Cine

Perfect Blue

Satoshi Kon

1997

Por -

Basada en la novela del mismo nombre publicada por Yoshikazu Takeuchi, Perfect Blue surge en un principio como un proyecto con actores reales, pero finalmente es reconducido como una película de animación. La dirección recae en el debutante Satoshi Kon, quien aporta una visión personal a la historia que terminará por definir los temas y obsesiones presentes en su breve pero brillante carrera como director.

La película, de temática marcadamente adulta, narra la crisis sufrida por Mima Kirigoe, una cantante idol que decide abandonar su imagen para dedicarse a la actuación, para disgusto de sus fans y en particular de un siniestro personaje que trata de recuperar a la “verdadera Mima”. El argumento se complica cuando Mima empieza a sufrir un trastorno mental que la desconecta de la realidad, impidiéndole distinguir qué es real, qué es ficción, y qué es simplemente el resultado de sus propias alucinaciones.

Así pues, se puede observar Perfect Blue desde dos vertientes principales: es a su vez una confusa historia de terror psicológico y una cruel sátira del mundo de las idols y el lado perverso que oculta. Ambas se entrecruzan en la percepción de la protagonista cuando empieza a ser acosada por su antigua imagen, quien le achaca su traición y le repite que ha sido manchada, en alusión a la imagen de pureza que se vendía de ella como idol y que pierde al poco tiempo de empezar su carrera como actriz.

Para mayor complicación, la narración se realiza en todo momento desde un punto de vista subjetivo, creando una ambigüedad deliberada. En ningún momento es posible saber con certeza qué es real y qué no, ya que los límites que separan las distintas capas de realidad son confusos y equívocos. Por poner un ejemplo, vemos a Mima ensayar para su papel como actriz en diversas ocasiones, pero al mismo tiempo su personaje en la ficción, Yoko, es descrito como una chica con un trastorno mental que le crea personalidades disociadas, entre ellas la de la propia Mima Kirigoe. Es también significativo que los primeros síntomas de la enfermedad surjan durante un encuentro con sus fans que sucede mucho antes de que la amenaza de Me-Mania y el acoso por parte de su personalidad anterior tomen forma en la narración de la historia, desafiando la idea de Mima como una simple víctima de las amenazas ejercidas sobre ella por su decisión.

Escena que sirvió de inspiración a Darren Aronofsky en Réquiem Por Un Sueño

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La película no da soluciones, simplemente concluye con algo que bien podría ser otro paso en falso, seguido por una secuencia, de nuevo, deliberadamente ambigua. No hay razón para presuponer como cierto nada de lo que se nos narra, ni siquiera la identidad de Mima que se establece como premisa (¿Y si ella, como Yoko, nunca fue realmente una idol? ¿Y si todo lo que hemos estado viendo forma parte de la ficción de la serie televisiva? ¿Y si, por contra, la serie sólo existe como una extensión de las alucinaciones recurrentes de la propia Mima?). La que es sin duda una de las grandes cualidades del filme es que, a pesar de su narración confusa y difícil de seguir, construye una crítica muy contundente de la situación que refleja. Ya sea como un pasado que le persigue o como un anhelo convertido en experiencia por una mente que desvaría, Kon mete el dedo en la llaga al retratar el lado menos amable de una industria en la que abunda el fetichismo y la anulación de la libertad individual en favor de una imagen.

A nivel estético, el diseño de personajes opta por un realismo con un cierto toque feísta en el que los personajes carecen de rasgos eminentemente distintivos, excepto la propia Mima, quien aparece en su pasado como una imagen idealizada que resalta por encima de todas las demás. La ambientación utiliza colores apagados con muchos tonos oscuros y sombreados, transmitiendo una atmósfera lúgubre a la historia que está presente en todo momento. Por último, la música de Masahiro Ikumi acompaña a la narración aportando un toque psicodélico y transmitiendo con habilidad las escaladas de tensión que se suceden a lo largo de la película cuando se confunden las percepciones de la protagonista.

Casi 18 años después de su estreno, Perfect Blue no ha perdido ni un ápice de su fuerza y capacidad de evocación. Se mantiene como una de las cumbres del anime de terror y del cine de animación en general, un filme tremendamente perturbador que admite múltiples lecturas en su narración ambigua y equívoca. Es tal vez la película más completa de Satoshi Kon y la más definitoria de su carrera, y su influencia puede detectarse en, por ejemplo, la filmografía de Darren Aronofsky, fan declarado de la obra que incorporó varios de sus temas y elementos visuales a Réquiem por un sueño y, más recientemente, Cisne negro.

Crítica de Javier Abarca

Enrique

Amante de la música y el buen cine. Me gustan las películas que cuentan una historia a través de pequeños detalles. Hay mil formas en las que un director expresa una idea; yo trato de averiguarlas para contártela.

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