David Rodríguez siempre ha sido uno de esos músicos que ha estado en la sombra, sin obtener nunca un reconocimiento mediático de gran transcendencia a pesar de estar siempre de proyectos de lo más interesantes. Es curioso observar como otros músicos del Baix Llobregat como es el caso de Primogénito López o Daniel Flamaradas también parecen relegados a un plano sumergido, aunque el que sin lugar a dudas por trayectoria David es el que se lleva la palma de este hecho. Todos ellos seguramente tienen en común el carácter costumbrista y reflexivo que imprimen a sus temas, adentrándose en el día a día a través de todos aquellos recuerdos imborrables en el subconsciente. Algo así es lo que ocurre en El Primer Disco, un trabajo en el que los recuerdos brotan de forma tan dolorosa como consciente y serena, consiguiendo una obra muy importante en los momentos en los que hay que avanzar.
En una estampa propiamente rural y festiva, entrelazada con momentos de intimidad, David Rodríguez desarrolla todo tipo de historias donde el paso del tiempo tiene un peso muy importante. A través de una instrumentación que en todo momento huye de lo eléctrico salvo contadas excepciones muy bien contrapuestas, las canciones adquieren la naturalidad propicia para localizarnos en escenarios como la plaza del pueblo. A partir de ahí la radiografía que rodea el entorno del músico es total: desde desenlaces amorosos en ‘Tremenda Amazonas’ hasta el romanticismo más idealista en ‘David’, sin dejarnos de lado otros aspectos como las inseguridades en ‘No hacía falta’ o ciertos balances personales en ‘Poyeya es presidente’. Una temática muy abierta muy bien cohesionada por el carácter narrativo de los temas y toda la cercanía con el día a día experimentado.
A pesar de la impresión de pesadumbre que cubre todo el trabajo, las canciones están enfocadas con un alcance y trasfondo que llega mucho más allá del particular tono decaído que presentan temas como ‘Mientes’. Entrando de forma reveladora en las preocupaciones del músico como es el caso de ‘Tú lo tienes que saber’, la lectura que se puede hacer más allá de la apreciable tristeza avanza hacia lo apaciguador, centrándose en una relación de pareja de la forma más sincera. Guitarras carentes de brillo y acordes de piano lo más graves posibles contribuyen a conseguir un efecto cercano al de la pérdida de toda la pasión pero no a todas las ganas de intentarlo. Sentimientos tan difíciles como comunes de los que cuesta mucho expresar, más aún a través de la vía instrumental. Por ello, todo el contenido expresado en los temas resulta perfectamente aderezado de una forma sencilla y sin ningún tipo de ornamentación efectista.
Encontrándonos análisis de situaciones dificultosas de gran valor como el presente en ‘No es Fácil’ o ‘Vejaciones en La Costa’, David Rodríguez es capaz de observar su entorno extrapolándolo a través del caudal de sentimientos fallidos que se rompen en algún momento determinado por los realizados. Múltiples etapas que representan fielmente el reflejo de vidas que saben encontrar en lo cotidiano el motor para seguir con todo lo que venga por delante. Por todo ello, también se cuela en el trabajo un tema donde aparentemente lo dulce se acaba sobreponiendo a lo amargo a través de ritmos de barrio con ‘Bellísimos’. El momento de mayor despreocupación del trabajo, que rompe en cierta medida su tónica, y otra muestra más de cómo encarar un trabajo repleto momentos vitales de carácter perenne.


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