Cine

La Isla Mínima

Alberto Rodríguez

2014

Por -

Máximo revuelo es lo que ha conseguido La Isla Mínima. Pocas películas consiguen homogeneizar las críticas de tan distintos medios. «La película más reveladora del año», «Una obra maestra», «Soberbia», «Trepidante». Una serie de adjetivos que pocas veces vemos en el cine español, pero sí en muchas producciones estadounidenses para llenar el cartel e intentar convencernos de que es buena. Porque, si lo dicen los medios, por algo será. ¿O no? Veamos si La Isla Mínima merece tantos halagos, o simplemente tiene una inteligente campaña de marketing.

Empecemos por el reparto. Desde Raúl Arévalo hasta Antonio De la Torre, pasando por Gutiérrez, todos cumplen con su papel, especialmente éste último. Pedro (Arévalo), es un policía, que junto a su nuevo compañero Juan (Gutiérrez), debe hacerse cargo del caso de dos desaparecidas en un pueblo donde todos tienen algo que ocultar. Muchos saben, pocos hablan. Totalmente opuestos, deberán adentrarse en los solitarios (y preciosos) parajes del pueblo, conocer a la gente del lugar y sus secretos, y luchar contra más enemigos de los que esperaban. Un planteamiento interesante, que promete. Sin duda ya con Grupo 7 Alberto Rodríguez dio muestras de lo que podía hacer, así que esta nueva propuesta tenía a todos los críticos expectantes.

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Sigamos con lo que más impacta a primera vista: la fotografía. En este apartado al menos, merece todos los elogios recibidos. Las vistas aéreas, así como el juego con la lluvia, hacen que el ojo disfrute. También algunos planos, como durante la persecución de Jesús, o la del coche. Sin duda el ver el cristal empañado por la intensa lluvia te transmite nerviosismo y agobio, tu objetivo se escapa y lo peor, vas en un coche y no ves nada, puede pasar cualquier cosa. Pero es aquí donde empieza el gran problema que le veo a esta película, y es que no explota los momentos. Esta persecución podría haber durado bastante más, dejándote agarrotado en la butaca del cine, con la mano en las palomitas, totalmente absorto y sintiendo que estás sentado detrás del conductor, rezando por no chocarte, a la vez que quieres ir más rápido para que no se escapen los malos. Pero no. La escena, absurdamente corta en comparación con otras de mucha menor trascendencia, acaba antes de que empieces a sentir el mínimo agobio. El punto álgido de la película termina antes de que puedas saborearlo.

Finalmente, el guión. El trasfondo de ideologías políticas, la total desconfianza entre los personajes, y la ambientación ochentera, son ingredientes de una buena película. Si antes me quejaba de que no se explotaban ciertas escenas, aquí tenemos lo contrario. Demasiadas subtramas que no se cierran, y que poco tienen que ver con la historia. Ejemplo, Manolo Solo, y su investigación paralela a la policíaca, totalmente a destiempo y prescindible. Se notaba que el personaje existía sólo y exclusivamente por la foto. O el desenlace final, ese gatillazo que acaba antes de que puedas empezar a disfrutarlo. La ‘hechicera’ del puerto, ver a Pedro hablando con su mujer por teléfono, o las miradas de la madre de una de las niña desaparecidas, traen consigo unas subtramas algo forzadas que no encajan bien en el transcurso de la historia. Son como carteles luminosos que el director pone para recalcar unos detalles que quizás, con algo más de sutileza, hubiesen quedado mejor en la historia. El abrir tantos frentes hace que la historia no termine de explotar las tramas principales, dejándome frío y un poco indiferente cuando empiezan a salir los créditos del final.

Ni tanto ni tan poco, La Isla Mínima es una buena película, pero no la obra maestra de todos los tiempos que nos quieren vender.

Amante de la música y el buen cine. Me gustan las películas que cuentan una historia a través de pequeños detalles. Hay mil formas en las que un director expresa una idea; yo trato de averiguarlas para contártela.

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