Review

Blackstar

David Bowie

2016

9
Por -

NOTA: Esta reseña fue escrita días antes del fallecimiento de David Bowie. Se ha conservado todo el texto original, añadiendo únicamente la conclusión que se encuentra pegada a la puntuación otorgada.

Ya retirado de la música, David Bowie lo había hecho todo y lo había tenido todo. Había escrito algunas de las canciones más conocidas de la historia del pop y también creado una serie de discos experimentales que siguen siendo replicados a día de hoy. Y tras una década y media algo intermitente —durante la cual tuvo grandes problemas de salud—, decidió reservar su conocimiento musical a alguna que otra colaboración menor. Pasaron diez años desde Reality hasta The Next Day, el disco que rompió el silencio de una década.

Aparentemente, esos diez años en blanco no fueron realmente una retirada, sino un planeado ejercicio de concentración para volver a ser una estrella que viviese de su aportación presente y no de lo hecho en el pasado. De las aproximadamente 30 nuevas canciones que había preparado para su regreso, unas 20 fueron a parar a The Next Day y su edición especial. Bowie seguiría trabajando en las restantes hasta hace unos meses, cuando concluyó la grabación de su nuevo disco junto a un grupo de músicos de jazz. El objetivo era alejarse del rock todo lo posible, dejar de lado las estructuras conservadoras que lastraban The Next Day para crear algo similar a la trilogía de Berlín.

La única exposición a la que se enfrenta Bowie en esta nueva era es la de su música grabada. Ni entrevistas, ni conciertos. Aun con el concepto de autor difuminado (¿quién sabe cuánto habrá suyo en Blackstar y cuánto del saxofonista Donny McCaslin, uno de los músicos con quien lo ha grabado?), se resiste a dejar todo su pasado atrás: ha recuperado el imaginario del Duque Blanco para la ocasión, junto a los guiños al ocultista Alexander Crowley y al ya emblemático Major Tom, que probablemente sea ese astronauta del vídeo de ‘Blackstar’.

Bowie ha creado su álbum más complejo en décadas —seguramente en más tiempo del que muchos de sus fans llevamos vivido. ‘Blackstar’, primera canción, ya presenta una percusión hiperactiva y una melodía similar a las de las pistas más experimentales de la trilogía de Berlín. Los arreglos de viento quedan fundidos con la electrónica, aunque todo detalle instrumental parece menor cada vez que Bowie se pone a cantar. Los primeros cuatro minutos están envueltos de una oscuridad inusual, reflejada especialmente en los coros espectrales de las estrofas. Con imágenes religiosas y el tema subyacente de la lucha entre la cultura oriental y la occidental (ya existen teorías que afirman que la canción habla sobre ISIS), Bowie cose varias canciones juntas en una sola y las va alterando según su contenido lírico.

Blackstar combina tantos estilos distintos que es complicado reducirlo a sólo un par de conceptos. Mientras que es cierto que la influencia del jazz es patente en las siete canciones, en cada una funciona de forma distinta. En ‘’Tis A Pity She Was A Whore’ —que viene a ser una canción vitaminada del Amnesiac de Radiohead— el saxo toma incluso más protagonismo que la voz de Bowie, mientras que normalmente está presente como una fuerza estremecedora que refuerza una atmósfera ya suficientemente cautivadora de por sí.

Así es en el caso de ‘Lazarus’, probablemente la canción con más opciones de acabar siendo un clásico. Parte de una estructura muy básica —el 90% de la canción está basado en tres acordes— pero tiene una carga emocional superior a la de ningún otro tema. Encontramos, además, a un Bowie rejuvenecido en temas líricos: Look up here, man, I’m in danger / I’ve got nothing left to lose / I’m so high, it makes my brain whirl / Dropped my cell phone down below.

Una de las cosas más positivas que se pueden decir de Blackstar es que es complicado encontrarle precedente en una carrera tan profunda como la de Bowie. El trasfondo jazz del álbum transcurre a la perfección sin ni siquiera rozar nunca la previsibilidad del muzak —hasta las canciones más convencionales del álbum mantienen un sello propio, como lo es la melodía chocante de ‘Girl Loves Me’ o la sección improvisada de saxo en ‘Dollar Days’. Al final de esta última, los instrumentos y la voz de Bowie se van desvaneciendo para dar pista a un ritmo electrónico que servirá de introducción a ‘I Can’t Give Everything Away’, tema con un eco muy evidente de la clásica ‘A New Career In A New Town’ (Low, 1977). Es un cierre majestuoso que, de nuevo, apunta a su época más brillante sin tener la necesidad de imitarla.

En parte gracias al aura oscuro y experimental que lo rodea, Blackstar está cerca de ser uno de los mejores discos de toda la carrera de Bowie. Ha recuperado una chispa que no se le veía desde Scary Monsters (1980, RCA) para ensamblar una obra singular, con un centro claro en dos canciones espectaculares (‘Blackstar‘ y’Lazarus’). Si hay algo negativo que decir de Blackstar, es que es probable que sea el último regalo de David Bowie.

Conclusión

No se le puede pedir mucho más al adiós de uno de los artistas más importantes del siglo XX. Como ha afirmado su productor y amigo Tony Visconti, Bowie ha conseguido crear arte a partir de su vida pero también de su muerte. Descanse en paz.

9
Nota Usuarios (10 votos)

vota:

8.8

Álbum

Blackstar

Artista

David Bowie

Año

2016

Discográfica

RCA

Alberto

Madrid, '94. En contra de muchas cosas y a favor de unas cuantas.

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