Cine

The Wind Rises

Hayao Miyazaki

2013

Por -

El viento se levanta es, a rasgos generales, una película maravillosa. Si te gusta Miya, no tiene otro adjetivo. Rarísima, sorprendente, visual y argumentalmente preciosa y exquisita, aunque no perfecta. Da para hablar largo y tendido sobre casi todos los minutos de la misma, y más si eres seguidor de Miyazaki y has visto el resto de su filmografía, porque es muy complicado situarla o compararla con alguna otra; quizás con los momentos más delicatessen y clásicos de Porco Rosso. El tono general de la cinta va por esos derroteros, aunque como digo, no llega a ser un parecido tan grande como para comentar de pasada. Por puntos, se podría decir que…

Primero. Es su película más dramática, al menos su película en la que éste (el dramatismo) se muestra ante el espectador desnudo, donde no se esconde. Miyazaki suele hacer películas con muchos tonos en una misma, y da tiempo para todo, para reír, para soñar, y también hay espacio para el drama, claro; pero nunca tan exagerado (o edulcorado) como aquí. Podríamos decir que la segunda mitad de la película se centra en eso: en ser dramática. Todo esto, para bien y para mal. Está genial, llega a un punto en el que nunca lo habíamos visto como autor, pero también peca muchísimo, algo raro en él, del sentimentalismo (lo cual tampoco es necesariamente malo, oiga). De regocijarse entre lloros, entre problemas, entre enfermedades… de forma explícita. Diría que es su película en la que más se lloran los personajes.

Segundo. Es su película más seria, sin duda. Entendamos «seria» como «real». No es que no sea una película de género fantástico, es simplemente que todo lo que desprende es en un tono que no es comparable a otras cintas de él, un tono maduro que nunca había explotado. La princesa Mononoke es una película adulta, donde se tratan temas adultos, pero, como digo, expuestos de una forma muy distinta a la de aquí. Ea el mini-argumento político de Porco Rosso, aquí explayado, de otra forma, en otro lugar. Nos habla de los años 20, 30, de la Segunda Mundial, y el hilo central que usa para narrarnos todos estos años en Japón (sin hacer de la película un estudio, ni mucho menos) es Jiro, un personaje que conocemos siendo aún un niño, y al que dejamos siendo ya un hombre adulto, con una vida alucinante detrás. Puedo equivocarme, son once, pero juraría que en ninguna otra de sus películas la narrativa está expuesta de esta forma. Normalmente nos cuenta momentos, días, nunca ha ido más allá.

Tercero. Visualmente, no sé si por haberla visto en el cine, es una exquisitez. La primera mitad sobre todo (en la segunda, la atmósfera se tierne más negra y desolada por el rumbo que toma la historia, lo que no quita que siga siendo preciosa), que está repleta de prados, cielos y colores primaverales por doquier. Preciosa. De las que más. En todo su cine, hay muchos MOMENTOS. Allá por la mitad de El viento se levanta, hay uno de esos MOMENTOS, uno de esos PLANOS. Que quedan ahí. En general, las escenas del hotel en el que se aloja y conoce a Naoko.

WR2

Cuarto. Lo sorprendentemente rara que es. Algunas partes son inauditas en su cine. No es Takahata, no es Miyazaki, no es ni Ghibli, de no ser porque se nota en la producción o porque al principio sale el mítico logo. Una rotura de esquemas. El amor, siempre o casi siempre presente en su cine, ya no es entre dos niños, adolescentes, ya no lo esconde entre miradas, gestos… ahora es entre adultos, y explícito. Se intuye acto sexual, se dan besos, hay muestras de cariño; el romance se lleva a otro nivel. Aunque esto ya lo había tratado, nunca de forma tan basta como aquí: existen las enfermedades, existe la muerte, y es tema principal. El papel femenino es más reducido. La fantasía, su tema preferido, no está presente, sólo pequeñas dosis de sueños o inspiraciones recreadas de forma onírica. La primera escena de la película es un buen ejemplo. La forma en la que plasma toda la influencia de Caprioni en Jiro es increíble. Por momentos parece hasta surrealista, gracias a estos toques.

Quinto. Es polémica, sí. Se fuma mucho, y a corta edad, en el colegio. Se puede palpar una sociedad machista (nada que no puedas ver en cualquier clásico japonés), se habla del nazismo, aunque mínimamente, y no desde una posición hostil. Y vale, la cosa es que la película narra la vida del creador de aviones que provocaron miles de muertes en el ataque de Japón a Pearl Harbor, y se pasa muy por encima de ese gran dilema en el protagonista, hasta el punto en el que a Miyazaki parece darle igual. ¿Realizar tu sueño sin pensar demasiado en lo demás, trabajar para tu país haciendo lo que sabes hacer, o arriesgarte a que el gobierno use tus creaciones para fines bélicos? Apenas se trata, quizás un acierto, quizás no. Porque, creo, eso hubiera llevado a la historia por caminos que Miyazaki no quería tratar, no por nada, sino porque la película no iba de eso. Prefiere dejar de lado el conflicto de Jiro y centrarse en su pasión por crear, en muchos momentos puede verse a Miyazaki en pantalla, siendo Jiro, en todo el idealismo hacia el artista y su arte. Sabemos que le gustan los aviones, no ha cogido este personaje en concreto porque sí. Lo que hiciera el gobierno con su trabajo, no le interesa ni a él ni a Miya.

Creo que hay que contextualizar temporalmente la película, sobre todo. Yo no veo nada malo en ella. Los surcoreanos decían que promovía el imperialismo japonés (siendo Miyazaki contrario a éste), los japoneses, irónicamente, lo acusaban de anti-japonés, por dejar al país muchas veces ‘en bolas‘ frente a Europa durante la película. Si no la contextualizas puede parecerlo, pero creo que nada más lejos de la realidad. Aquí lo que importa es Jiro, alguien que crea aviones, no el imperio japonés y el uso que les dio a éstos. No es una película bélica, por lo que atacar por ahí, para mí, carece de sentido. Creo que con lo orgullosos que son los japoneses ha tocado hondo que hablase sobre el atraso social, político, económico y aeronáutico del Japón pre-guerra.

Para cualquier seguidor de su cine, el paralelismo de Jiro con Miyazaki es más que claro. Un joven, desarrollando su arte, y nada más. Recientemente ha recibido un Oscar honorífico por su carrera (que realmente, sabe a muy poco), y confirmó el cierre definitivo de Ghibli. Desde aquí nos preguntamos cuánto tiempo tendrá que pasar para que otro Jiro nos haga reír y llorar como lo ha hecho Miyazaki.

Crítica de Abraham Cea

Enrique

Amante de la música y el buen cine. Me gustan las películas que cuentan una historia a través de pequeños detalles. Hay mil formas en las que un director expresa una idea; yo trato de averiguarlas para contártela.

  1. JaimeSeb

    Totalmente de acuerdo respecto a la polémica. No hay apología del miltarismo o el imperialismo, para el que la mira con atención las críticas están ahí, insertadas de una forma muy poética y sutil: las conversaciones entre un Jiro más neutral, que sólo quiere hacer bellos aviones y un Honjo más caústico sobre el militarismo de la época, en el encuentro con el alemán antinazi que finalmente obliga a Jiro a ocultarse de la policía política, incluso cuando Jiro provoca la hilaridad de su equipo al afirmar que podría construir su avión soñado si no le añaden las armas. Y la película termina antes del comienzo de la guerra, ésta aparece solo en la escena onírica del final, cuando Jiro camina entre pilas de aviones japoneses reducidos a chatarra, demostrando la inutilidad de todo el esfuerzo bélico. Una película muy hermosa e inspiradora sobre la pasión por lo que se hace y con algo de melodrama (según he leído lo de la esposa desfalleciente al estilo «dama de las camelias» es una completa licencia poética de Miyazaki, en la vida real el matrimonio de Horikoshi duró décadas y tuvieron 2 hijos), la finura del arte japonés en su punto más alto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *