Cine

M, el vampiro de Düsseldorf

Fritz Lang

1931

Por -

“We’re doing our job because we have a living to make. But this monster has no right to live. He must disappear. He must be exterminated, without pity… without scruples.”

Un asesino tiene atemorizado a todo Düsseldorf. La policía lo busca sin descanso, investigando detenidamente a cualquier persona mínimamente sospechosa. Por otro lado, los jefes del Hampa, furiosos por las redadas que sufren sus locales a causa del incidente, deciden emprender la búsqueda del homicida ellos mismos…

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M, el vampiro de Düsseldorf (M, simplemente, en su título original) es la primera película sonora de Fritz Lang, y la penúltima antes de dejar atrás su etapa alemana e irse a filmar a Hollywood, donde tuvo una carrera prolífica, con obras cumbre como Perversidad (Scarlet Street, 1945) o la también famosa La mujer del cuadro (The Woman in the Window, 1944). M supone una de las obras cumbre del cine mundial, tanto en su tiempo como en el nuestro. Quizás la primera de las muchas obras maestras con las que cuenta el cine sonoro.

Y precisamente es así, cine sonoro en su mayor rotundidad, por la manera en la que imagen y sonido concuerdan y se hacen uno. El cine mudo deja de tener sentido, M no podría existir de esa forma. El inicio nos muestra a niños jugando, cantando una canción; una de las recurrencias de la película es sonora: un silbido a ritmo de In the Hall of the Mountain King. De una espeluznante estética expresionista, para el retrato de Düsseldorf como hipocentro del desorden psíquico más profundo y oscuro de la sociedad.

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La cinta hace uso del montaje paralelo casi durante su totalidad, para contraponer situaciones y sentimientos. Se inicia la película y vemos cómo actúa el asesino (nada arquetípico, por cierto, un homicida que no tiene un aspecto terrorífico ni mucho menos, aunque sí puede llegar a asombrar la capacidad de Peter Lorre para encarnar a un loco patológico y psicópata sexual, lo que le da al personaje mucha credibilidad en ese rol), de forma totalmente sobria y fría. A la vez, una madre espera y espera, y se preocupa, porque su hija no vuelve a casa; no sabe nada, y, cuando lo sabe, se confirma lo peor: la niña está muerta. También se utiliza, más tarde, para representar las dos búsquedas: la del Hampa y la de las autoridades, y los matices entre ambas: la moral y las formas…

Podríamos dividir el filme en cuatro partes: presentación del asesino y del conflicto; presentación del Hampa como recurso a la búsqueda de la policía, como revuelta social; se suceden los homicidios, se sucede la búsqueda; y, final, donde todo queda en evidencia: donde empezamos a conocer al protagonista de la película, uno de los únicos personajes destacables de la cinta. No porque haya personajes malos, sino porque apenas hay buenos. Lo cual tampoco le resta demasiado mérito: no es una película de personajes. El reparto no cuenta con demasiados actores carismáticos y en un primer visionado perderse entre la cantidad de miembros del Hampa o la policía no es difícil, aunque con Peter Lorre resulte imposible.

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Del final prefiero decir cosas a puntillas, porque es importante que lo vean ustedes mismos. Sólo añadir que es estrepitosamente extraño para tratarse de la época en la que está filmada, y que jamás habrán visto algo parecido en el cine clásico americano, por ejemplo. Un dilema moral y un giro de tuerca propio de cualquier película rodada actualmente, con muchísima más libertad. Quien esté libre de pecado…

A mi gusto, una película imprescindible para cualquiera. No adolece de un ritmo lento y su técnica, para tratarse de una cinta de los años 30, no es para nada anacrónica, lo que hace que su visionado no se reduzca a arqueología cinematográfica puro placer, como sucede con alguna que otra película del período mudo. Dos de las mejores escenas que he podido ver de siempre, podrían encontrarse perfectamente aquí: cierta huida y cierto final, que a los más acérrimos de Juego de tronos les recordará a algo… Irónico que Peter Dinklage y Peter Lorre se llamen igual.

Crítica de Abraham Cea

Enrique

Amante de la música y el buen cine. Me gustan las películas que cuentan una historia a través de pequeños detalles. Hay mil formas en las que un director expresa una idea; yo trato de averiguarlas para contártela.

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