Review

Oh My God

Kevin Morby

2019

9
Por -

Cada rumbo que ha emprendido Kevin Morby en sus diversos trabajos nos ha ido dejando con diferentes estilos totalmente inconfundibles, sintiéndose cada vez más libre y cargado de ambición para divagar a través de los temas de una forma emocionalmente muy desnuda. Cesando en su vertiente más guitarrera, aquella con la que un buen día nos presentó a los emocionantes The Babies, la trayectoria del de Kansas nunca ha presentado ningún altibajo, sino más bien lo contrario. Todos sus trabajos nos remiten hacia una constante búsqueda a la hora de expresar etapas vitales vividas de forma muy intensa, intentando que los momentos de oscuridad permanezcan intactos a la par de refugiarse en una espiritualidad con la que no perder la esperanza. Al mismo tiempo, el camino estilístico emprendido se desliga de cualquier tipo de admiración hacia clásicos como Bob Dylan, creando el mismo un discurso que cada vez adquiere más matices de clásico contemporáneo. En este nuevo trabajo, esto surge en base a saber cómo arroparse de un mayor número de instrumentos sin que sean meros elementos decorativos, sino que cada uno cumple su papel de propulsar las canciones y enfatizar unas estrofas irrefrenables a la hora de definir aquellas imágenes que se elevan por encima de la vida y la muerte. Sin ir más lejos, ‘Hail Mary’ se muestra de lo más esplendorosa en este apartado, estando ante uno de los temas más inspirados del músico donde la catarsis de emociones  realmente te deja extasiado.

Las continuas referencias a elementos religiosos constituyen el hilo principal del trabajo, sin embargo este simbolismo simplemente es el vehículo para identificarlo con sus propias vivencias, creando un interesante imaginario con el que acabar despojándose de toda la carga sacramental. Ya en anteriores referencias esta línea estaba presente con temas como ‘Pearly Gates’ o incluso en la propia ‘Harlem River’, enlazando siempre con ese componente intangible con el que conectar de una forma profunda. Todo ello en esta ocasión le sirve para lograr un disco donde mira más que nunca hacia atrás, intentando no quedarse en el pasado inmediato sino bucear de una forma directa en recuerdos que llegan incluso a la niñez como bien ocurre en ‘No Halo’. Se podría decir que la recapitulación realizada a lo largo del disco no sigue ningún orden cronológico lógico, pero si se encuentra muy bien estructurada a la hora de contrarrestar aquellos momentos donde cae en la espiral abatida para girar rápidamente hacia lo entusiasmante del camino por recorrer. De esta forma rompe el tono pausado que predomina en buena parte del disco, irrumpiendo hacia el calor de la canción americana que con el paso de los discos ha sabido replegar sobre un apartado mucho más soul y liberador. Buena muestra de ello la podemos encontrar en la impetuosa y apuntando hacia lo celestial ‘Congratulations’, abriéndose de esta forma paso a través de una estructura muy marcada y al mismo tiempo certera.

Otro de los puntos fuertes del trabajo reside en comprobar como Kevin se encuentra más cómodo que nunca en un formato de canción cercano a la balada, sentándose prácticamente en soledad ante el piano para dejarnos con reflexiones imborrables frente al paso del tiempo. De este modo alguno de los mejores temas del disco como ‘Seven Devils’ aparecen dentro de este apartado, dejando de este modo atrás los ambientes más impulsivos presentes en otros puntos de su carrera y recreándose en lo reconfortante que al final resultan los pensamientos forjados solo a través de la experiencia. Esto también le permite que las canciones por momentos adquieran una mayor grandilocuencia no solo en el plano instrumental, entendiendo esta característica como algo no impostado en ningún momento. Este paso adelante se hace patente en cada rincón del trabajo, exhibiendo la plena confianza en sí mismo a la hora de conducir las canciones hacia ese lado imborrable y relacionado con las divinidades inexplicables que impregnan el trabajo de forma sutil. Solo así puede conseguir la precisa unión entre su lado más contemplativo y la materialización de todo aquello que casi nunca se puede expresar con palabras.

Conclusión

Kevin Morby continúa forjando una carrera cargada de personalidad, sonando cada vez más como un clásico contemporáneo de los que emociona al máximo en todas sus facetas. En este nuevo Oh My God da un paso adelante a la hora de disponer de un gran número de recursos y ordenarlos no para que reluzcan al máximo, sino para encontrar una vez más una expresión eternamente romántica y pasional en todas sus composiciones.

9
Nota Usuarios (4 votos)

vota:

7.2

Álbum

Oh My God

Artista

Kevin Morby

Año

2019

Discográfica

Dead Oceans

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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