Cine

Carmina y Amén.

Paco León

2014

Por -

El Luisma no es tonto. Ya lo demostró en Carmina o revienta. (importante el punto final) en 2012, y lo vuelve a hacer ahora con Carmina y amén. (importantísimo) en este 2014. Paco León le ha cogido el gustillo a andar detrás de la cámara, y los resultados le avalan.  La cosa promete. Quién sabe si no será Paco león el que coja el testigo del cine costumbrista, que nos muestra con cierta crudeza pero esperanza y picardía, la realidad social de nuestro país.

Como decimos, hace dos años Paco tuvo la amabilidad y el acierto de presentarnos a su madre, Carmina Barrios. “Se podría hacer una película con sus anécdotas” decía, y vaya si era verdad. Tres nominaciones a los Goya y tres premios en el Festival de Málaga (dos a mejor película y uno a mejor actriz) lo corroboran. Imponente, poderosa, y sobre todo, auténtica, Carmina se mete al espectador en el bolsillo nada más aparecer, casi sin despeinarse. Carmina te habla, pero sobre todo se habla. Se cuenta a sí misma una serie de pensamientos, vivencias y emociones que le rondan la cabeza. No busca que la entiendas, no busca que la quieras, simplemente sobre-vive. Nos puede parecer una delincuente, una lazarilla de Tormes  o una Robin Hood de nuestros tiempos, pero, ¿acaso tiene otra salida? ¿Acaso una policía corrupta defiende sus derechos? ¿Acaso la sociedad en la que vivió y vive, le permitió buscarse otro porvenir? Carmina manipula, hace y deshace a su gusto, pero siempre buscando el bien del prójimo, de su familia y de su comunidad. Nunca verás a Carmina quejarse. Porque le enseñaron que no podía hacerlo.

Segundas partes nunca fueron buenas, o al menos eso dicen. Pero esa frase no tiene sentido para Paco León, que nos muestra un segundo capítulo de la vida de su “ficticia” madre. En esta ocasión, la historia comienza con la muerte de Antonio León (Paco Casaus), el marido de Carmina. Ésta, entre sollozos, avisa a su querida hija María (María León) de tan trágica noticia. Una persona normal llamaría a la policía e iría preparando el funeral. Pero Carmina no. Carmina es práctica, tiene perspectiva. Sabe que están a sábado, y que su marido cobraría la paga extra el lunes. Y esa paga es fundamental para pasar las navidades. ¿Solución? Hacer un acople de sangre fía y aguantar el chaparrón hasta el lunes, con su marido muerto sentado en el sillón del salón. Podríamos estar hablando de Vito Corleone o Tony Soprano, pero no, ese portento perspicaz y calculador es una ama de casa de Sevilla. ¿Qué hubiera sido de Carmina si hubiera nacido en otro lugar del mundo y con otras oportunidades?

C3

La película está hecha con mucho mimo, dando importancia a los detalles por encima de todo. Las conversaciones del día a día meten al espectador en el salón de Carmina, hablando del Reiki, de los “chochos colgones” (una genial Yolanda Ramos, que ha recibido la Biznaga de Plata por este papel), o los problemas de las vecinas del bloque. Paco León sabe cómo hacerte sentir que estás allí con ellas, sentado de madrugada, escuchando conversaciones cotidianas entre amigas. Nos habla a través de los detalles, de los dobles sentidos y de la mezcla de personas y personajes. Por ejemplo, una de las señoras mayores durante el velatorio, habla con total naturalidad de sus conversaciones por Skype con la antigua reina Sofía, o de que tomar una tostada con marihuana y aceite es sanísimo. Una frase brillante dicha por un personaje secundario que asiste al velatorio (cameo de Antonio León, padre real de Paco León y marido de Carmina -la de verdad-): “Se está muriendo gente que no se había muerto nunca”, nos lleva al humor más absurdo y casi surrealista, en el que Paco también se defiende con maestría. Y diluyendo al máximo la línea que separa la realidad de la ficción, vemos a este personaje sentado en la silla que durante toda la película ha estado ocupada por el cadáver del marido ficticio, ante el silencio y extraña estupefacción del resto de personajes. El director, rompió la cuarta pared en la primera película, y sigue haciéndolo en ésta: él mismo se cuela en el funeral de su padre ficticio, acompañado de su padre real, sus hermanos reales, y la verdadera Carmina. Guiños continuos que nos sigue haciendo sentir ante un documental, como ya ocurría en Carmina o revienta.

La historia, repleta de humor negro y crudeza, se desenvuelve entre estos gags. Una de cal, otra de arena. Cuando los nervios se apoderan de la madre o la hija, basta un “mamá, no tengo una peluquería, se llama centro de estética”, para calmar la situación. O cuando unos okupas entran en el negocio de María, no saben qué hacer y reina la tensión, basta un cambio de escena para ver a Carmina, María, su hermano Alejandro (Alejandro León) y los amigos de éste, comiendo pipas y planeando cómo entrar. Formas con las que Paco León parece gritar: otro tipo de comedia española es posible. No hay tabúes, no hay temas insolubles, todo puede unirse y servirse, por igual, al espectador. Decía Chaplin, «mirada de cerca, la vida es una tragedia. Pero vista de lejos, parece una comedia». Llorar de la risa o de la pena son la misma cosa en esta cinta.

Aún quedaban (y quedarán) historias por contar ocurridas a la verdadera Carmina, como aquella en la que se ecuentra subida en la moto de su hijo en sujetador y con gafas de sol, a toda velocidad, como si de un anuncio de Versace se tratara. Y chistes fáciles, como el del pájaro llamado Bárcenas, también son reales. La verdadera Carmina se compró ese Loro y lo metió en una jaula, esperando que hablara, así que el nombre vino solo. Algo que a Paco le encantó y lo metió en el film.  Pero no todo se centra en el humor. Vemos a la protagonista hablando con su marido muerto, como si se tratase de Lola Herrera en Cinco horas con Mario, planteándose como habría sido su vida si se hubiera separado de él. Las dudas, la culpa, “las espinas clavadas”, todo ello al humo de un cigarro, intentando que el finado no se descomponga, enfriándolo con patatas fritas congeladas.

Sin título

Mención especial para María León. En las dos películas representa una caricatura de sí misma. En la primera parte veíamos a una niña que había corrido demasiado para ser adulta, una joven de barrio, con una hija y con más interés en vivir su juventud que en responsabilizarse de nadie. Sin embargo, como si la fruta madura cayera por su propio peso, María se va mimetizando con su madre, dejando de ser esa postadolescente contestona y rebelde, y pasando a aceptar a su madre, entenderla, apoyarla y, sobre todo, aprendiendo de todas y cada una de sus estrategias y sus formas de buscarse la vida. Esa es la escuela que le quedará y que, de forma visual, Paco nos muestra casi al final de la película, cuando vemos a una María con su cigarro, a contraluz, igual que su madre, en una imagen que formará parte de la iconografía del cine español.

Paco León nos ha permitido entrar una vez más en su casa, y contarnos una historia más íntima que la anterior, donde se evidencia más si cabe que Carmina es una superviviente, palabra que toma un significado especial esta vez. La película termina como terminan las buenas historias: con un poso, con una reflexión y con un aprendizaje. Mientras suena ‘My way’ interpretada por la inimitable Nina Simone, nos vamos alejando de la Carmina que arropa, protege, ayuda y, ante todo, lucha por los suyos y, si se da la oportunidad, por ella.

Gracias a la ayuda prestada por Javier Corchado.

Amante de la música y el buen cine. Me gustan las películas que cuentan una historia a través de pequeños detalles. Hay mil formas en las que un director expresa una idea; yo trato de averiguarlas para contártela.

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