Review

The Magic Whip

Blur

2015

8.5
Por -

Contando con algo de tiempo libre por la cancelación de un festival, Damon Albarn metió al resto de Blur en un pequeño estudio en Hong Kong, donde pasarían cincuenta horas repartidas en cinco días trabajando en nuevo material. Era 2013, el grupo estaba en medio de su primera gira mundial en diez años y desde la reconciliación entre Albarn y Coxon en 2009, lo único que habían publicado era dos singles lo suficientemente buenos como para que no se dudase de si podían seguir funcionando como grupo activo.  Las sesiones fueron tremendamente productivas y grabaron horas de material —supuestamente, el suficiente como para hacer dos discos más—, pero el proyecto quedó abandonado en cuanto salieron de Hong Kong y Albarn pasó a promocionar su debut en solitario, Everyday Robots (2014, Warner). Coxon, al que no se le salía de la cabeza el potencial de esos cinco días de sesiones, recuperó las grabaciones y convenció a Stephen Street para ser productor de un disco de Blur por primera vez desde el homónimo de 1997. Coxon y Street hicieron de cirujanos plásticos con el material de Hong Kong, dándole forma a las canciones antes de presentárselas a Albarn. Entusiasmado ante lo que oía, Damon empezó a involucrarse de forma activa y volvió a Hong Kong para terminar de escribir el disco, que sería completado en Londres con los cuatro miembros del grupo participando en él.

La mirada de Albarn —siempre más cautivada que condescendiente— a la cultura china se traduce en doce canciones repletas de la ansiedad y urgencia que transmite una ciudad superpoblada y con una cultura extraña y fascinante al mismo tiempo. Las cuerdas y el golpeo de caja en la marcha militar ‘There Are Too Many Of Us’ trasladan directamente al contexto en el que se grabó el disco, consiguiendo recrear una imagen clara de su fascinación hacia Hong Kong. ‘Go Out’ consigue el mismo efecto con una estética algo más familiar —distorsión, línea de bajo pesada— pero no del todo esperada. Aunque dudosa como primer single, su valor dentro del álbum es incuestionable.

No hay un solo disco en la carrera de Blur comparable en sonido con The Magic Whip, lo cual es uno de los indicadores de que esto es un álbum de verdad y no una chapuza sacada de unas demos de GarageBand. Hasta ‘Lonesome Street’, claramente recurrente a la nostalgia britpop, es una actualización del sonido de 1993 con armonías que nunca habían intentado, un segundo plano electrónico, disonancias y un extracto muy reminiscente a los primeros Pink Floyd en el que Albarn deja cantar a Graham Coxon. Otra de las vueltas a mediados de los 90 viene al final del disco en ‘Ong Ong’, canción simple y pegadiza que repite la secuencia Do-Fa-Sol durante tres minutos de lalala’s y rimas facilonas. ‘I Broadcast’, por otra parte, tira más por los números de pulsaciones altas de Modern Life Is Rubbish (1993, Food). Damon suena especialmente joven en las primeras líneas y Alex James tiene el sitio suficiente como para dejar una línea de bajo clásica.

Si hay algo que hace que The Magic Whip sea uniforme es la presencia de sutiles elementos electrónicos, unas veces en la percusión —‘Thought I Was A Spaceman’, ‘Ice Cream Man’— y otras directamente construyendo la canción, como en la sci-fi ‘New World Towers’, a la que han dejado sin estribillo en la versión de estudio y que acaba salvando Coxon con sus licks secos de guitarra. La divertida ‘Ice Cream Man’ cuenta con una melodía de canción de cuna y es la primera canción del disco en mencionar ese simbólico helado del título, posiblemente haciendo referencia a un episodio oscuro que poco tiene que ver con lo jovial de la sintonía: With a swish of his magic whip / All the people in the party froze / I was only 21 when I watched it on TV. Junto a ‘Ong Ong’, es lo más cercano que hay en el LP al pop pegadizo de sus mejores singles.

Con seis minutos y dieciséis segundos, ‘Thought I Was A Spaceman’ es la canción más larga del disco y también una de las más elaboradas, representando la llegada a un supuesto mundo distópico en tres partes distintas: comienza con un beat simple sobre el que Albarn canta con voz distorsionada mientras Coxon juguetea con la melodía principal en su guitarra acústica, arranca de verdad cuando se unen la batería y el bajo y termina con Graham al micro y sus acordes siendo pasados por un filtro electrónico. El otro tema de confección similar es ‘Pyongyang’, que captura las impresiones de Albarn en su viaje a Corea del Norte y pasa del post-punk oscuro de los primeros versos a un final épico y colaborativo entre Damon y Graham. Cada uno había escrito un estribillo distinto y aunque el que prevaleció fue el del cantante, se puede oír el de Coxon al final de la canción, como un eco armonizando con la melodía principal.  Son momentos como estos los que colocan a The Magic Whip en los escalones altos de la discografía de Blur.

Que sea el primer disco de Blur sin singles realmente brillantes (tampoco pasa nada si metemos aquí a Think Tank) no significa que carezca de individualidades que merezcan la pena. ‘My Terracotta Heart’ está en el Olimpo de baladas escritas por Albarn, por ejemplo. Adornada con una línea de guitarra desoladora y un delicado falsete, la canción trata explícitamente sobre su intermitente relación con Coxon: When we were more like brothers / but that was years ago (…) / Is my terracotta heart breaking? / I don’t know if I’m losing you again. Justo tras ‘My Terracotta Heart’ llega ‘Ghost Ship’, un número distinto a todas luces. Aquí, se dejan llevar por la línea de bajo de James y se atreven a añadir elementos reggae,  como los arreglos de viento-metal de Coxon. No hubiese desencajado entre las canciones más ligeras del Plastic Beach (2010, EMI) de Gorillaz.

Finalmente, ‘Mirrorball’ cierra The Magic Whip con la misma carga emocional de ‘This Is A Low’ o ‘Battery In Your Leg’. Es desgarradora y densa, con grandes acordes estirados vibrando gracias a la palanca de trémolo de Coxon y arreglos de cuerda sobrevolando a partir del primer estribillo. No es coincidencia que todo sobre lo que quería cantar Albarn en Everyday Robots esté mejor expresado en tres simples líneas aquí: So before you log out / Hold close to me / Hold close to me. Con Coxon, James y Rowntree a su lado, sus ideas y melodías aparecen mejor presentadas que cuando intenta acercarse a ellas solo. ‘Mirrorball’ es una comunión extraña para un grupo que siempre se había identificado por crear canciones a través de caminos distintos: Damon componía, Alex intentaba sacar algo bailable de los acordes, Graham ensuciaba con sus pedales y Dave hacía de pacificador tocando la batería a gusto de todos.  Aquí, todos los instrumentos siguen gentilmente la melodía de Albarn, poniendo un punto –¿final?– de reconciliación a una carrera de 25 años. Y qué reconciliación.

Conclusión

Dieciséis años después de su último intento como cuarteto, la química entre Blur sigue intacta. Avanzando en su sonido pero con alguna mirada al pasado, The Magic Whip es todo lo que se podía esperar de un disco grabado en semejantes circunstancias. El vacío que hay por la falta de un gran single se llena con una continuidad admirable en un disco de estilos tan diversos. En su propia instantánea e imperfecta manera, The Magic Whip es uno de los mayores aciertos de Blur.

8.5
Nota Usuarios (4 votos)

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9.4

Álbum

The Magic Whip

Artista

Blur

Año

2015

Discográfica

Warner

Alberto

Madrid, '94. En contra de muchas cosas y a favor de unas cuantas.

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