Especial

Las bonitas particularidades de Sweet Baboo

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La trayectoria de Stephen Black al frente de Sweet Baboo siempre ha estado marcada por una gran habilidad para deformar el pop barroco y otorgarle un mayor dinamismo que lo desmarca de las tradicionales costuras adheridas a los instrumentos más orquestales. Este ha sido el camino que ha ido siguiendo poco a poco hasta lograr su último trabajo Wild Imagination, un título que realmente hace honor a todo lo contenido en su interior. Encontrando la puerta abierta hacia ese tipo de desinhibición que artistas como Ariel Pink han sabido popularizar en los últimos años, el músico galés ha sorprendido a propios y extraños con las nuevas texturas de sus composiciones. Por primera vez la integración entre sonidos orgánicos e inorgánicos ha sido total, algo que el músico reconoce a las primeras de cambio: “no fue algo consciente, sino un feliz accidente que decidí llevarlo hasta el final.” Un camino que logra salirse de la idea que teníamos sobre sus canciones, dejando a un lado la etiqueta de pop barroco que tanto se le había asociado en sus inicios. “Siempre he estado interesado en todos los sonidos que pueden proporcionar los teclados. Con este disco me centré en todos aquellos elementos opuestos a lo que se supone que es el pop barroco. Es bueno cambiar cosas de vez en cuando.”

La sensación de libertad que ha tomado Stephen en estas nuevas composiciones es algo que llama la atención desde el primer momento. Saltando de los brillos propios de los metales con los que se inicia el trabajo hasta adentrarse en la latencia otoñal encerrada en temas como ‘Clear Blues Skies’. Sin embargo la idea inicial no pasaba por encontrar una diversidad bien orquestada entre los temas, sino más bien lograr algo muy diferente. “Me gusta la idea de lograr un disco muy minimalista, solo con piano y voz. Al final poco a poco me sentí fascinado por incorporar muchas más cosas por lo que me acabé divirtiendo un montón en el estudio.” Así es como el resultado final de este Wild Imagination dio un giro inicialmente inesperado, encontrando en los arreglos un perfecto cobijo con el que darle una vuelta más a las melodías. A pesar de ello, Stephen no quiere darle gran importancia a todo lo que rodea el núcleo central de las canciones. “Realmente creo que en comparación con el resto de mis trabajos, los arreglos de Wild Imagination son realmente mínimos. En cambio las melodías vocales creo que en este caso sí que son muy prominentes.”

Regresando a lo evasivo y al mismo tiempo ensoñador que puede resultar el título del disco, nos encontramos con que la canción que le otorga el título encierra muy bien el afán creativo recogido a lo largo de él. Este tema en cuestión camina sobre unas percusiones muy bien sintetizadas, recogiendo en los gorgoritos vocales el efecto de despreocupación deseado. Curiosamente el origen del título del trabajo y de la canción asociada tiene un origen más bien opuesto al reflejo de la grabación. “El título se refiere a una canción que le compuse a mi hijo acerca de ver mucho la televisión y no usar casi nada la imaginación. Esta canción original no llegué a incluirla en el trabajo, pero pensé que podría ser un buen título al mismo siempre que servir de empuje para otro tema”. Contradicciones que configuran el carácter de las composiciones, consiguiendo que nada sea lo que parece en un inicio. De hecho, la inspiración tomada para este trabajo llega de rincones que nunca nos habríamos imaginado. “Últimamente he estado escuchando mucha música instrumental, mucho de Brian Eno y Roedelius.”

Buceando en el desarrollo que nos encontramos a lo largo del trabajo, nos encontramos con lo que en principio nos podría servir como perfecta carta de presentación, algo que no ha pasado por alto siendo convirtiéndose en el primer single del trabajo. Estamos hablando de ‘Pink Rainbow’, una canción de lo más colorida y diametral que tiene un origen de lo más curioso. “’Pink Rainbow’ surge a partir de la disección de la línea de bajo de ‘Theme De Yoyo’, una canción de The Art Ensemble of Chicago’”. De esta vaga sugerencia inicial, resultó que el músico había creado una de las canciones que más engancha del trabajo, encontrando en el videoclip el complemento perfecto a todo lo animada que resulta. “Mi amigo James dirigió y rodó el vídeo. Le di total libertad para hacer lo que quisiese. Me dijo que estaría bien que me pusiese a bailar mostrando mis mejores movimientos”. Dicho y hecho, la pieza audiovisual capturó a la perfección la sensación de despreocupación total que transmite el tema. Un perfil que contrasta sobremanera con la labor de guitarrista que ha realizado a lo largo de estos últimos meses en los directos de Cate Le Bon. Un hecho que él mismo tampoco pasa por alto asegurando que “no de forma consciente, pero creo que tocar con Cate Le Bon se ha filtrado de alguna forma en mi cerebro”. Algo difícil de explicar, al igual que la facilidad de nuestro protagonista para que todo fluya con normalidad.

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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