Review

Consagración

La Estrella de David

2018

9
Por -

David Rodríguez siempre ha sido una de esas personas que ha renunciado a los focos, a pesar de que su historial debería darle para ello. Ya sea como productor, con proyectos como el que supuso Beef o acompañando a La Bien Querida, se ha volcado siempre en hacer sus canciones o mejorar la de los demás sin intentar acaparar ningún tipo de atención. Con su proyecto más personal como es La Estrella de David esto también se ha mantenido y se va a mantener, incluso aunque haya dado un gran salto fichando por Sonido Muchacho, la que seguramente sea la discográfica nacional que mejor sabe mover a sus artistas sin sacarlos de su hábitat natural. En este nuevo trabajo titulado Consagración, quizás nos encontramos con una envoltura más accesible que en anteriores entregas, pero esto no elimina para nada las múltiples peculiaridades que siempre nos ha dejado el de Sant Feliú de Llobregat. Por lo tanto estamos ante un tipo que siempre ha ido a lo suyo, encerrando en sus canciones muchos relatos costumbristas de aquellas cosas que pasan totalmente desapercibidas para el ciudadano de a pie. Una habilidad al alcance de muy pocos, donde precisamente si tuviésemos que nombrar a algún otro mencionaríamos a José de Primogénito López, otra de esas personas que coge cualquier suceso que parece de mierda e insignificante, convirtiéndolo en algo totalmente lacrimógeno con todos los motivos del mundo. Lo único es que David Rodríguez se encuentra instalado en una cara más positiva de los hechos, algo que sale a relucir en los momentos en los que sus canciones se lanzan, digamos, a por lo folclórico.

Esta nueva referencia resulta de lo más completa en todas sus líneas. Tanto en la narrativa de amores perdidos, como en la de sucesos casi sonrojantes  y por supuesto en la del conformismo con todos los buenos ratos vividos. Todas estas temáticas suenan un poco a estar de vuelta de todo, algo que no dudamos en absoluto que le ocurra a David, pero lo cierto es que en sus canciones intenta siempre que haya una chispa de pasión aunque resulten escupidas en el tono más plano. La apertura del disco con ‘Me Ha Parecido que Estuvo en Mi Cabeza’ es buena muestra de ello, bien solo sea por el título que se repite a lo largo del tema a modo de recordatorio de algún suceso que pinta más o menos feliz, aunque esté totalmente relacionado con lo efímero. También a base de sinsabores de esos que muchas veces no los ves ni venir, ‘Cariño’ muestra el final entre dos personas con cierta dulzura, incluso cuando llega ese momento en el que las cartas están sobre la mesa y dices haz lo que quieras aunque me de rabia. Sin embargo, todo empieza a levantarse en lo anímico en ‘La Primera Piedra’, algo así como el libro del génesis según La Estrella de David, empezando a jugar entre frases de amor cómplices y las desilusiones más primerizas (fijo que a cualquier humano le entristece la frase “y ahí ya me di cuenta de que nunca sería capaz de hacerme mis propias cecinas y morcillas”). A destacar de este tema, no podemos pasar por alto la mezcla entre bares y premios, algo que al final resulta ser lo mismo.

Con nuestra atención totalmente captada por saber que será lo siguiente que se abordará en los temas, ‘Aceite’ es una de esas canciones que bien sirven para alegrar la vida. Partiendo de esa guitarra española que parece que se va a arrancar con brío a por lo rumbero y que al final lo acaba haciendo,  nos muestra como las rimas más simples siempre son las que relucen (“A Sant Feliú yo he venido a que me des lo que te pido”), cayendo siempre en la cuenta de que lo críptico nunca tiene lugar en lo que canta la David. Todo está perfectamente localizado para darle la interpretación que te venga en gana, evitando de este modo cualquier tipo de juego con el lenguaje enrevesado. Así es como al mismo tiempo hace una bonita inclusión a ese tipo de música popular a lo Vainica Doble como referente en primera instancia, alcanzando un final de voz casi en griterío a lo Gúdar. Más alucinada, de casi figura digna de parodia pero con ese reflejo totalmente humano de cómo ligar si no voy un poco pasado llega ‘Noches de Blanco Satán’. Además si a esto le sumamos la estampa del karaoke que aparece en el videoclip del tema, ya tenemos el caldo de cultivo para vernos envuelto de lleno en la situación.

Adentrándonos en la segunda parte del trabajo, llega la que probablemente sea la canción más romántica del disco. Romántica claro está al estilo de David. Esa mezcla entre referencia de elementos industriales junto con la parte más idílica y sincera del amor, todo ello en un estribillo que se culmina con lo más capitalista del mundo como es un centro comercial. Una genialidad donde se rompe todo atisbo de cursilería posible y deja el listón de lo más alto. Acto seguido, como no sabemos muy bien por donde nos va a salir el músico, nos llega ‘La Canción Protesta’ con un ritmo a contratiempo, personificando de lleno algo como es una canción y metiendo esas guitarras muy características de guiris intentando lograr ritmos flamencos. Por nuestra cabeza desde luego se nos pasan múltiples figuras y de lo más dispares entre sí, incluyendo desde algún personaje de la canción astur hasta acciones en redes sociales propias de Victor Lenore. Un punto de inflexión del disco que desde luego no nos lo habríamos imaginado, saliéndose de la tónica más aferrada a los sucesos que afectan al corazón. Sin embargo todo vuelve a su curso en ‘Sonia’, una canción propia de pianoman que convierte cualquier experiencia en algo maravilloso, sin poder evitar al mismo tiempo dejar su impronta en esa coletilla de “menos mal que lo grabé”.

Acercándonos totalmente al final, ‘Maracaibo’ saca el lado más propio de la música de La Bien Querida, con ese formato de canción ligero pero sofisticado, enraizado a esos actos de amor más idílicos que a bien seguro se podrán recordar entre sollozos. Sin embargo aunque todo indique que en esta canción ese es el camino, en cuanto aparece un ambiente propio de verbena todo se maquilla un poco. Lo que no se puede maquillar como una doble lectura es lo que ocurre en ‘Consagración’ acerca de la entrega total de tu vida a una persona. Un poco como lo de acepta su cruz que versaba el título del trabajo de nuestro siempre querido Marcelo Criminal, aunque todo ello suavizado con ese “y aun así la vida es dulce cuando estás a mi lado” soltando entre unos sintetizadores que no vamos a negar que tienen un toque un tanto siniestro. Para cerrar definitivamente el disco aparece ‘Amor Sin Fin’, la canción que más suena a rendición de todo el trabajo a pesar de su nombre.  Con un inicio que no sabemos si va a desembocar en alguna locura sonora de Vangelis, este tema nos muestra al David más vencido ante el ritmo de la vida pero que sabe moverse a la perfección en estas situaciones. Un final entre acordes de piano jazzísticos donde una vez más antepones a terceras personas antes que a ti. Todo por amor o al menos intentarlo.

Conclusión

David Rodríguez al frente de La Estrella de David nos ofrece en este nuevo ‘Consagración’ todo lo que siempre buscamos en sus trabajos. Moviéndose por momentos en el ingenio más romántico soltado en el tono más seco posible, su buen pulso a la hora de relatar elementos o sentimientos costumbristas que todos damos por sentado vuelve a resultar una virtud única.

9
Nota Usuarios (9 votos)

vota:

7.6

Álbum

Consagración

Artista

La Estrella de David

Año

2018

Discográfica

Sonido Muchacho/Terranova/Hi Jauh USB?

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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