfoques. Lo que sí, es que cumple con la premisa del disco en palabras del propio creador: un maremoto emocional. Si ‘49 Hairflips’ no les mueve algo, deberían considerar la psicopatía.

Reseña realizada por Alan Luna.

Conclusión

Después de varias escuchas, podemos afirmar que Rare Birds funciona como una trepanación temporal. Expande la mente, causa fascinación y brinda felicidad. Discos así son los que se necesitan. Éxitos volátiles que se olvidan en 5 meses pueden haber miles, pero trabajos meticulosos que se descubran y re-descubran con el tiempo, son escasos. Jonathan Wilson es un personaje de otro tiempo que no tiene reparos en enseñar y honrar el sendero que lo ha forjado. Un álbum en el que colaboran Josh Tillman, Lana del Rey y que mezcla sonidos de R2-D2 y evocaciones a Pink Floyd, es algo que se debe escuchar.

9
Nota Usuarios (4 votos)

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8.6

Álbum

Rare Birds

Artista

Jonathan Wilson

Año

2018

Discográfica

Bella Union

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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